Prosa
aprisa
El sistema,
al desnudo
Arturo
Reyes Isidoro
El diputado del PAN Carlos
Gabriel Fuentes Urrutia ha pedido al secretario de Seguridad Pública, Arturo
Bermúdez Zurita, que se disculpe públicamente ante los medios por haber dicho
“pinches medios”. ¿Por qué en cambio no pide y no ha pedido que también se
disculpe el ex gobernador Fidel Herrera Beltrán por hacer dicho “pinche poder”?
¿Me ofendería o me sentiría
lastimado porque un funcionario, un político dijera “pinches columnistas”? Para
nada. Mi responsabilidad con los lectores, con mi oficio y profesión, así como
con mis medios la tengo muy clara, más allá de que se me califique de “pinche”
o con cualquier otro adjetivo descalificativo, que por lo demás no dudo que
alguno o algunos lo deben de hacer.
La expresión de Bermúdez, sincera
por espontánea, no deja de ser un reconocimiento al relevante papel que juegan
los medios, en especial los críticos impresos que han decidido actuar con
independencia; que no gustan, que incomodan, que cuestionan y exigen
respuestas, que hacen el contrapeso que con sus excepciones de una minoría no
hacen los diputados ante el Ejecutivo, como les corresponde.
El secretario de Seguridad
Pública está en todo su derecho de decir lo que piensa, y los medios de cumplir
con su papel. La relación de los medios críticos y el poder nunca ha sido
fácil. A eso de “pinche” se debe responder sólo haciendo un periodismo con
apego a la verdad. Yo creo que entre más descalificativos haya contra la
prensa, esa será la justa medida de su importancia y del relevante papel que
juega.
Yo creo que a quienes escribimos
más nos debiera preocupar no que el político y el funcionario nos descalifiquen
sino que alguna vez lo hagan los lectores. Eso sí sería preocupante, al menos
para mí.
Lo lamentable de estas cosas es
que al final no sirven más que para distraer la atención de lo verdaderamente
relevante, de fondo, como el hecho de que el 22 de noviembre de 2013, entre las
once de la mañana y las cuatro y media de la tarde, en un hecho inédito, histórico,
un funcionario de alto nivel, de una dependencia clave por el momento que se
vive en el país y en el estado, reveló, desnudó al sistema, quizá como no se
había hecho nunca antes al menos en Veracruz.
Si todo un revuelo nacional armó
el pasado 21 de noviembre la senadora Luisa María Calderón, “Cocoa”, hermana de
Felipe Calderón, al revelar que el 17 de octubre pasado el Senado de la
República recibió a supuestos miembros del cártel “Los Caballeros Templarios”,
quienes habrían ido para hablar con los legisladores sobre la inseguridad que
se vive en Michoacán, ahora en Veracruz, en forma inesperada y por lo mismo
sorpresiva, el viernes pasado estuvieron “Los Zetas” en el Congreso local, al
menos por referencia, mencionados nada más y nada menos que por el propio
secretario Bermúdez Zurita, en su comparecencia con motivo del Tercer Informe
de Gobierno.
Cobra relevancia lo ocurrido
porque no fueron ni los “pinches medios” ni los diputados de la oposición los
que hicieron revelaciones, que por lo demás sólo vinieron a confirmar lo que
siempre ha sabido el pueblo, pero de lo que nadie del Gobierno había hablado y
menos aceptado. Fue tanto lo que reveló Bermúdez que por poco y sale en hombros
de algunos diputados locales quienes le reconocieron y agradecieron que les
haya dicho “la verdad”, reconocimiento que también lo hubo en un grupo de la
prensa.
Y es que el jefe policiaco, ante
la arremetida de que estaba siendo objeto optó por la defensa y empezó a
devolver los golpes, hizo reproches a los diputados (que si bien son nuevos,
como Institución les cae la responsabilidad por lo que sus antecesores dejaron
de hacer) a los que responsabilizó por varias cuestiones que influyen en la
inseguridad que se vive.
Bermúdez, donde y cuando tenía
que hablar y ante quienes tenía que hacerlo, no reparó en nada, pintó un crudo
panorama e incluso barrió para atrás sin consideración alguna. Reveló una anécdota que fue dejando en silencio
al recinto.
En síntesis, lo que el Secretario narró fue que siendo Subsecretario,
una noche mientras recorría los módulos de vigilancia en Xalapa, en plena
avenida Lázaro Cárdenas, de pronto tres camionetas con hombres armados le
cerraron el paso y trataron de someterlo. Sus escoltas reaccionaron.
Discutieron. Se apuntaban unos a otros cuando llegaron cuatro camionetas más
con 12 delincuentes equipados con chalecos y armas largas. Llegó otra camioneta
junto con una de la Policía Intermunicipal. Solicitó apoyo y nadie acudió. Más
tarde lo hizo una patrulla, pero cuando vio que se trataba del jefe de plaza de
la delincuencia, no le importó que quien corría peligro fuera el Subsecretario
de Seguridad Pública, y con sirena abierta siguió su camino hacia Banderilla. “…y
al ver que si un policía deja en las manos de la delincuencia organizada a un Subsecretario,
qué puede esperar un ciudadano, por eso propuse la depuración de los cuerpos
policiacos”.
Pero no sólo fue eso. Resumo algunas otras cosas que reveló:
Los custodios que cuidan a los
internos de los reclusorios del estado ganan cuatro mil pesos al mes, son
candidatos naturales a ser corrompidos; el servicio de grúas de Xalapa es un
buen negocio que no lo presta la SSP porque no cuenta con el recurso para
comprar grúas, lo que puede ser autofinanciable, los particulares abusan; escupir
y golpear a un policía se sanciona con una multa de sólo 300 pesos, el arrastre
de la grúa al corralón cuesta 700 pesos; pasarse un alto cuesta sólo 56 pesos y
si se paga la multa en los siguientes cinco días cuesta la mitad. En Puebla
pasarse un alto se sanciona con una multa de 1,500 pesos y agredir a un policía
con 6,000 mil pesos
Ante el señalamiento de que es
dueño de casas de empeño, respondió que ahí van a parar aparatos robados, por
eso les echó en cara a los diputados que desde el año pasado presentó al Congreso
una iniciativa pidiendo que se cierren todas en el estado, pero que hasta hoy
espera una respuesta que no ha llegado (un diputado local, de los nuevos, tiene
varias).
Cuestionado sobre el nombramiento
del ex alcalde de Córdoba, Francisco Portilla Bonilla, al frente del Consejo
Estatal de Seguridad Pública, en cuya gestión aumentó la delincuencia, se lavó
las manos. Sin tapujos respondió: yo no lo nombré, esa facultad le corresponde
al Ejecutivo.
En el tema del transporte
público, por el desorden y el caos urbano que hay criticó a la anterior
administración por el exceso de concesiones que otorgó: En la zona conurbada de
Xalapa antes había poco más de 2,500 concesiones de taxi, hoy en día con las de
los municipios vecinos son más de 12,000
mil circulando y hay muchas unidades que son utilizadas por la delincuencia organizada.
Dijo que antes los delincuentes se
movían en camionetas con armas y hoy lo hacen en taxis, por lo que también
presentó una iniciativa para que los dueños de estas unidades sean sancionados
con la suspensión definitiva de su concesión ya que muy fácilmente rentan los
taxis y se desentienden de su responsabilidad. No tuvo respuesta.
Habló de corrupción, de miles de
policías despedidos en el proceso de depuración, de la falta de personal, que
se requieren 16 años para lograr el número de elementos capacitados que cumplan con su función, así como de
armamento, que hoy se cuenta ya con unidades de inteligencia que antes no
había.
Señaló que los elementos de la
policía vial, los de las motos verdes, andan armados porque “Los Zetas” los
cacheteaban y golpeaban y no tenían con qué defenderse. Retó a los diputados a
que al circular en su vehículo y ser detenidos les ofrezcan una mordida, para
que constaten la reacción. Fue más allá cuando les dijo que dichos elementos
portan en sus cascos un sistema de grabación para calificar su desempeño, por
lo que cuando detienen a alguien saben que los están escuchando.
Explicó que en la zona de Córdoba,
con la entrada del mando único se acentuó la violencia porque se empezó a combatir
de manera frontal a la delincuencia mientras que antes la zona se veía estable
ya que ésta controlaba todo.
Bermúdez dio datos duros, destacó
las carencias que tiene la dependencia, le puso nombre, dio pelos y señas del
qué, quién, cómo y dónde de la delincuencia y la seguridad y lo que se hace al
respecto. Y desnudó al sistema. Se nos vino diciendo que en Veracruz no pasaba
nada. El propio Secretario de Seguridad Pública lo ha desmentido. Y en parte
culpó al Legislativo: por no aprobar más presupuesto para la seguridad, por
detener iniciativas de contención de los delitos, por hacerse de la vista gorda
ante lo que está pasando. Y en lugar de responder a esos reproches, a los
diputados les ocupa y les preocupa más que Bermúdez haya dicho “pinches
medios”. Pinches diputados.
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