Prosa
aprisa
Knight se la comió solo
Arturo
Reyes Isidoro
En vísperas del Día de la Candelaria publiqué que para esa fecha, 2 de
febrero, entre muchos otros, los delegados federales habían sido invitados e
iban a asistir a una comida que el Gobierno del Estado ofrecía en Tlacotalpan
dentro de las Fiestas de La Candelaria.
Pero en la noche del día primero de este mes que mañana concluye,
inesperadamente todos los funcionarios federales recibieron una
carta-oficio-circular-aviso-notificación-¿orden? de que la invitación había
sido retirada. No decía más pero se entendía que les estaban diciendo que no
fueran.
Salvo dos o tres que ignoraron la notificación y asistieron, el resto
no se movió de Xalapa. Consulté con varios y nadie me supo precisar qué había
pasado en realidad: si en efecto les habían retirado la invitación o si era una
manera velada de ordenarles que no acudieran.
Hasta la fecha no se sabe si la decisión la tomó unilateralmente el
delegado de la Secretaría de Gobernación, Alberto Amador Leal, coordinador
además de todos ellos, o si fue una orden que vino del altiplano. Haya sido una
cosa o la otra, en todo caso la pregunta es por qué.
Antes ya se les había ordenado que quienes no la tuvieran crearan una
cuenta de Twitter y que replicaran únicamente la información que tuviera que
ver con el presidente Enrique Peña Nieto, pero que para nada mencionaran algo
que tuviera que ver con el Gobierno del Estado.
(Hay quienes atribuyen la salida de Gonzalo Morgado Huesca de la
Delegación del ISSSTE al hecho de que en una reunión de delegados federales en
el puerto de Veracruz se atrevió a pedir crédito también para el gobernador
Javier Duarte además de para el presidente.)
Pero todo esto lo traigo a colación porque sin hacer olas ni ruido, el pasado 14 de febrero el
director del Centro SCT Veracruz, William David Knight Bonifacio, informó que,
por fin, dos días antes había puesto en operación el paso vehicular superior de
Tamaca ubicado sobre la carretera San Julián-Paso del Toro, en el municipio de
Veracruz.
Del Gobierno del Estado, cuánto apapacho hubiera recibido Knight si les
hubiera avisado y los hubiera invitado a una inauguración formal y de paso los
hubiera dejado que se lucieran con la pequeña obra a falta de construcciones
propias que lucir y festinar, y aunque se trata de una inversión federal
hubieran cantado las glorias del progreso y desarrollo del estado. Pero, qué
mala onda, Knight se la comió solo.
Según un boletín de prensa y dos fotografías que difundió la delegación
federal, ese 12 de febrero el funcionario de la SCT jaló sólo a un policía
federal de caminos y a dos allegados suyos, enfundados en casacas verde
fluorescentes y cachuchas y banderas blancas, se pararon en una de las entradas
del paso vehicular y simularon dar el banderazo de salida, de inauguración, y
se tomaron la foto respectiva.
¿Es que el suegro del senador panista Roberto Gil Zuarth se desquitó
con ello de la invitación que le retiraron para asistir a la comida de
Tlacotalpan? ¿O es que por instinto siguió la línea de no compartir nada
federal con el Gobierno del Estado? ¿O es que recibió una orden al respecto? ¿O
es que lo hizo porque él en lo personal tiene rotas las relaciones con la
administración duartista? ¿O es que lo hizo así para evitar gastos con un acto
inaugural como los que se acostumbran en la aldea, vistosos, ostentosos y
costosos?
En actividades en España, alguna vez, por ejemplo, en la Exposición
Universal de Sevilla, otra en el Ayuntamiento de Salamanca, vi como, a
diferencia nuestra, en sus actos oficiales no acostumbran tanta faramalla como
montar escenarios especiales, colocar cordones de seguridad, poner edecanes,
llevar acarreados, poner un maestro de ceremonias, hacer la presentación a
gritos cada vez que alguien va a intervenir, etc. En sus recintos habituales,
sin preámbulos, interviene uno tras otro los que tienen que hablar y
sanseacabó. Ello evita gastos innecesarios, están los que tienen que estar y
los que verdaderamente están interesados en el acto o tema, y nada más.
En México, cuidado que somos ceremoniosos y ostentosos, globeros y
matraqueros. En la inauguración de algo, así sea la cosa más insignificante, se
monta todo un aparato a veces hasta faraónico: escenario (estrado, carpa o
manteado, reflectores, aparatos de sonido, logos, micrófonos), maestro de
ceremonias, sillas para los acarreados, se contratan camiones para traer y
llevar gente, a veces se llevan bandas de guerra o conjuntos musicales, y luego
siguen los soporíferos “discursos” de los participantes, que generalmente
hablan mucho pero dicen poco o nada. Todavía a veces se remata con barbacoa,
tamales, tacos al pastor… Y en ocasiones sale más caro el caldo que las
albóndigas, esto, es, se gasta más en la ceremonia que en el monto de lo que se
inaugura o pone en servicio.
Consideraciones aparte de porqué lo hizo así, ante la situación que
vive el país, y en especial el Gobierno del Estado, a mí me parece que como
procedió esta vez Knight así debieran ser todas las inauguraciones: sin
dispendio de recursos. Sólo en nuestro país, para lucimiento de los
gobernantes, es que se acostumbran los actos inaugurales rimbombantes.
“Después de una serie de
situaciones técnicas y sociales, el Gobierno de la República invirtió, en esta
obra fundamental para conectar el centro con el sur del estado, 158 millones de
pesos, por lo que en coordinación con la Policía Federal dimos paso este jueves
a todo tipo de transporte sobre el paso vehicular superior de Tamaca”,
decía el segundo párrafo del boletín que la dependencia circuló.
Con casi un año de retraso
la obra quedó concluida y entró en servicio luego de que en febrero de 2014 lo
que se llevaba construido del puente (paso vehicular) se derrumbó “por
una falla geológica, que generó movimientos telúricos”, según argumentó entonces
el funcionario federal al tratar de justificar el desplome de la obra el
miércoles 19 de febrero del año pasado y que dijo que entregaría concluida en
45 días más.
Entonces nadie le creyó, ni el secretario de
Infraestructura y Obras Públicas del Gobierno del estado Gerardo Buganza
Salmerón, ni el senador del PRI Héctor Yunes Landa, ni el geólogo y hombre de
ciencias Sergio Rodríguez Elizarrarás de la UNAM y de la UV, ni los diputados
locales Francisco Garrido Sánchez, del AVE, y Víctor Román Jiménez Rodríguez,
del PAN, ni el expresidente de delegación en Veracruz de la Asociación de
Constructores del Estado de Veracruz (ACEVAC), Jorge Álvarez, y ni el entonces
coordinador de asesores del Grupo Legislativo del PAN, Eduardo de la Torre
Jaramillo, quienes cuestionaron el pretexto.
Éstos tuvieron razón de dudar. Ahora, con el escándalo
que desató la Auditoría Superior de la Federación con las observaciones que
hizo a la cuenta pública 2013 dejó en claro que la obra estuvo llena de
anomalías y para corroborarlo citó el dictamen que dio el propio personal de la
SCT el 19 de marzo de 2014 en el sentido de que “la estabilidad del muro en la
zona fallada se vio afectada por motivo
de un deficiente sistema constructivo del muro” y etcétera.
La obra ya está en funcionamiento, pero ante tanto escándalo
que ha habido, la novedad de su entrada en servicio prácticamente se perdió, o
Knight quiso que se perdiera, o para no invitar a la administración estatal a
compartir el logro, o para que no le recordaran todas las anomalías que
rodearon la construcción de la obra y la justificación que quiso hacer con
aquella “falla geológica” que nunca existió.

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