Prosa aprisa
Vayamos a votar
Arturo Reyes Isidoro
Estamos llegando a la antevíspera de las votaciones en el proceso
electoral más violento de que se tenga memoria en México, con 21 políticos
asesinados entre precandidatos, candidatos, coordinadores de campaña,
funcionarios o exfuncionarios y militantes, así como con un récord de delitos
electorales previos a la jornada comicial, con una institución tan poderosa
como lo es la Iglesia católica orando por una jornada en paz el domingo pero
conminando también a su feligresía a votar argumentando incluso que será un
pecado no hacerlo.
Veracruz no ha estado exento de violencia electoral, lo mismo contra
candidatos que contra instituciones lo que es reflejo de varias circunstancias
ante las que no podemos mostrarnos indiferentes y ante las cuales tenemos que
salir a decir con nuestro voto que estamos hartos del estado de cosas, que
seguimos insistiendo en la necesidad de un cambio de veras, que no queremos que
abusen más de nuestra paciencia y que queremos vivir en un país y en un estado
donde haya seguridad, se acabe la corrupción y la impunidad y se vaya para
siempre esa vieja clase política de la que forman parte muchos jóvenes que
tanto daño nos han hecho.
Ir a votar es un derecho que se ha logrado pese a los políticos y
debemos regirnos por instituciones y sólo en nosotros está evitar que nos sigan
gobernando los mismos que permiten a la vista de todos el vandalismo en varias
partes del país, que promueven reformas para frenarlas ellos mismos, como la
educativa, que no logran pacificar el territorio nacional frente a la
delincuencia organizada, que siguen repitiendo los mismos vicios, que atentan
contra la libertad de expresión y que no tienen calidad ni autoridad moral para
gobernarnos porque están sumidos en la corrupción.
Yo soy partidario de que hay que salir a votar, libremente, por el
mejor o el menos peor y demostrar a quienes nos gobiernan o mal gobiernan qué
pensamos de su actuación. La política no es asunto sólo de los políticos que
ahora más que nunca han tomado como rehén al país y heredan el poder a sus
descendientes o a sus incondicionales, o intentan hacerlo con todo cinismo y
como una burla que no debemos permitir más. La política es asunto de los
ciudadanos y por lo tanto no debemos legitimar más el enriquecimiento al amparo
del poder, el saqueo de las arcas públicas, el tráfico de influencias, el
abuso.
Debemos llevar al Congreso federal a las personas que consideremos más
idóneas para hacer leyes más justas y que se cumplan, que actúen y legislen a
favor de los intereses populares, que frenen y metan a la cárcel a tanto remedo
de político que medra al amparo del poder, que a su paso por un cargo sale más
rico que cualquier hombre de bien que haya trabajado toda su vida en forma
honesta y responsable.
La jornada del 7 de junio debe convertirse en un referéndum para
aprobar o desaprobar con nuestro voto a los gobiernos. No es con violencia como
debemos buscar el cambio, aunque la propiciaremos si no votamos para que por la
vía legal se dé. Vayamos a votar por quien consideremos que nos puede
representar mejor, defender mejor nuestros intereses, garantizarnos la mayor
transparencia y rendición de cuentas. El domingo por la noche debemos celebrar
el triunfo de nuestra voluntad. Si queremos que las cosas sigan igual que cómo
están, votemos por los mismos. Si queremos que se vayan, votemos por una mejor
opción, o por la menos peor.
Esta elección debe ser de los jóvenes, hombres y mujeres, de los que
por primera vez tienen la edad y la oportunidad de ir a votar. En sus hogares y
en sus escuelas deben escuchar qué piensan sus padres o sus mayores de por qué
el país y el estado están cómo están y no deben permitir más que siga
ocurriendo. Deben pensar en la herencia maldita que recibirán si no actúan
desde hoy y a tiempo. Si no ejercen su derecho entonces tendrán que conformarse
con ver cómo los juniors, sin ningún mérito salvo ser hijos de políticos
señalados por la fama pública de ser corruptos, les quitan las oportunidades,
sus oportunidades y deciden por ellos.
El domingo podemos y debemos ir a votar antes de que llueva e incluso
antes del partido de futbol entre México y Brasil. Ciertamente desde el poder y
hasta el último segundo buscarán distractores para que nos quedemos en nuestras
casas y otros puedan rellenar las urnas por nosotros y los mismos de siempre
sigan enquistados en el poder. No ir a votar el domingo será un pecado a la luz
de la Iglesia, pero también un pecado político. El ciudadano, por muy humilde
que sea su condición, debe pensar que la despensa y todo lo que le regalan e
incluso lo que le pagan por su voto no es gratuito pues sale de sus propios
impuestos. Por lo tanto, debe recibir lo que le den pero votar libremente, para
que se acabe para siempre su condición de manipulable debido a su necesidad y
se le ofrezcan más y mejores oportunidades de empleo para una vida más digna,
para él y su familia, para él y sus hijos.
En Veracruz esta elección antecede a la de la renovación de la
gubernatura en doce meses más. Debemos empezar a tomar nuestra posición desde
ahora y empezar a eliminar lo que no queremos. La oportunidad está abierta, es
para todos, no debemos dejarla pasar. Vamos a votar. Yo invito a mis lectores a
hacerlo.
Libertad de expresión
Pero el domingo también se celebra en México el Día de la Libertad de
Expresión, una fecha que por fortuna ya no se circunscribe a quienes escribimos
y publicamos regularmente en medios, pues las redes sociales les dan hoy
oportunidad a todos para ejercer ese derecho, por fortuna también sin estar sujetos
al control oficial.
Una es la libertad de prensa y otra la de expresión. La primera nos
corresponde directamente a quienes hemos hecho del ejercicio periodístico un
oficio y una profesión. Las redes sociales hoy nos acicatean. Si no cumplimos
con nuestro deber, el ciudadano nos sustituye y además en tiempo real. De la
efectividad y de la importancia de la participación de todos quedó testimonio
cuando un vecino indignado por el abuso fotografió a un funcionario federal
utilizando un helicóptero de la dependencia de la que era jefe como taxi aéreo
particular para facilitar el viaje al extranjero, de vacaciones, de toda su
familia, y lo denunció en las redes. Hoy ese mal funcionario ya no está.
Pero para el periodista es exigencia, obligación, cumplir con
parámetros universales como el apego a la verdad, la independencia, el rigor
ético. El año pasado Carmen Aristegui y un equipo de periodistas profesionales,
de investigación, también nos demostraron el poder de la prensa frente al poder
y el abuso del poder. La batalla entre el poder y la prensa, uno para tratar de
coartarla y la otra para luchar por ejercerla es inmemorial. En México hoy
hemos avanzado mucho pero el amago persiste y el riesgo es real. Pero no se
debe de claudicar.
Sólo los ciudadanos a fuerza de su voto y los periodistas a fuerza de
decir la verdad cambiarán el estado de cosas. Actuemos con responsabilidad.

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