Prosa aprisa
Tres años después
Arturo Reyes Isidoro
Dice el dicho que es de sabios cambiar. Y del sabio se dice que es una
persona con una capacidad de discernimiento más allá de una persona normal.
Pero al fin y al cabo el sabio también es un ser humano sujeto a equivocarse
como el que más. Su sabiduría es lo que precisamente le hace darse cuenta de
que está equivocado o ha cometido un error de apreciación y lo lleva a cambiar.
Llevado al plano político, este dicho aplicaría cuando en especial un
gobernante tiene la capacidad para darse cuenta de que ha cometido un error al
tomar una decisión o que su apreciación sobre algún asunto de interés público
está equivocada y no sólo lo reconoce sino que decide rectificar.
Hace tres años, el 16 de noviembre de 2011, en “Prosa aprisa” con el título
“No se barrió para atrás” escribí que había sido significativo que a la
ceremonia del mensaje del Primer Informe de Gobierno en la carpa que se montó
en el jardín del Museo de Antropología (en columna anterior equivocadamente
dije que había sido en la explanada de la Escuela Normal Veracruzana), de los
ex gobernadores sólo había asistido Miguel Alemán Velasco, quien en diciembre
de 1998, a su llegada al Palacio de Gobierno en Xalapa, había pronunciado
aquella frase tajante de que no llegaba a barrer para atrás, cuando los
enemigos de su antecesor Patricio Chirinos Calero pedían que se le investigara
y se le castigara por los excesos que se habían cometido durante su mandato.
Pasados ya once meses del gobierno que se había estrenado el 1 de diciembre
de 2010 y ante muchos señalamientos y reclamos contra su inmediato antecesor
Fidel Herrera Beltrán en especial por la deuda económica que heredó, como en su
mensaje del Primer Informe el entonces nuevo gobernador no hizo ninguna alusión
a ello, publiqué tomando como base aquella frase de Alemán Velasco:
“… precisamente Javier Duarte de Ochoa se apegó a ese criterio:
definitivamente ya no barrió para atrás y sepultó cualquier posibilidad de
investigar y proceder contra su antecesor y protector, como se lo habían venido
pidiendo muchas voces, pues fue la última gran oportunidad que tuvo de hacerlo,
pero prefirió asumir toda la responsabilidad por el estado en que recibió la
administración pública así como los costos que tuvo, tiene y tendrá esa
decisión: no hubo una sola palabra, un solo pronunciamiento de condena al
gobierno anterior y ya no la habrá. Se dio el clásico borrón y cuenta nueva.
Decidió proteger a Fidel Herrera Beltrán. Es cierto, definitivamente no hay
ruptura sino muy buena relación entre el ex y el actual”.
Parece que el paso del tiempo lo ha hecho cambiar de opinión. Parece que, a
la distancia, tres años después Javier Duarte de Ochoa decidió tirar el lastre
del pasado, desmarcarse y asumir totalmente la responsabilidad pero sólo por lo
que hace a su administración. Tenía que hacerlo. Todo lo que haga o deje de
hacer, la historia y el juicio popular, que es implacable, se lo cargarán
únicamente a él sin tomar en cuenta ninguna consideración que haya tenido con
los demás.
El mensaje del Tercer Informe tiene como una de sus características la
crítica al pasado inmediato, con referencias que no dejan lugar a duda. Es un
juicio implacable a apenas hace tres
años cuando “nos enfrentábamos con grandes carencias e insuficiencias” en un
estado “con tanta riqueza” pero con “tan bajas expectativas”.
Hay un párrafo en el texto que leyó el viernes pasado Duarte de Ochoa que ilustra
el panorama con el que se encontró, panorama por lo demás que los veracruzanos
percibían y vivían; un párrafo que resume lo que hoy piensa respecto al pasado
inmediato con la perspectiva que da la distancia, el tiempo; situación que le
sirve de parámetro, de apoyo, de asidero, para poder comparar y destacar lo que
ha logrado o recompuesto, así como de base para poder evaluar dentro de tres
años la proyección del futuro que tiene para el estado.
“Veracruz
estaba inmerso en una situación económica complicada, políticamente confrontada
y con un grave problema de inseguridad. Había incertidumbre y gran preocupación.
No era
posible seguir pretendiendo que aquí no pasaba nada, que aquí todo iba
bien. Teníamos
que cambiar las cosas, y lo hemos hecho. Hoy concluye una etapa y comienza una
nueva. Concluye
la etapa de ajustes, que nos obligó a poner orden y actuar con eficacia. Lo
hicimos, porque la inestabilidad quiebra el ánimo de las familias”.
El juicio es severo. Los
adjetivos, crudos, descarnados: inseguridad a niveles graves, incertidumbre,
desorden, ineficacia; situación económica complicada, con un Veracruz
confrontado. En pocas palabras, inestabilidad. Hoy se desmiente lo que se decía
en la administración anterior de que en el estado no pasaba nada y todo iba
bien. Hoy se señala, se califica, se enjuicia.
Otro señalamiento grave: Duarte
dio por concluida “una
etapa, en la que el flagelo del crimen organizado se apoderaba de nuestra
tranquilidad”. La referencia a hace tres años es obvia: “En Veracruz, los datos
de inseguridad se extendían de manera alarmante. Al inicio de mi
administración, la sociedad demandaba acciones de respuesta ante las
expresiones intolerables de violencia del crimen organizado. Frente a la
inseguridad, desarrollamos una estrategia distinta y actuamos con toda la
fuerza de la ley”.
¿Alguna duda de a qué gestión se
hacía la referencia? Una cita es muy precisa: “En 2010”, esto es, en el último
año del gobierno anterior, la inversión extranjera apenas representaba el 27% y
“hoy es más del 50%”. Peor: “Hace tan sólo tres años, nuestra entidad
registraba el mayor incremento de pobreza en todo el país y la situación iba en
aumento. Una política dispersa y poco coordinada afectaba directamente a la
gente”.
Hace sólo tres años gobernaba
Herrera Beltrán. Hoy sabemos, por alguien que tiene los pelos de la burra en la
mano, que se gobernaba con una política social dispersa y poco coordinada
debido a lo cual Veracruz registraba el mayor incremento de pobreza y que iba
en aumento; que además el estado no era productor de maíz.
Tres años después se da por
concluida una etapa “y comienza una nueva”. Hoy se revive el ofrecimiento de
“un nuevo liderazgo político” con “un gobierno responsable” que se mide por sus
avances y que, además, está “exento de demagogias y simulaciones”, ¡zas!; con
un gobierno “que no está cercado por el pasado”; con un gobierno “que rechaza
el populismo y la demagogia”, ¡recontra zas!
¿Qué sigue? Ver las palabras
traducidas en hechos. Duarte sabe que dentro de once días, el 1 de diciembre,
comenzará la cuenta regresiva y que cada día que pase será una oportunidad para
consolidar la huella de su gestión (a menos que la desperdicie), la que quedará
registrada para la historia, la que lo calificará, la que lo señalará, la que
hará que se le recuerde bien o mal; la que servirá, a su vez, de parámetro para
que quien llegue a sucederlo algún día, como él lo ha hecho ahora, lo califique
también.
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