Prosa aprisa
Prensa-poder, convivencia obligada
Arturo
Reyes Isidoro
El siguiente texto lo publicó
Sergio Sarmiento en su columna “Jaque Mate” el pasado viernes 6 de febrero en
el diario Reforma. Lo tituló “Sin
aplausos” y, lógicamente, hizo referencia a la frase que pronunció el
presidente Enrique Peña Nieto luego de que anunció el nombramiento de Virgilio
Andrade como secretario de la Función Pública el martes 3 de febrero.
Ese día, en un descuido, sin
darse cuenta que estaba abierto el micrófono comentó “ya sé que no aplauden”
ante un auditorio formado sólo por reporteros y porque éstos no aplaudieron su
anuncio. La frase se hizo viral en las redes sociales lo que le valió una
lluvia de críticas. Yo he escrito que la relación entre prensa y poder no es fácil,
aunque no tiene por qué no haberla si no se pervierte y si uno y otro se tratan
con respeto; que incluso es incluyente porque una y otro tienen el mismo
objetivo: servir a la sociedad.
Sarmiento es un periodista
serio, juicioso, equilibrado, y por eso no me resisto a copiar tal cual lo que
escribió sobre esa relación y sobre el papel de la prensa.
“Políticos y periodistas llevan
una convivencia obligada pero necesaria para ambos. Los unos se quejan de los
otros y los otros de los unos. Pero los políticos necesitan la cobertura de los
medios para obtener reconocimiento y votos mientras que los periodistas
necesitan a los políticos para su información.
La incómoda cercanía se
manifestó con claridad este 3 de febrero. El presidente Peña Nieto presentó en
Los Pinos al nuevo secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade, y le
pidió públicamente que lo investigue a él, a su esposa y al secretario de
Hacienda. Al terminar la ceremonia, que quizá por premura se hizo sólo con
reporteros de la fuente y no con funcionarios o invitados especiales, el
Presidente se alejó del podio y comentó todavía al alcance del micrófono:
"Ya sé que no aplauden".
No sé lo que estaba pensando el
Presidente, pero el comentario parece marcado de amargura. Un jefe de gobierno
está acostumbrado al aplauso fácil. Supongo que hacer un anuncio importante
sólo con la presencia de reporteros que no aplauden debe sentirse como un
cubetazo de agua fría.
En realidad no sorprende que los
reporteros de Los Pinos no aplaudan. No lo hacen los periodistas profesionales
en ningún lugar del mundo. Una conferencia de prensa no concluye con aplausos
ni en la Casa Blanca en Washington ni en el Palacio del Elíseo en París. Los
presidentes de Estados Unidos y Francia saben también que los reporteros no
aplauden.
Una conferencia de prensa no es –no debe ser– un discurso que se selle con aplausos. Las conferencias de prensa en el mundo son ejercicios informativos y no políticos. El funcionario quizá ofrezca algunas palabras de introducción o lea un comunicado, aunque no un discurso, y aporte datos concretos. Al final hay una sesión de preguntas y respuestas. Incluso el presidente de Estados Unidos, quizá el funcionario más poderoso del mundo, entiende la necesidad de escuchar y responder preguntas de los reporteros.
Una conferencia de prensa no es –no debe ser– un discurso que se selle con aplausos. Las conferencias de prensa en el mundo son ejercicios informativos y no políticos. El funcionario quizá ofrezca algunas palabras de introducción o lea un comunicado, aunque no un discurso, y aporte datos concretos. Al final hay una sesión de preguntas y respuestas. Incluso el presidente de Estados Unidos, quizá el funcionario más poderoso del mundo, entiende la necesidad de escuchar y responder preguntas de los reporteros.
En México, en cambio, no tenemos
verdaderas conferencias de prensa. El Presidente o los altos funcionarios
suelen ofrecer discursos. La posibilidad de preguntas y respuestas ni siquiera
se considera. El presidente de México sólo da verdaderas conferencias de prensa
en el extranjero o cuando recibe en nuestro país a otro mandatario... porque
los cuerpos de reporteros de otros países considerarían un insulto que una
conferencia de prensa y su sesión de preguntas y respuestas fueran reemplazadas
por un discurso político.
No sólo el presidente de México
se siente extraño en actos con reporteros. Muchos periodistas se muestran
incómodos en informes de gobierno o en actos públicos de funcionarios. Aunque
abstenerse de aplaudir no debe ser una cuestión de principios, los verdaderos
periodistas procuran no hacerlo. A los actos políticos asisten como
observadores y no como simpatizantes. Es muy común, sin embargo, que los
asistentes que aplauden a cada párrafo los miren como si estuvieran cometiendo
un acto de abierta grosería al no aplaudir.
Estas diferencias son
inevitables. Los políticos y los periodistas están condenados a convivir, pero
no necesariamente se tienen simpatía. Con mucha frecuencia he escuchado
expresiones de menosprecio de los políticos hacia los reporteros que cubren sus
presentaciones. ‘No tengo sesión de preguntas y respuestas –me explicaba uno–
porque los reporteros no tienen el nivel’.
El menosprecio, sin embargo, es mutuo. Muchos reporteros expresan en privado comentarios negativos de los políticos que deben cubrir. Quizá por eso no se preocupan mucho de que no haya sesiones de preguntas en las supuestas conferencias de prensa. Algunos periodistas, de hecho, lo prefieren. Sienten así más libertad para ‘golpear’ a los políticos cuando tienen oportunidad”.
El menosprecio, sin embargo, es mutuo. Muchos reporteros expresan en privado comentarios negativos de los políticos que deben cubrir. Quizá por eso no se preocupan mucho de que no haya sesiones de preguntas en las supuestas conferencias de prensa. Algunos periodistas, de hecho, lo prefieren. Sienten así más libertad para ‘golpear’ a los políticos cuando tienen oportunidad”.
Sergio Sarmiento, considero,
habla a partir de su experiencia y de la realidad de nuestro medio y el de los
políticos. Yo soy de la vieja escuela y, de verdad, extraño aquéllos tiempos
cuando los políticos y gobernantes hacían también política en mesas de
desayunos, comidas o cafés con los periodistas, reporteros de sus fuentes,
columnistas o directores de los periódicos. En corto explicaban sus
motivaciones, el porqué de sus decisiones, qué estaba pasando en realidad, e
incluso aprovechaban la oportunidad para pedir apoyo para sus políticas
públicas y para acciones que iban a tomar a veces polémicas.
Ciertamente las circunstancias cambiaron
y la sociedad también, pero sigo creyendo que las bases de aquel tipo de
relación siguen siendo válidas, aunque ya, no sé por qué, los políticos las
olvidaron o ya no las practican. Ahora el desencuentro sustituye a aquella
vieja relación y la crítica se da muchas veces porque no hay puentes
informativos y entonces el periodista hace una libre interpretación a falta de
una explicación, de una justificación válida oficial.
Reportero muchos años, luego
–nunca estuvo en mis planes ni en mis proyectos de vida– las circunstancias me
llevaron a la prensa oficial en la que me pasé 30 años. Trabajé y conviví prácticamente
con todos los gobernadores a partir de Rafael Hernández Ochoa (todavía alcancé
a don Rafael Murillo Vidal al final de su mandato) hasta Fidel Herrera Beltrán
y por eso me atrevo a opinar que la relación prensa-poder, una buena relación, no es fácil aunque es
posible si se quiere.
De la prensa oficial me retiré
en noviembre de 2010. En febrero de 2014, hace un año, el gobernador Javier
Duarte de Ochoa me distinguió invitándome a retornar a la función pública en el
área de prensa de su gobierno. Consideré que ya había concluido mi ciclo y
además no quise exponer mi salud por mi edad y porque sé el sacrificio que
implica esa área. Con Duarte fuimos compañeros en la administración de Herrera
Beltrán y hoy creo que era –y todavía es– digno de mejor suerte en su relación
con la prensa y en el trato de la prensa para con él.
No obstante esos desencuentros
propios de la relación prensa-poder, las veces que nos hemos visto –y cuando me
han invitado a la Casa Veracruz– ha sido muy cordial conmigo. Todavía le faltan
dos años para concluir su gestión y ya creo que vive anticipadamente lo que debería
haber vivido hasta en el último año de su gestión: una crítica a veces muy
severa hasta de quienes habían venido siendo sus aliados. Sinceramente,
posturas aparte, ojalá y todavía, sin esperar aplausos, encuentre quién le
maneje bien su política de comunicación social, su relación con la prensa. Es
difícil, complejo, pero no imposible lograrlo. Mejor suerte a Javier Duarte en
lo que le resta como gobernador.

No hay comentarios:
Publicar un comentario