Prosa aprisa
Guerrero, Veracruz, el contraste
Arturo Reyes Isidoro
Fue Ramón de Campoamor, poeta español, aunque diputado también, quien
escribió la cuarteta: “En este mundo traidor,/nada es verdad ni mentira,/todo
es según el color/del cristal con que se mira”.
Po’s sí. Desde la óptica de cada quien, algo puede ser bueno o malo. En
esa miríada de puntos de vista radica la riqueza de la película japonesa Rashomon, de Akira Kurosawa, en la que
los detalles de un crimen son narrados desde los puntos de vista de un bandido,
de una mujer, del señor feudal –con la ayuda de un médium– y de un leñador. Por
supuesto, nadie coincide y uno decide con qué versión se queda.
Pero eso es poesía y cine, que también reflejan las posibilidades de la
realidad.
La noche del viernes pasado, policías del municipio de Iguala,
Guerrero, y civiles armados dispararon contra camiones que tenían retenidos
estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, con saldo de tres alumnos
muertos y una ama de casa que viajaba en un taxi, mientras que en otra acción
fue atacado el autobús en el que viajaba el equipo de futbol de Tercera
División Los Avispones, de Chilpancingo, con un saldo de dos muertos; en ambas
acciones se contabilizaron por lo menos 17 heridos de bala, incluyendo al secretario
general del Sindicato Único de Trabajadores del Colegio de Bachilleres. Los
estudiantes buscaban reunir dinero para financiar la marcha del 2 de octubre. Para
iniciar la presente semana, ayer por la mañana en Acapulco, Guerrero, fue
asesinado el secretario general estatal del PAN en el restaurante de un hotel
cercano a La Quebrada.
Esa es violencia social, más la que padecen los guerrerenses a causa
del crimen organizado, que no es poca ni menos cruenta que la de otros estados
invadidos por el narcotráfico.
He citado todo lo anterior tratando de establecer un escenario de
contraste, al menos desde mi óptica, con lo que vivimos en Veracruz.
¿Qué hubiera pasado, cómo estaríamos si lo ocurrido en pocas horas en
Guerrero hubiera sucedido aquí? Lo menos, se hubiera dicho que ahora sí se iban
del Gobierno Javier Duarte de Ochoa y Arturo Bermúdez Zurita.
Nuestro estado no es precisamente el paraíso de seguridad en la Tierra,
menos una ínsula en la violencia que azota al territorio nacional. Lo que más
pega a los veracruzanos es el secuestro –en la ciudad de México se afirma que
va en aumento mientras que en el estado se reitera que va a la baja, lo cierto
es que el problema existe – y… ¡el robo de campanas!
La cúpula eclesiástica de Veracruz se reunió el viernes en Orizaba y
ahí el arzobispo de Xalapa, Hipólito Reyes Larios, dio a conocer que han
sufrido el robo de más de 120 campanas. Creo que el diagnóstico que dio es
preciso: el gobierno del estado ha hecho esfuerzos por mejorar la seguridad,
sin embargo, “no se tiene la paz anhelada, pues ahora se ve un aumento en la
delincuencia ordinaria y la inseguridad sigue latente en todas partes de la
entidad”.
“Hay mucha actividad pero la situación no está así como la quisiéramos,
no tenemos la paz social, sino estamos luchando por alcanzarla y creo que aquí
debemos involucrarnos todos”. Tiene razón.
Recientemente se nos informó que fueron desmantelados dos campos de
entrenamiento de delincuentes organizados, uno en el área del Pico de Orizaba y
otro en el norte, en la huasteca, con saldo de muchos jóvenes aspirantes a
sicarios detenidos y algunos muertos. Se nos ha hecho saber que han sido
detenidos delincuentes, secuestradores sobre todo, pero también policías
involucrados en hechos delictivos. Sin duda, se está actuando.
El sábado, Veracruz volvió a ser noticia internacional. Esta vez el
diario español El País le dedicó una plana entera al caso del rancho San Pedro,
en Sierra de Agua en el municipio de Acutzingo, en el que fue descubierta una
base de entrenamiento Zeta. Al menos esta vez la nota no fue negativa. La
reportera Verónica Calderón más bien retrata el escenario y el clima que
prevalece luego de la acción conjunta de militares y policías del estado. Si se
quisiera dar un juicio de valor, alguien del gobierno podría decir que “se va
mejorando”.
¿Estamos bien o estamos mal? ¿O todo lo contrario? Creo que no estamos
como quisiéramos pero podríamos estar peor. Pero necesitamos estar mejor. Esa
es la exigencia ciudadana. Ojalá y la tan anunciada Fuerza Civil, una policía
que califican de elite, la versión local de la Gendarmería nacional, contribuya
a mejorar el estado de cosas. Hay que reconocer el esfuerzo, pero también hay
que esperar resultados.
En este tema me sorprendió gratamente leer una amplia nota del caso de
María del Rosario Garrido Cuéllar, quien estudió la carrera de Filosofía y
Letras y terminó por enrolarse en la Policía del Estado, primero como profesora
de las materias de Ética, Relaciones Humanas y Taller de Lectura y Redacción en
la Academia Estatal de Policía de El Lencero, y ahora ya como un
elemento activo. La foto respectiva la muestra con su uniforme y casco,
un rostro agradable, sonriente, visto de perfil.
“Posterior a mis actividades como
catedrática, uno de mis alumnos inició sus labores en la delegación de Las
Choapas y me invitó a participar, desde ahí mi vida dio un giro; no conocía el
trabajo del policía operativo hasta que conviví y me arriesgue a saber de estas
actividades desde la batea, aprendí a tratar a la gente, supe lo que era el
sufrimiento de permanecer lejos de mi familia y de mis hijos, una niña de doce
años y otro pequeño de siete años”, comentó. Y cito su caso, el de una mujer
ejemplar, porque, otra vez, lo quiero contrastar contra el de una verdadera
bestia investida de dirigente sindical.
Con total falta de sensibilidad ante el
dolor humano, ante las víctimas que han quedado mutiladas, ante los familiares
que han perdido a sus seres queridos porque los mataron o porque no aparecen, el llamado “líder
moral” de la Sección 10 del Sindicato de Trabajadores Petroleros de Minatitlán,
Jorge Wade González, en declaración del miércoles pasado minimizó los
secuestros y hechos delictivos de los que han sido víctimas sus agremiados y
los de su sindicato en el sur del estado, expresando: “Quizá (se trate de)
algún levantoncito exprés, etcétera, etcétera, pero hasta ahí” (nota de Armando
Ramos, de AVC).
El tipo, claro está, se mueve rodeado de
guaruras y viaja en camioneta blindada, y de su condición humana habla su
menosprecio por quienes aportan sus cuotas para que él pueda estar protegido.
Que los sufridos minatitlecos lo juzguen, máxime ahora que impulsa a su esposa
para que sea la próxima candidata a diputada federal del PRI.
¿Y? Inseguridad en el estado la hay. No
llega a los extremos de otras entidades. Deseamos que el Estado, el gobierno de
Javier Duarte de Ochoa no baje la guardia. Podemos, debemos estar mejor. Qué
bueno que no se mata a estudiantes, a futbolistas, a dirigentes de partidos
políticos. Toquemos madera porque no nos suceda.
(Cuestión también de percepción, de opiniones divididas, la iniciativa
de ley recién presentada en el Congreso Local que regularía las marchas y
plantones en la entidad, que para el caso de Xalapa es pan y calvario de todos
los días. La intención, según parece, es que los grupos de manifestantes que
pretendan instalarse en alguna plaza pública, como sucede en la Plaza Lerdo de
la capital del estado, o vayan a tomar una avenida o carretera soliciten
permiso a la Secretaría de Seguridad Pública. Para algunos puede sonar a represión,
aunque habría que saber qué opinan los ciudadanos, los taxistas, los
conductores del transporte urbano, foráneo y público federal, así como los
comerciantes, los miles de xalapeños y veracruzanos que un día sí y el otro también
se ven afectados por marchas y bloqueos. Por supuesto, no se debe coartar la
libertad de expresión y manifestación, pero quizá si nos avisaran con
anticipación, los ciudadanos podríamos tomar medidas al respecto como
reprogramar tiempos, actividades o incluso tomar rutas alternas. Pero mientras,
ahí queda para el debate.)
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