Prosa aprisa
AMLO: “Ahued, hombre de toda
mi confianza”
Arturo Reyes Isidoro
No cabe duda: en política el
trabajo, los resultados, la honestidad, el verdadero servicio público, el
ejercicio político profesional, la experiencia y el sentido común dan resultados.
Ayer quedó plenamente
demostrado cuando el propio presidente Andrés Manuel López Obrador publicó en
sus redes sociales una fotografía donde informa que por la tarde se reunió en
Palacio Nacional con el titular de la Administración General de Aduanas,
Ricardo Ahued Bardahuil.
Fue para instruirle que
limpie de corrupción el área bajo su cargo, “sin permitir influyentismos ni
impunidad” porque la de las aduanas “es una de las áreas más contaminadas por
la corrupción”.
La gráfica muestra que la
reunión fue en el despacho presidencial y cómo el presidente posó al lado del
exalcalde de Xalapa, cercanía que quedó testimoniada con palabras del propio
AMLO. Apuntó que Ahued es “un hombre de toda mi confianza por su honestidad”.
No recuerdo haber escuchado o
leído que López Obrador haya dicho antes, ya como presidente, que algún otro
veracruzano (Ricardo lo es por derecho propio, xalapeño, aunque no nació en el
Estado); que algún otro veracruzano es de “toda” su confianza y además que lo
haya recibido en su despacho.
Solo para Cuitláhuac García
Jiménez ha tenido palabras de reconocimiento en función de su cargo como
gobernador pero las pocas veces que han aparecido juntos en alguna fotografía
ha sido en alguna reunión de trabajo o en una conferencia de prensa mañanera,
pero que recuerde no se conoce una similar a la de ayer.
No es menor el hecho y hay
que situarlo –eso opino– en su justa dimensión porque si bien fue para una
reunión de trabajo, Ahued no es secretario de despacho, ni siquiera
subsecretario, que son los únicos que pueden pasar la aduana que lleva al
despacho presidencial. Con frecuencia las columnas políticas de los diarios de
la Ciudad de México comentan que los propios secretarios tienen que ir a las
conferencias mañaneras para tratar de hablar con el presidente porque no los
recibe.
Cobra además mayor relevancia
el hecho porque fue el propio presidente quien lo dio a conocer; quiso que se
supiera, envió un mensaje a propios y extraños, a quienes tienen que ver
directamente con trámites en las aduanas, pero, de paso, también a los
veracruzanos.
¿Hace cuánto un presidente de
la república no distinguía así a un político veracruzano que no fuera
gobernador o secretario de despacho? No recuerdo. ¿Pero que además hiciera
saber públicamente que es un hombre de toda su confianza por su honestidad?
Tampoco.
El pasado 27 de mayo (“Avanza
Ahued a segunda base”) comenté en “Prosa aprisa”, a propósito de su
nombramiento como nuevo administrador general de Aduanas del Servicio de
Administración Tributaria (SAT), que AMLO había cumplido su palabra y su
ofrecimiento de incorporarlo a su gobierno.
Dije
que si un elemento había tomado en cuenta, entre varios que lo distinguen, es
que lo consideraba un hombre de resultados.
“Previo
a que entrara en funciones como senador de la república, en agosto de 2018
López Obrador, ya como presidente electo, se reunió con el exalcalde de Xalapa
y le adelantó que posiblemente estaría poco tiempo en el Congreso federal
porque pensaba invitarlo a formar parte de su equipo una vez que asumiera la
presidencia”. Originalmente estaba enfilado para ser subsecretario de Economía.
Retomo
otra parte de aquella columna:
“Marcha a trancos
El suyo ha sido un ascenso político y ahora
administrativo acelerado dentro de Morena si se toma en cuenta que apenas hace
21 meses, el 3 de septiembre de 2017, se adhirió a la causa de AMLO al firmar
el Acuerdo de Unidad, Prosperidad y el Renacimiento de México en un acto
celebrado en el Monumento a la Revolución de la capital del país.
Una semana antes, la tarde del sábado 26 de
agosto de aquel año, platiqué con él. Me dio su argumento, contundente, que lo
orillaba a sumarse a la causa de Andrés Manuel López Obrador para que llegara a
la presidencia.
Me dijo que había quienes decían temer que con
AMLO México se convirtiera en otra Venezuela, que cayera en el ‘chavismo’. Sacó
a colación entonces que en el último trimestre de 2016 los ingresos de 49
millones de mexicanos no les habían alcanzado para comprar la canasta básica
alimentaria.
‘Si no lo vemos como cosa seria, si permitimos
que sigan prevaleciendo s0lo los intereses de algunos para beneficiarse a
través de un partido, no veremos por el resto de la población’. Dijo que no
había que temer a que ello ocurriera. ‘En lo personal, el único temor que tengo
es que las cosas sigan igual’.
A su juicio, el Movimiento de Regeneración
Nacional (Morena) era la última oportunidad, ‘la última llamada que tenemos’
para intentar el cambio que necesitaba el país.
Invitado por la dirigente nacional Yeidckol
Polevnsky a sumarse a la causa de Morena, tres meses después el 11 de diciembre
de ese mismo año se registró como precandidato a senador por ese partido. En la
elección de julio de 2018 él y Rocío Nahle, la otra candidata al Senado,
obtuvieron una votación histórica: un millón 820 mil votos, 153 mil más que el
propio candidato a la gubernatura Cuitláhuac García”.
Solo le
falta ocupar un cargo político
Hasta 2005, Ahued no era más que un exitoso
comerciante de Xalapa y un ciudadano más. Empujado por un grupo de amigos fue
que decidió participar en política. Logró ese año la alcaldía con una votación
histórica. Después ha sido diputado local y federal y es ahora senador con
licencia, o sea, peldaño a peldaño ha logrado escalar todos los cargos de
elección popular. Lo único que le queda por alcanzar es la gubernatura.
Remato con el mismo párrafo de aquella columna
del pasado 27 de mayo:
“Para
utilizar el lenguaje del deporte favorito del presidente, el beisbol, se puede
decir que con la posición de senador estaba embasado ya en primera, y que ahora
con su nombramiento avanza a la segunda base. Si tiene éxito en un cargo donde
impera la corrupción y con un alto riesgo en su seguridad personal por los
intereses que se pueden ver afectados, puede llegar hasta la llamada antesala
por los cronistas deportivos, la tercera base. De ahí al home para
anotar la carrera, que puede ser la de la victoria, la del triunfo, hay muy
poco trecho: apenas 90 pies, casi 27 metros y medio. Va ya, pues, a la mitad de
los senderos (otra vez como dicen los cronistas de beisbol). Y desde la tribuna
le echan porras neomorenos, morenos, priistas, verdes y hasta panistas”.
A diferencia de entonces, de hace poco más de dos meses, el
propio mánager proclama ahora que es un hombre de toda su confianza: ¿su cuarto
bat para lo que viene?

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