Prosa aprisa
Lo típico, que te mande a chingar a tu
madre
Arturo Reyes Isidoro
Declaró
Alejandro Montano Guzmán, diputado federal por Xalapa Rural y secretario de la
Comisión Especial de Programas Sociales de la Cámara de Diputados, que en
Veracruz la participación política se expresa con pasión, pero también con
sentido jarocho, con un timbre de alegría.
Esa comisión
es una de las que visita los estados donde habrá elecciones y, lógicamente,
Alejandro aprovechó para decir que todo está blindado contra el fraude y bla
bla bla, pero fue inevitable, por su origen, que le preguntaran sobre el
candigato Morris, que busca acabar con las ratas en el gobierno y al que
ciudadanos han propuesto como candidato a la alcaldía de Xalapa.
En
declaraciones que se publicaron el sábado en El Universal, Montano dijo: “Esto no estropea el espíritu
democrático de las elecciones de mi estado”. Es el calor jarocho, insistió, lo
que se expresa. “Así somos, interesados en la política, pero con ‘chistes
alegres’”.
Y para
corroborarlo, narró una anécdota ocurrida a un grupo de funcionarios que
hicieron una escala en Alvarado, para comer, “ya tarde, a las cuatro y media,
cuando ya estaban hambrientos. Se sentaron a la mesa y devoraron las tortillas
fritas y salsas al alcance de su mano”.
Platicó
Alejandro que entonces llegó la dueña, doña Juana, a darles la bienvenida y a
ofrecerles la mejor atención posible. “Entonces, uno de los funcionarios, muy
propio, le preguntó: ¿Qué es lo típico aquí?”. Doña Juana le contestó: “Mira
mi’jo, lo típico es que te mande a chingar a tu madre, pero también hacemos
mariscos, pescados, esto y lo otro”.
Montano Guzmán
comentó: “Así es la política en Veracruz, sazonada con el carácter alegre
jarocho, y con una gran participación política, que cuando se expresa en las
elecciones, llega a ser muy apasionada”.
Cuánta razón
le asiste al ex secretario de Seguridad Pública en el gobierno del licenciado
Miguel Alemán. El jarocho y el veracruzano en general es amistoso, alegre,
dicharachero, pícaro, y de la política, fuera, ciertamente, de la pasión que es
capaz de llevarlo a los peores excesos, hace una verdadera fiesta en la hay que
aprender y saber participar en ella y divertirse y no enojarse si se quiere
salir indemne.
¡Hay de aquel
que se mete a la política y no conoce la idiosincrasia del veracruzano! Por
experiencia propia se que, sin embargo, no obstante la pasión con la que abrasa
sus causas, es posible dialogar, razonar y entenderse con el otro. Y hay
comprensión, entendimiento y hasta espíritu de colaboración si se actúa con
respeto y si se cumple. Cuando así ocurre –“yo sé con quién lo palabro”, dice
el indígena popoluca del sur del estado–, miel sobre hojuelas.
Me pareció
positivo, un buen signo, que al desayuno oficial con motivo del Día de la
Libertad de Prensa o de Expresión, el viernes 7, se haya invitado a periodistas
que ejercen la crítica, a veces hasta despiadada y con humor, contra el poder
establecido. Vi llegar, por ejemplo, a Antonio Trujillo Perdomo, a Salvador
Muñoz, a Hugo Figueroa, a Aurelio Contreras Moreno. Y no pasó nada.
(No lo creía,
hasta que me lo corroboraron en diversos lugares, que muchos fueron porque
pensaban que iban a rifar un coche y a regalar pantallas planas de televisión,
o computadoras, u hornos de microondas, o grabadoras, o Idpas, o viajes al
extranjero, o “becas”. Se tuvieron que conformar con un libro de Catón y,
algunos, con un chaleco de tela con la leyenda “Prensa”. Pero fue bueno, a mi
juicio, que el Gobierno del estado acabara este año con esa perniciosa
práctica, que nunca más debe volver.)
El viernes,
por la tarde, observándolos, no me
quedaba duda de que en Veracruz cabemos todos, bien, con nuestras naturales
diferencias. Teniendo como anfitrión al colega y compañero Carlos Jesús
Rodríguez departíamos con una franca camaradería el presidente de la Junta de
Coordinación Política del Congreso del Estado, Flavino Ríos Alvarado, priista,
con el diputado federal Uriel Flores Aguayo, perredista, y con Enrique
Cambranis Torres, dirigente estatal del PAN, así como con Eduardo de la Torre
Jaramillo, candidato panista a diputado local.
Pero ahí
estaban también voces plurales, de periodismo crítico: Claudia Guerrero
Martínez, hermosa, cordial, amistosa y afectuosa, como siempre, Virginia
Campollo Durán, Ana Lilia Velázquez, Raúl Torres Jiménez, viejo compañero mío,
Miguel Ángel Cristiani González, Armando Ortiz, Francisco Licona, Alfredo
Bielma Villanueva, Rafael Arias Hernández, Luis Martínez Wolf (tan ameno, como
es su característica), Ricardo Vázquez Salazar, en fin.
De todos ellos
escuché que sólo desean que a Veracruz le vaya bien, o mejor. Me pregunto si ha
habido los puentes necesarios para, dentro de su diversidad, aglutinar a toda
esa corriente de conocimiento y de pensamiento, que tiene mucho qué decir y qué
aportar y a la que hay mucho que escuchar.
Pero para
reforzar lo que dijo Alejandro Montano Guzmán de que la política en Veracruz
está sazonada por el carácter alegre jarocho, yo, que me ocupo también de escribir
de la política, el sábado decidí sazonar mi quehacer con la alegría que tiene
el puerto jarocho y decidí ir a celebrar con los colegas Salvador Muñoz, su
esposa Brenda Caballero, el teacher Rodolfo Casanova, Arturo Reyes Jr., y el
profesor José Berber a la Isla del Amor, con una comida inolvidable y relajante.
Ahí recordamos
con Salvador alguna diferencia que tuvimos alguna vez cuando él desde el
periódico Política le dio duro al
entonces gobernador Miguel Alemán Velasco, a mi juicio injustamente, y a quien
yo, en mi carácter de Director de Prensa entonces, defendí con argumentos, como
era mi deber. Pero eso nos hizo más amigos. Nada de persecuciones y
represalias. Más de diez años después, ahora lo hemos celebrado con unos
vodkas, de los que tomaba Truman Capote.
Por la noche,
fui a parar, de refilón, a la cena que ofreció Sergio Pazos, candidato del PRI
a la alcaldía de Boca del Río, a colegas de la zona conurbada en un restaurante
del bulevar, muchos viejos amigos míos,
tan disímbolos también pero tan veracruzanos, tan compañeros, tan valiosos como
Araceli Baizábal, Rosa María Hernández Espejo, Luz María Rivera, Carolina
Ocampo, Esperanza Morales, José Luis Rogel Montalvo, Abel García Urbina, Hugo
Garrido, Raymundo Zúñiga, su esposa y también colega Reyna León, Manuel
Carballo, entre otros muchos, bien atendidos, como se merecen, por otro colega, Julio Hernández, que veo que mueve muy
bien el abanico al frente del área de prensa del candidato Pazos.
Por fortuna,
confirmé que mis compañeros la libran bien y que la prensa, no obstante todo lo
que ha pasado, goza de cabal salud, y que están en la batalla pero que también
saben divertirse. Bien.
Los políticos
ven, lamentablemente, sólo por sus intereses; los periodistas y los ciudadanos
en general tenemos todo el derecho de actuar con toda libertad y como mejor nos
acomode; pero es posible –y deseable– que todos podamos convivir en armonía,
unidos pero no uniformados, con nuestras naturales diferencias, anteponiendo,
por encima de todo, el respeto. Creo que sólo falta decisión y voluntad
política.
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