Prosa aprisa
Mucho en juego, en la
elección interna panista
Arturo Reyes Isidoro
Más que otras veces –eso
creo–, el proceso que culminará con la elección del nuevo dirigente estatal del
PAN ha despertado interés no solo entre la militancia blanquiazul sino en el medio
político en general. Hay varias razones para ello.
Esta vez la pugna no se
reduce solo a la elección interna, que tendrá lugar dentro de dos semanas y
media, y su resultado, sino también al rumbo que tomará ese partido en el
futuro inmediato y al destino político de la corriente, o más bien del grupo
casi reducido a clan, del exgobernador Miguel Ángel Yunes Linares.
En una apretada elección en
noviembre del año pasado, todavía dentro del gobierno yunista, José Mancha
Alarcón se declaró ganador, pero el resultado fue impugnado por su contrincante
Joaquín Guzmán Avilés.
La inconformidad de Guzmán
fue ignorada por la Comisión de Justicia de su partido ante lo que el Tribunal
Electoral Estatal ordenó revisar a fondo el caso, lo que se hizo pero la Comisión
avaló el resultado a favor de Mancha. Un nuevo recurso de inconformidad
guzmanista llevó a que el Tribunal decretara la nulidad de la elección.
Entonces Mancha también se
inconformó y el caso llegó a la Sala Regional Xalapa del Tribunal Electoral del
Poder Judicial de la Federación (TEPJF), que volvió a avalar el resultado del
11 de noviembre, pero Guzmán insistió en su inconformidad.
Finalmente, el 17 de julio
pasado la Sala Superior del TEPJF determinó que la Sala Regional había omitido
el análisis de las irregularidades, que calificó de graves, por lo que anuló la
elección y ordenó al PAN convocar a comicios extraordinarios, que tendrán lugar
el próximo 8 de septiembre.
Las nuevas circunstancias políticas
El nuevo proceso, que
formalmente inició el martes pasado, se da en medio de nuevas circunstancias
políticas: Yunes Linares, aliado y promotor de Mancha, ya no es gobernador y ya
no goza del poder político que tuvo, la bancada panista en el Congreso local
está dividida entre quienes lo siguen y quienes apoyan a Guzmán, y los panistas
de viejo cuño, de sangre azul, se han reagrupado para tratar de recuperar el
control de su partido y con ello evitar que siga decidiendo unilateralmente,
conforme a sus intereses, el exgobernador, utilizando a Mancha para ello.
Pero el merengue y las fresas
del pastel están en que el resultado de la elección de septiembre decidirá
también la próxima candidatura al gobierno del Estado. Si pierde el grupo
yunista casi se cancelarán las posibilidades de que repita el hijo del
exgobernador, Miguel Ángel Yunes Márquez.
En el grupo guzmanista están
seguros que las condiciones están dadas para que se hagan de nuevo del control
de su partido, que les arrebató Yunes Linares luego de que el entonces
dirigente estatal Víctor Alejandro “Pipo” Vázquez Cuevas lo invitó a
incorporarse a sus filas, decisión de la que dijo después que se arrepentiría
por el resto de sus días. Tras treinta años de militancia, al Pipo
prácticamente terminó por echarlo del PAN una vez que tuvo el control.
Los guzmanistas realizan una
intensa labor de información con los militantes para desactivar el único
señalamiento que les hace el grupo yunista: que están aliados con Morena. Ven
la acusación como un acto desesperado de sus contrarios porque, aseguran, saben
que no tienen la mayoría y que serán derrotados.
Mancha, el último y único recurso
Pero, igualmente, saben bien
que Mancha fue el último recurso, y el único, que les quedó para tratar de
mantener el control de la dirigencia estatal porque en el fondo no lo quieren
tanto que buscaron negociar con otros destacados panistas para que aceptaran
ser sus candidatos a la dirigencia a cambio de que si ganaban le cedieran la
mitad de las posiciones en el Comité Directivo Estatal y en el proceso
electoral de 2021 la mitad de las candidaturas. Ninguno aceptó y hoy están
apoyando a Guzmán Avilés.
Tal vez la más seria
diferencia, que terminó en pleito, fue con el senador Julen Rementeria del
Puerto, quien si la corriente guzmanista gana la dirigencia se convertirá en el
más fuerte –aunque no el único– aspirante a la candidatura a gobernador en
2024. Otro potencial candidato sería el alcalde de Medellín, Hipólito Deschamps
Espino Barros, a quien consideran una opción joven. Deschamps fue designado el
pasado 14 de agosto como nuevo coordinador de los alcaldes panistas del Estado.
En forma callada, los
guzmanistas no han dejado de recorrer el Estado y de reunirse con la
militancia, han asegurado adhesiones, pero también tienen el apoyo de
influyentes panistas del altiplano e incluso
de expanistas de renombre que hasta podrían reafiliarse si la nueva corriente
llega a la dirigencia.
Mala imagen de manchistas
Los guzmanistas saben bien
que a Mancha le pesa su mala imagen, dañada por presuntos actos de corrupción
en los que presuntamente estarían involucrados hasta sus familiares, y la
inconformidad interna porque junto con aliados como el coordinador de la
bancada panista en el Congreso local, Sergio Hernández, han usado la dirigencia
con sentido patrimonialista y se han enriquecido a su sombra.
Pero también tienen presente
que les pesa ante la militancia la presencia en su grupo de personajes como el
alcalde de Actopan, José Paulino Domínguez Sánchez, presuntamente involucrado
en el asesinato del periodista Jorge Celestino Ruiz Vázquez, o que lleven en su
planilla a Angélica Méndez Margarito, esposa del exsíndico de Mixtla de
Altamirano, Ricardo Pérez Marcos, detenido por la Fiscalía General del Estado
como presunto autor intelectual del homicidio de la alcaldesa Maricela Vallejo
Orea.
De acuerdo a los guzmanistas,
sin embargo si ganan llegarán a sumar y a unir, pero no a permitir más
prácticas priistas como el dedazo en la asignación de candidaturas que practicó
el exgobernador Yunes; en todo caso, dicen, lo considerarán un militante más y
si quiere candidaturas para sus pupilos estos tendrán que ganarlas en
elecciones libres internas que piensan volver a practicar, y si las obtienen, dicen,
tendrán todo su apoyo.
También tienen muy claro que
no le van a permitir que meta la mano en las decisiones que solo correspondan a
la dirigencia y menos que le van a ceder la mitad de los cargos en la
dirigencia, como tampoco de las candidaturas a alcaldes y diputados locales (igual
los alerta que Morena, el gobierno del Estado, quiera inmiscuirse en el proceso).
Está, pues, mucho en juego en
la elección interna de septiembre. Está también muy claro qué se puede esperar
si gana la corriente o el clan. En los militantes panistas está decir qué
quieren.


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