Prosa
aprisa
La veta
grande de confianza en Veracruz
Arturo Reyes Isidoro
A Ricardo García Guzmán lo recuerdo como Contralor General del Estado
en el gobierno del licenciado Miguel Alemán Velasco. Fuimos compañeros de
trabajo.
Un día, no recuerdo por qué, me reuní con él en su oficina entonces en
Palacio de Gobierno. Lo hallé preocupado. Se había detectado a tiempo que un
alto funcionario estaba a punto de hacer un negocio multimillonario
aprovechándose del cargo y enterado el gobernador le dio instrucciones precisas
de pararlo. Dado el monto que estaba en juego temía hasta por su suerte
personal. Y actuó.
En el mundo de los contadores y de los contralores, nadie duda de su
capacidad (además de contador público auditor hizo maestría y doctorado en
Ciencias de la Administración Pública, es miembro de organismos nacionales e
internacionales y autor de seis libros, además de que ha pasado por diversos
cargos de la administración pública y municipal), y de aquel gobierno del
licenciado Alemán fue el único que en su área llegó a ser coordinador nacional
de la Comisión Permanente de Contralores Estado-Federación, lo que además le
abrió un mundo de relaciones con quienes hoy ocupan altos cargos de
fiscalización a nivel nacional.
Fue en julio del año pasado cuando el gobernador Javier Duarte de Ochoa
lo invitó a volver a ocupar el cargo y García Guzmán ya le ofreció los primeros
resultados: inhabilitó por diez años al exdirector del Instituto Veracruzano de
Educación para los Adultos (IVEA), Álvaro Cándido Capetillo Hernández, tras no
poder documentar el ejercicio de 36 millones de pesos, así como al exdirector
de Administración de los Servicios Aéreos del Gobierno del Estado, Alcides
Madrigal, por tres años, tras detectársele que tenía a varias personas cobrando
en nómina sin trabajar (se afirma que eran 40), ahora sí, verdaderos aviadores
que aterrizaban en El Lencero.
Pero Ricardo no paró ahí. Fiel a su compromiso con el gobernador de
actuar donde se detectaran irregularidades, declaró que existen otras
investigaciones abiertas en contra de servidores públicos que incurrieron en
daño patrimonial en contra del erario estatal, esto es, que hicieron mal uso de
los recursos de los veracruzanos. "Hay varios procesos disciplinarios
administrativos abiertos”. Se reservó, sin embargo, nombres de
funcionarios y de dependencias y seguramente esperará instrucciones para
actuar.
En “Prosa aprisa” de ayer, al comentar el asunto de Capetillo Hernández
mencioné que con anterioridad jamás en la Contraloría se hizo público un caso
con nombre, apellidos y montos como ahora se ha hecho, simple y sencillamente
porque nunca se actuó, quizá porque se le ocultó información al gobernador, lo
que sería traicionar su confianza.
En el nivel en que se manejan estas cosas, un contralor no actúa si no
tiene el visto bueno del titular del Ejecutivo, por lo que habría que reconocer
a Duarte de Ochoa por haber decidido que García Guzmán actuara. Este tipo de
funcionarios que no le ocultan la verdad, que están decididos a ayudarlo
actuando contra quien infrinja la ley, y de paso a mejorar su imagen y la de la
administración estatal, debieran ser bien y mejor aprovechados.
Incluso ahora que no hay recursos y cuando el partido del Gobierno, el
PRI, necesita votos para el próximo 7 de junio, seguramente se ganarían muchos,
cientos, acaso miles si decidieran seguir actuando como ya empezaron,
destituyendo de cargos, inhabilitando, impidiendo que malos funcionarios sigan
abusando de los fondos públicos, aunque también que se presentaran las
respectivas denuncias penales para recuperar el bien sustraído ilícitamente.
El Contralor ha dicho que existen otros procesos abiertos. Los días por
venir nos dirán si no lo paran y si le dan el visto bueno para que siga
limpiando la casa. Sabe, quiere y puede cómo hacerlo. El Gobierno, los
gobiernos en general necesitan con urgencia recuperar la confianza, la
credibilidad perdida ante tantas “casas blancas”, departamentos en Nueva York,
licitaciones amañadas y con conflicto de interés, moches, etcétera.
Precisamente ayer el diario Milenio
reprodujo un artículo-entrevista del Financial
Times firmado por Juddy Bebber y Paul Rathbone donde el secretario de
Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray, declara que el ambicioso programa
de reformas no servirá de mucho si el gobierno de Peña Nieto, “teñido de
escándalos”, fracasa en la reconstrucción de la destruida confianza pública.
“No sólo se trata de reformar, reformar, reformar. Necesitamos abordar
lo que realmente importa a la sociedad mexicana que es no (sólo) la corrupción
y la transparencia. Va más lejos: tiene que ver con la confianza”.
En Veracruz tienen una veta muy grande de confianza para explotarla si
deciden a golpe de pico y pala quitar y tirar tanta costra endurecida ya por
los años de impunidad. El minero con las botas, el casco puesto, las luces
nocturnas, el pico y la pala lo tienen ya en la Contraloría. Por lo que dijo,
de hecho ya está picando piedra. A ver cuánto oro o plata se recupera. O a ver
si no al minero en una de esas le provocan un derrumbe, le cortan el oxígeno y
lo asfixian. Todo puede suceder. Esperemos.
Pero cuánto ayudaría al Gobierno del Estado, a ojos de la Federación,
que se actuara, que se recuperara todo lo que se han llevado y que se castigara
a los culpables y a los responsables, porque en Veracruz nadie está por encima
de ley –eso dice el eslogan oficial– y se actuará caiga quien caiga, se trate
de quién se trate, ¿o no?
El colmo, el “norte” acabó con
el carnaval
¡Chin! Como si hiciera falta algo, ayer el “norte” acabó súbitamente
con el carnaval de Veracruz al suspenderse el último desfile así como el
concierto de Luis Miguel. Los organizadores también debieron haber ido a los
Tuxtlas a hacerse una limpia, si bien les queda la oportunidad de hacerlo
dentro de dos semanas y media el próximo 6 de marzo, que es el primer viernes
de marzo, el día mayor de los brujos de Catemaco y los Tuxtlas, digo, por si
las dudas y para el carnaval del próximo año.
Pero las buenas noticias también son noticia. Un boletín de prensa del
Ayuntamiento dio cuenta ayer de que el pasado 15 de febrero debutó en el
Palacio de Bellas Artes la cantante xalapeña María Gabriela Flores Nachón en la
ópera Elixir de amor de Donizetti.
Ella se formó en Xalapa y su debut debe celebrarse y la Comuna xalapeña debiera
estimularla con un reconocimiento y ponerla como ejemplo a las nuevas
generaciones.

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