Prosa
aprisa
Las dos
comparecencias de ayer
Arturo
Reyes Isidoro
Hace una semana, el jueves 14 de
noviembre, la agencia informativa del semanario Proceso (apro) informó de la reducción del presupuesto a la Comisión
Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) para 2014, que se redujo en casi
163 millones de pesos con respecto al que se ejerce en 2013, y que la Cámara de
Diputados no asignó un solo peso para la realización de los Juegos
Centroamericanos y del Caribe que tendrán lugar en nuestro estado dentro de un
año.
“La razón: Los más de 800
millones de pesos que fueron asignados para este evento en ejercicios fiscales
anteriores no han sido comprobados y hasta ahora el Comité Organizador no ha
transparentado el uso de los mismos”.
Fue el anterior gobernador, Fidel
Herrera Beltrán, quien consiguió la sede de los Juegos al presentar la
candidatura oficial de Veracruz en 2008 y recibir oficialmente la estafeta en
2010. Los recursos se habrían entregado a su administración en 2009, para lo
cual se creó el Fideicomiso Público de Administración e Inversión para el
Desarrollo de la Infraestructura y Equipamiento Deportivo, creado por decreto
que se publicó en la Gaceta Oficial del Estado en septiembre de ese año.
En realidad, no se sabe por qué
no se aplicó el dinero asignado y menos a dónde fue a parar, o si está guardado
y lo tienen “sudando” en algún banco. Pero no se ha comprobado su destino
final.
Quizá a ello se deba que ayer el
presidente del Comité Organizador de los Juegos, Dionisio “Nicho” Pérez Jácome,
dio a conocer que se gestiona ante el Congreso local “la posibilidad” de que
para el presupuesto 2014 se destine una partida para la realización de la justa
deportiva.
Pero “Nicho” no le entró al toro
por los cuernos. Le tiró la bolita tanto a las secretarías de Finanzas y
Planeación como a la de Infraestructura y Obras Públicas, antes de
Comunicaciones, pues el monto del apoyo que solicita lo dejo en manos de la
dependencia bajo la responsabilidad de Fernando Charleston Hernández, y sobre
los recursos que se adelantaron dijo que a él no le entregaron nada sino a la “dependencia…
que construye la infraestructura”, en clara alusión a la que ahora está bajo el
cuidado de Gerardo Buganza Salmerón.
Mejor que Poncio Pilatos, “Nicho”
se lavó las manos, y muy bien: “Yo lo digo claramente, no he recibido un solo
centavo de la CONADE en el pasado, para nada”… “una (dependencia) es la que
construye la infraestructura, recibe y aplica los recursos, otra es la que
organiza y paga los Juegos, esa es la que yo comando y el Comité Organizador no
ha recibido ese dinero. Aunque quisiera comprobar no es dinero que ha pasado
por mí”… “soy el responsable de operar después, a mí que me entreguen la
infraestructura”, según publicó la reportera Alicia Aguilar Guevara, del portal
alcalorpolitico.
De hecho, ayer hubo dos
comparecencias, la del joven secretario de Finanzas y Planeación, Charleston
Hernández, y la de Pérez Jácome, una con todos los reflectores y la otra de
bajo perfil, pues según un boletín de prensa de la Legislatura, “Nicho” se
reunió con los integrantes de la Comisión Permanente de Juventud y Deporte, a
quienes “informó
sobre lo realizado por el Comité desde el momento de su creación, las acciones
emprendidas y las programadas a corto plazo”.
A Fernando Charleston Hernández
lo conocí y tuve la oportunidad de tratarlo cuando era candidato a diputado
federal por Coatepec. Ya su paisano Adolfo Mota Hernández, secretario de
Educación de Veracruz, me había dado las mejores referencias de él. Cuando
llegó al Congreso federal mantuvimos la comunicación, que ha continuado a su
retorno al Gobierno del estado.
Recién regresó, me dijo que
seguiría siendo el mismo y que se conduciría con la sencillez con la que lo
conocí. No hace mucho, un día le marqué a su teléfono y para mi sorpresa personalmente
me respondió de inmediato, sin auxiliar ni secretaria de por medio, como
acostumbra casi la mayoría de funcionarios, cuando no se niegan a tomar la
llamada. En efecto, lo encontré igual. No me puso de pretexto de que estaba muy
ocupado, o que tenía una reunión de trabajo, o que “disculpe, es que me llama
el gobernador”. Me causó la mejor impresión.
Alguno de sus compañeros de
gabinete comentó un día que él quedaba totalmente descartado para la sucesión
de 2016, pues era un funcionario al que se enviaba al sacrificio como
secretario de Finanzas, ya que le tocaría dar puras malas noticias a
proveedores y prestadores de servicio por la falta de recursos para pagarles, y
tendría que enfrentar los reclamos de sus compañeros de Gobierno por las reducciones
presupuestales que tendría que hacer, así como los de la de la burocracia por
las medidas dolorosas, de austeridad, que tendría que tomar.
Aceptó el cargo consciente de
todo ello. Acaso el arrojo y la audacia que da la juventud lo hizo decidirse a
“comer lumbre”. Ayer le tocó comparecer ante los diputados locales con motivo
del Tercer Informe de Gobierno. Hasta donde chequé en los portales
informativos, su presentación se dio sin sobresaltos y sin incidentes. Ni los
diputados de oposición le exigieron o lo arrinconaron contra las cuerdas. Acaso
mordieron el fierro del freno, como los caballos, sabiendo que sin su firma no
hay plata.
Le he dado vueltas al asunto pero
todavía no acabo de comprender por qué la bancada del PAN quería que fuera el
último en comparecer. Lo que dijo ayer lo hubiera dicho después. Lo cierto es
que este joven no puede hacer milagros ni actos de magia para que de la nada le
aparezca dinero en las manos. Ayer aceptó que la deuda pública del Gobierno es
de 40 mil 365 millones de pesos, más 4 mil 494 millones de pasivo circulante
(el pasado 1 de julio, el ahora diputad local Ricardo Ahued Bardahuil la ubicó
en 87 mil millones).
Me parece que es mejor que se
diga la verdad y no que se trate de
ocultar o maquillar las cifras. Hasta ahora se negó que la deuda alcanzara tal
cantidad. Es mejor saber cómo estamos para saber a qué tirarle. Charleston no
la tiene fácil ni la tendrá en los próximos tres años. Se ha rodeado de un
equipo conformado por expertos con los que trabajó tanto en Banobras como en el
despacho del ex secretario de Hacienda Pedro Aspe, muy vinculado al actual
secretario Luis Videgaray y al presidente Enrique Peña Nieto.
No acabará con la deuda, quién lo
duda. Su éxito será reducirla y cumplir con los compromisos más urgentes de la
administración pública estatal, como por ejemplo el pago del aguinaldo ya en
puerta y el de los gastos de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, pues
tendrá que pagar unos platos que él no rompió; su éxito será tener contentos a
todos aunque no se les pague, jodidos pero contentos. Debo no niego, pago no
tengo. ¿Y los 800 millones, dónde están, quién se los llevó, en qué se los
gastaron, por qué no se pueden comprobar si se utilizaron?
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