Prosa
aprisa
Caminos destrozados
Arturo Reyes Isidoro
Aunque creo que no es a mí a quien deben dirigirse, conocidos, paisanos de
familiares míos, amigos de la región de Misantla me han escrito para pedirme
que publique en este espacio su clamor porque se sienten abandonados por el
Gobierno, porque ya casi estamos en el invierno cuando las condiciones
climáticas son inclementes con ellos y sus caminos están destrozados y tienen
que batir kilómetros entre el lodo para llegar a sus poblados, a sus viviendas.
Transcribo algunos de sus párrafos:
La carretera a Misantla está cada vez peor. De verdad que ir (hacia allá) se
torna muy peligroso, no sólo por los derrumbes, sino porque la lluvia ha
provocado socavaciones en muchas partes de la carpeta asfáltica y con el paso
de vehículos pesados puede presentarse un accidente de consecuencias graves.
Hoy que venía de regreso –me dice uno de ellos–, un trailer sufrió daños,
no se volteó en su totalidad, pero a punto estuvo, y es que aparte de angosta,
hay muchos baches y las pocas cunetas están dañadas. De verdad que está
horrible, con muchos hoyos, en otras partes muy mal y no creo que quieran
arreglarla, porque no es una vía importante, pero aun así es muy transitada.
Otro de los problemas de la zona se encuentra en la carretera
Misantla-Martínez vía Sarabia, a punto de desaparecer del mapa, porque
lamentablemente las condiciones son espantosas. Tanto que cuando vino el
conductor de Azteca 13, Javier Alatorre, en lugar de irse por la vía de
Coapeche se fue por Sarabia y su camioneta se atascó. Tuvieron que recurrir a
una grúa para sacarla.
Pero aún hay más. Otro problema está en Juchique de Ferrer, que está
incomunicado. No hay paso porque el puente se lo llevó la corriente del río; por
la otra salida hacia Plan de las Hayas tampoco es posible porque otro puente
está afectado. Las familias tienen que caminar o en su defecto cruzar por un
puente colgante, que está algo dañado, algunas personas cargadas con mercancía
o comestibles.
Están preocupados porque ya pasó algo de tiempo de la caída del puente y no
ven claro que lo vayan a arreglar. Mi familia –me dice otro– te pide el enorme
favor de que lo comentes en tu columna a ver si de casualidad las autoridades
pudieran tomarlo en cuenta para el próximo año, porque en éste es claro que no.
Otra persona más me escribe: Yo te
pido de igual forma el favor, porque nosotros transitamos para Misantla y la
familia de mi mamá es de Juchique y requerimos de estas vías de comunicación.
Me dicen que si tengo dudas que
consulte con los periodistas de Misantla, algunos compañeros míos de trabajo
cuando estuve en el Gobierno, otros colegas de muchos años, de quienes, me
apuntan, tú no puedes dudar porque los conoces muy bien y son tus amigos.
En realidad, tiene un buen rato que
no voy por esos rumbos, pero durante muchos años viajé por esos caminos y de
por sí siempre estuvieron y han estado olvidados; en muchas ocasiones me tocó
llegar a esos pueblos caminando, con el lodo hasta los tobillos por falta de
accesos empedrados, pavimentados, en medio de la neblina hasta el piso, de la
llovizna, del frío, propios de la región.
Me hago eco de su clamor y hago lo
único que puedo: publicar su sentir, con la esperanza, como la de ellos, de que
en este caso muy particular el secretario de Infraestructura y Obras Públicas,
Gerardo Buganza Salmerón, programe la reparación, la construcción para 2014
porque, en efecto, ahora las condiciones climáticas no son nada propicias para
trabajar en lo que piden.
Al secretario lo conozco y sé no
sólo de su buena disposición, sino de su sensibilidad para con sus semejantes,
en especial para con los que menos
tienen o están en desventaja. De hecho, esa zona desde que Rafael Hernández
Ochoa fue gobernador (él era de Santa Gertrudis, municipio de Vega de Alatorre,
por el este de cara al Golfo de México, por el oeste a la región ahora dañada,
colindante con Juchique) está prácticamente olvidada.
Ojalá y el subsecretario de Gobierno
Marlon Ramírez Marín, de familia oriunda de Juchique de Ferrer, le meta el
hombro al asunto para ayudar a sus
paisanos, a sus familiares que todavía viven ahí. En materia de caminos, esa
región, en este Veracruz que tanto se presume, no le pide nada a la peor de
Oaxaca, de Chiapas o de Guerrero. Basta darse una vuelta por ese rumbo para comprobarlo.
Aquí es donde sería bueno ver a Juan
Nicolás Callejas Arroyo, a Gustavo Moreno Ramos, por sólo citar a dos de los conocidos
políticos de ese rumbo, apoyando a su gente, a los que en cambio sí les van a
pedir luego su voto. A los veracruzanos de toda esa vasta zona, mi solidaridad,
mi abrazo y mi mejor deseo de que ojalá y alguna autoridad los escuche y los
saque del olvido en que están.
Es muy comprensible que ellos no
compartan la visión oficial sobre el Veracruz que se promueve en la televisión.
Piden que ya que pasó la emergencia vuelvan las cámaras de los noticiarios,
“porque tal parece que sólo fuimos moda de un rato, pues el desastre quedó y no
vemos que nadie ni nada se mueva para remediarlo no obstante los ofrecimientos
que se nos hicieron”.
Servidos.
En la Procu se hace lo que se puede
En el rato en que compareció ayer el
Procurador General de Justicia del estado Felipe Amadeo Flores Espinosa, dijo
que era probable que se hubieran cometido 22 delitos. Enumeró el personal con
que cuenta la dependencia, más que mínimo para el número de veracruzanos, por
lo que con base en cifras del Inegi comentó que el número de servidores
representa apenas el 0.27 por ciento del total de la población de la entidad, o
sea, 27 servidores para cada 100 mil habitantes.
Quién sabe si al citar ello quiso
evidenciar la falta de apoyo y de atención gubernamental a un área tan
sensible, pero es indudable que las cosas no andan bien. Cabe preguntar por
qué. Así no se puede procurar justicia con calidad. A Amadeo sólo le faltó
decir que se hace lo que se puede, porque así es, pero no es el ideal.
Ahí está otra comparecencia, otro
funcionario evidenciando las debilidades de un sistema que, es obvio por lo que
se nos dice, no está debidamente preparado para atender los reclamos de la
sociedad en materia de procuración de justicia, y así no se puede responder al
reto principal que es recuperar la confianza ciudadana, como el mismo
Procurador dijo.
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