Prosa aprisa
Los cálculos del tricolor
Arturo Reyes Isidoro
Si no lo
hubiera escuchado de personeros del PRI que están bien informados, que tienen
experiencia política y personal, que son buenos y probados operadores
electorales y que saben lo que dicen, sería muy escéptico sobre la versión de
que a los responsables políticos tricolores del estado los acucia, sobre todo,
ganar el control del Congreso local más que las alcaldías.
Su ingeniería
política, según he escuchado con interés, está bien diseñada, tienen bien
hechos los cálculos y los escucho y se ven optimistas de que van a lograr su
cometido: ganarán la mayoría de las diputaciones locales.
¿Por qué en
especial les interesa el control del Congreso por encima de las presidencias
municipales? Porque desde ahí, me han dicho, podrán seguir teniendo el mando
del estado, en lo político y en lo económico.
No es ningún
descubrimiento comentar que, como nunca antes, esta vez el PRI y sus candidatos
a presidentes municipales tienen un panorama electoral nada halagador porque
las circunstancias son diferentes ya que la realidad del país y del estado ha
cambiado, aparte de los yerros que están cometiendo los dirigentes y que han
levantado una ola de inconformidad entre la militancia que sólo ellos ignoran o
no quieren ver.
A ello se aúna
que esta vez el Presidente aun siendo priista apuesta por un cambio en la
práctica política para dejar atrás la cultura del fraude, que el dirigente
nacional tricolor no solapa ilegalidades de los mismos priistas –autoridades y
dirigentes– ni protege a quienes las cometen y que en el caso concreto de
Veracruz tiene intervenidas la Secretaría de Finanzas y la delegación de la
Sedesol federal, con auditores enviados de la Ciudad de México que están
apretando tuercas en serio, aparte de que, quién sabe por qué, hasta la fecha
la Federación no ha bajado recursos, ni un solo peso para el estado. O sea,
está cerrada y seca la fuente de recursos económicos pero también la de los
recursos materiales de donde sacaban oro molido, según habría dicho Salvador
Manzur.
No ha faltado
quien me ha dicho que todos los esfuerzos están volcados en asegurar el control
del Congreso local y, por ejemplo, por eso toda la caballería en contra de
Miguel Ángel Yunes Linares, que aspiraba a ser diputado local plurinominal por
el PAN, a quien, según escuché también con mucha atención, descarrilaron con
éxito pues estirarán o encogerán los votos según sea necesario, todo con tal de
que no alcance el porcentaje que requiere y no llegue, porque va en la lista
blanquiazul. Yo casi afirmaría en forma contundente que, en efecto, no va a
llegar a una curul.
¿Pero cómo van
a asegurar el triunfo de los candidatos tricolores a diputados locales? Si no
les falla, con los pequeños partidos satélites y con sus aliados de los partidos
grandes, a los que han ofrecido facilitarles el triunfo de sus candidatos a
presidentes municipales a cambio de que sus huestes se vuelquen en las urnas
con sus votos a favor de los abanderados priistas. Tiene lógica. Todos ellos
saldrían ganando y se esperaría, así, un voto diferenciado.
Alguien
presuntamente informado me ha dicho que al PRI, lógico, le gustaría ganar las
212 alcaldías, pero ante el complicado panorama que se le presenta, hace y hará
todo lo que sea con tal de ganar al menos las 20 presidencias municipales más
importantes del estado, incluidos Veracruz, Boca del Río, Xalapa, Córdoba,
Orizaba, Coatzacoalcos, Poza Rica y Tuxpan.
Yo pregunto si
no han hecho mal sus estimaciones. Suponiendo que ganaran la mayoría en el
Congreso, como es su prioridad, pero perdieran una gran cantidad de
presidencias municipales, así fueran de municipios chicos y pocos
significativos, ¿la repercusión mediática no sería impactante, sobre todo en el
ánimo y estimación del centro del país, del CEN del PRI, de la Secretaría de
Gobernación y de la Presidencia de la República?
La prensa va a
generalizar. Dirá, generalizará que el PRI perdió en Veracruz y no que ganó el
Congreso. ¿Esta ingeniería política local habrá tomado en cuenta que se trata
de la primera elección local después de la presidencial, la primera que como
Presidente le toca a Enrique Peña Nieto, quien seguramente no querrá estrenar
su mandato con una derrota de su partido en el estado político que más le
interesa?
¿Los
ingenieros electorales locales se habrán puesto a pensar que una derrota
mayoritaria será una derrota para Enrique Peña Nieto, para sus primeros seis
meses de gobierno, no obstante los evidentes logros que ha alcanzado? ¿Qué significará
que los veracruzanos no lo aprueban?
Un viejo y experimentado
operador político recién platicó conmigo. Me dijo que ve soberbia en la
dirigencia estatal y que ha sido testigo de cómo personas del primer círculo
del poder estatal desobedecen instrucciones de su jefe e incluso bloquean a
quienes podrían ayudar. Él no está tan optimista. Estima que si no salen bien
las cosas, podían llegar a perder hasta 14 diputaciones locales, con lo cual,
me aseguró, no tendrían la seguridad del control del Congreso.
Los días
corren. Mañana hará una semana que comenzaron las campañas. Sólo quedarán tres
semanas y media para hacer proselitismo y en un mes iremos a las urnas. En 30,
31 días, sabremos el destino que le espera a los operadores políticos
responsables del tricolor, según ganen o pierdan. Se supone que Peña Nieto, su
partido, no puede volver a perder en Veracruz, como en 2012. Se supone.
Ahued y Américo, bien
El domingo –no
quiero dejar de comentarlo antes de que pase más tiempo–, el candidato a
diputado local del PRI por Xalapa, Ricardo Ahued Bardahuil, estuvo en mi
colonia. El señor fue muy puntual y además, aparte de escuchar y dialogar con
los vecinos, ofreció disculpas por distraernos en domingo. Sin duda, es un buen
candidato. Cuando fue alcalde no nos falló.
El domingo
pasado también, me gustó la honestidad del candidato priista a alcalde Américo
Zúñiga Martínez. Un cercano colaborador suyo me había dicho que una encuesta lo
colocaba 19 puntos arriba de Abel Cuevas Melo, del PAN, y 22 puntos arriba de
Dulce Dauzón, de MC. Américo dijo que esa era una encuesta del PRI y no avaló las cifras. Me dijo
que sí va arriba en la preferencia ciudadana pero no en esos porcentajes, y que
no se puede confiar.
En
Coatzacoalcos hago un sondeo con mi familia, numerosa y de quienes no dudo. Me
aseguran que fuera de lo acartonado, Joaquín Caballero Rosiñol, del PRI, va
bien; que tiene mucha gente operando con él. Ven un lastre para Gonzalo Guízar
Valladares, del PAN, la mala fama de sus hermanos. Le va a pesar, me aseguran.
En Boca del
Río, me comentan que el sector empresarial reconoce en Sergio Pazos, del PRI, a
uno de los suyos, y que los señores del billete grande le han asegurado su
apoyo. Temen, eso sí, que la inclusión de José Ramón Gutiérrez de Velasco en la
lista de candidatos plurinominales a diputados le pese mucho y le reste votos a
él y a los demás candidatos del tricolor.
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