Prosa
aprisa
En efecto,
no pasó nada
“El tiempo nos dio la razón”. Eso dijo ayer temprano Javier Duarte de
Ochoa en conferencia de prensa. O sea, fue puro cuento eso de que hubo
peculado, desvío y sustracción indebida de recursos federales (e impunidad)
para financiar campañas políticas.
Para la postura oficial todo fue una estrategia electoral para
enrarecer las campañas, se trató de ataques mediáticos para favorecer a ciertas
corrientes políticas (Miguel Ángel Yunes Linares) y en especial una
candidatura.
Ahora –dijo– es momento de
informar y poner las cosas en su correcto contexto… para que los veracruzanos y
de manera particular aquellos actores políticos que en su momento y actuando de
buena fe se pronunciaron erradamente (¿Pepe Yunes?), conozcan con detalle de
este tema. “No más verdades a medias, ni mentiras disfrazadas de manto
legaloide”.
De acuerdo a una nota de la
reportera Odila Romero Hernández, colaboradora de “Prosa aprisa”, dijo que
peritos y auditores se dieron a la tarea de revisar a fondo los archivos y
demás documentos de las dependencias y entidades ejecutoras del gasto público
federal, y nada. Como en la famosa bolita yucateca: ¡Nada por aquí, nada por
allá! ¿Dónde quedó la bolita?
En todo caso, si hay una culpa
es de omisos, negligentes e irresponsables “servidores públicos” quienes no
entregaron la información que acreditaba la correcta aplicación de los recursos
federales en el momento que debieron haberlo hecho. “Deben responder quienes han
fallado a Veracruz”. ¡Sí, deben ser quemados en leña verde en plena Plaza Lerdo
para escarmiento!
¡Chin! No cabe duda.
Utilizaron y funcionó muy bien aquella vieja fórmula de Fab (fue un detergente
del siglo pasado que hacía milagros: “Remoje, exprima y tienda”, decía su
comercial cantado acompañado de un pegajoso fondo musical y que en su versión
impresa mostraba a una joven mujer bailando de alegría y con una sonrisa de
oreja a oreja mostrando una prenda blanca, blanquísima, como la que nos enseñaron
ayer apenas despuntaba el día laboral.
En “Prosa aprisa” del 1 de
junio publiqué:
“La fuerza de los hechos hace que uno termine por creer que ciertamente
en Veracruz no pasa nada.
Lo digo porque en una de esas, con respecto a
la denuncia que presentó la Auditoría Superior de la Federación (ASF) ante la
Procuraduría General de la República (PGR) contra funcionarios y exfuncionarios
de la actual y de la pasada administración por presunto mal uso de recursos
públicos, no va a pasar nada, esto es, no habrá ninguna sanción y todo habrá quedado
en el escándalo mediático.
Presuntos implicados lo repiten desde adentro
y desde afuera del gobierno: no hay forma de que les comprueben nada, esto es,
nadie se atreve a afirmar que no hizo nada indebido sino que no hay modo de que
se los prueben. Están tranquilos, muy tranquilos, se pasean muy tranquilos,
duermen muy tranquilos, y muy en corto comentan y confirman la versión que
circula en mentideros políticos y periodísticos, que además ya se ha hecho
pública en columnas periodísticas, de que entregaron al Auditor Superior de la
Federación, Juan Manuel del Portal, 120 pruebas de descarga de las grandes, de
nueve dígitos, suficientes para que el respectivo expediente llegara
‘solventado’ a la PGR, endeble, muy endeble, de tal forma que se caerán las
acusaciones una a una y, como en los cuentos de hadas, se casaron y fueron muy
felices por el resto de sus días”.
Héctor Yunes y la
crítica
“Los veracruzanos exigen y merecen resultados.
Para nadie es un secreto que quiero continuar sirviendo a mi estado. Las
críticas arreciarán, la fabricación de mentiras continuará, los rumores en
contra de un servidor y de un proyecto aumentarán”.
Así comienza el artículo del pasado domingo y
que semana a semana distribuye y publica en varios medios el senador Héctor Yunes
Landa. Cuando dice que quiere continuar sirviendo al estado se está refiriendo
a su aspiración de ser el próximo gobernador del estado, aspiración legítima
tanto como político como ciudadano.
Pero luego generaliza cuando advierte que: “Las
críticas arreciarán, la fabricación de mentiras continuará, los rumores en
contra de un servidor y de un proyecto aumentarán”. ¿A qué vino eso?
Él y todos los políticos –que se lo pregunte a
su amigo el gobernador Javier Duarte de Ochoa–, más si ostentan alguna representación
popular u ocupan un cargo público, están sujetos al escrutinio público que
incluye el de los medios.
Para quienes escribimos y publicamos como
periodistas y hacemos crítica o análisis críticos, como es mi caso, no deja de
ser preocupante que quien aspira a gobernar Veracruz y por lo tanto a ejercer
el poder no le guste la crítica, le moleste y sea alérgico a ella.
Lo digo porque, por ejemplo, todavía no es
gobernador, menos candidato, sino un aspirante más y ya muestra asomos de
intolerancia: mis compañeros columnistas Manuel Rosete Chávez y José Ortiz
Medina me confirmaron que se negó a ir a un programa de televisión que
transmiten por internet porque en ella estaría el también columnista Raymundo
Jiménez.
De su propio equipo se filtró que el pasado 8
de junio, al ofrecer un desayuno en Xalapa para celebrar el Día de la Libertad
de Expresión, que había sido un día antes, con el que comenzó un recorrido
proselitista por el estado, dio instrucciones precisas que se cuidara bien de
no invitar a Raymundo. El columnista lo ha hecho objeto de críticas e incluso
ha dado cuenta de sus desavenencias con otros compañeros, lo que no le ha
gustado.
Pero otros compañeros comentan que les ha
llamado para reclamarles por lo que publican. Carajo, estamos tratando se salir
de Guatemala y ya se asoma Guatepeor. Y todavía más –y triste porque todos nos
conocemos–, según comentan algunos compañeros del medio, algunos de sus
colaboradores ya empiezan a perder el piso, han perdido su humildad y adoptan
una actitud de perdonavidas.
Dicen que las comparaciones son odiosas, pero
no cuando sirven para ejemplificar: otros aspirantes, en cambio, hablan
personalmente con los columnistas, tratan de explicar, de argumentar, de
convencer, pero con sus puntos de vista, sus argumentos, sus razones, y no
excluyen ni le agarran ojeriza a nadie por más que los critiquen o difieran de
lo que dicen.
Ojalá y esté equivocado en mi apreciación muy
personal, pero las palabras del senador en su artículo del domingo parecen
confirmarla: no le gusta, le molesta la crítica. Si eso es ahora, qué será
cuando llegue a gobernador, si es que llega, cuando tenga el poder, todo el
pinche poder: querrá sólo unanimidad, aplauso, cero crítica u otro punto de
vista. Ojalá esté yo equivocado.
Si alguien sabe, porque lo ha vivido, lo que
es llevar una mala relación con la prensa desde el poder por la chinga que le
ha puesto muchas veces por una mala conducción de su política de comunicación
social, ese es precisamente Javier Duarte.
El pasado 15 de junio, en su desayuno con la prensa de Xalapa con
motivo del Día de la Libertad de Expresión, dijo: “… les digo que un
gobierno que no tenga el apoyo, que no tenga la vinculación, que no tenga el
contacto con quienes hacen la labor de comunicar, como son ustedes, es un gobierno
que está totalmente predestinado al fracaso. Es muy importante el poder tener
esta relación, este puente de entendimiento y esta relación de binomio, que sin
querer sucede entre comunicadores y gobernantes”.

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