Prosa aprisa
Ni chairo ni fifí; gobernador
Arturo Reyes Isidoro
Soy de los que cree que el
gobernador Cuitláhuac García Jiménez es una buena persona, que no actúa con
maldad, aunque le falta malicia entendida esta como sagacidad para moverse en
la selva de la política llena de fieras muchas de ellas dispuestas a
destrozarlo.
A ello se suma su falta de
experiencia administrativa, muy distante del activismo que practicó como
militante político y diferente también de la tarea legislativa en la que pudo
incursionar antes de asumir su actual responsabilidad.
Por referencias que tengo de
reuniones internas con algunos de sus colaboradores, creo que a lo anterior se
suma que, como se dice comúnmente, se monta en su macho y nadie lo hace cambiar
de parecer o de alguna decisión que haya tomado.
O sea, para él hay solo una verdad,
un solo punto de vista, una sola razón: la suya. Por lo tanto no escucha la
opinión de otros ni acepta conceder el beneficio de la duda. Los integrantes
del gobierno, por lo mismo, solo son unos convidados de piedra, no deciden
nada.
A todo lo anterior atribuyo que esté
cometiendo errores, lo que tal vez no percibe o que si lo hace los minimiza,
pensando que no tienen mayor trascendencia y que no tendrán mayores
consecuencias en su administración.
El gobernador no solo tiene que
serlo, sino también parecerlo. Su imagen debe corresponder, ser la apropiada a
su investidura.
En la pasada Reunión de la Comisión
de Seguridad y Justicia de la Conago, celebrada en la Ciudad de México, en la
foto oficial aparece relegado en el último lugar a la derecha (viéndola de
frente). Desentona, además.
Es el único que no se vistió de
traje si bien portó un saco en tono azul, un pantalón en un tono verde claro
(no combinaban) y camisa blanca, sin corbata. El resto, los civiles aparecen
bien trajeados, como que son gobernadores de sus estados, y los militares con
toda la propiedad que ordena su protocolo para ceremonias especiales.
No faltó el agudo observador,
político por supuesto, que me hizo el comentario irónico: parece que es el que
sirve los cafés, no el gobernador de uno de los estados más importantes del
país, que bien podría ser una república independiente.
¿No tiene un asesor de imagen que le
vaya diciendo cómo debe vestirse para tal o cual ocasión?, ¿cómo combinar los
colores de su ropa? La vestimenta connota, además, un lenguaje no verbal, está
significando algo, diciendo algo. El medio es el mensaje, postuló Marshal
McLuhan.
El presidente Andrés Manuel López
Obrador, su modelo por excelencia, lo entiende muy bien por lo que en Palacio
Nacional y en ceremonias especiales viste de traje, le da la relevancia que
exige su investidura.
No es que el hábito no haga al
monje, es que en política, sobre todo en la política que se practica en nuestro
sistema, aplica en todos sus términos aquello de que como te ven te tratan.
El gobernante, lo mismo del país
como de un estado como el de Veracruz, tiene que hacer valer su alta
investidura y ello pasa por su forma de vestir: ni chairo ni fifí, gobernador,
en toda la línea. En la foto a la que hago alusión, él o el ayudante que le
asiste debió haber reclamado el lugar que se merece acorde con la importancia
del Estado que gobierna.
No cuidar su imagen le baja sus
bonos ante sus representados. Es un error que aparentemente no tiene
relevancia.
Dejan pasar una buena noticia
El jueves de la semana pasada, el
Gobierno que encabeza emitió un decreto por el
que se condonará al 100 por ciento el pago del Impuesto Estatal sobre Tenencia
o Uso de Vehículos y sus accesorios, así como la actualización, recargos y
multas a las personas físicas o morales inscritas en el Registro Estatal de
Contribuyentes en Materia Vehicular del Servicio Público.
Al respecto, Cuitláhuac
García se limitó a anunciar que "la inscripción al Registro Vehicular
Permanente del Transporte Público será gratuita".
Quién duda que fue una muy
buena noticia para los veracruzanos, sin embargo casi se perdió como una
información más. Su relevancia era para que le hubieran sacado provecho
político, tanto para su persona como gobernante como para su partido que lo
llevó al poder, máxime cuando ya se han agitado las aguas del proceso electoral
de 2021 y han asomado la cabeza no solo competidores sino enemigos suyos que no
tendrán con él ninguna consideración para sacar a Morena del palacio de
gobierno.
El anuncio era como para
haber echado las campanas a vuelo y el secretario de Gobierno, se supone el
operador político de la administración, hubiera movilizado a los transportistas
del Estado en especial, pero en general a los propietarios de vehículos, en
actos de reconocimiento por el beneficio de las decisiones tomadas.
Fidel Herrera Beltrán o
Miguel Ángel Yunes Linares hubieran cacareado el huevo por todo el estado y se
hubieran organizado actos para que las “fuerzas vivas” les dijeran que iban a
seguir votando por sus proyectos, pero acá lo que ha reinado es el silencio. ¿Dónde
están sus operadores políticos? ¿Nadie le dice o le sugiere lo que se debe
hacer en estos casos? ¿O de plano nadie le dice o le sugiere algo porque no
escucha ni hace caso?
Doble agravio a la Iglesia
¿Qué poderosa razón tuvo
para no asistir a los funerales del cardenal Sergio Obeso Rivera, él el
gobernador de un pueblo mayoritariamente católico y cuya feligresía, que
también vota, vivía horas de duelo?
¿Porque es comunista,
marxista, stalinista, castrista, izquierdista? ¿Por qué no cree en Dios?
No tenía pretexto válido
para no haber ido a presentar sus condolencias a la jerarquía eclesiástica
representativa de todo el pueblo católico de Veracruz. Ninguno.
El Estado Vaticano y el
Gobierno de México mantienen relaciones y la diplomacia es un buen vínculo de
acercamiento entre la poderosa institución universal y los gobernantes de un
país que se enfrentaron en el pasado.
Hace 88 años el gobierno de
Adalberto Tejeda persiguió a los sacerdotes del Estado, el entonces obispo
Rafael Guízar y Valencia al frente de ellos. Desde el siglo pasado las
relaciones Estado-Iglesia en Veracruz han sido respetuosas e incluso cordiales.
El gobernador Agustín
Acosta Lagunes, un hombre liberal y muy culto, apoyó a la Iglesia con muchas
obras, aunque nunca las publicitó. Todos los gobernadores priistas e incluso el
panista inmediato anterior tuvieron el mejor nivel en sus relaciones bajo la
premisa de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
¿Acaso sobrepuso la
diferencia de posturas por el tema del aborto y los matrimonios gay a un acto
piadoso como solidarizarse en horas de dolor con una comunidad fervientemente
creyente ante la muerte de un veracruzano excepcional, el primer cardenal en la
historia del Estado?
Si esa fue una falta grave,
fue una ofensa que en su representación haya enviado a una gente menor como el
secretario de Gobierno, a quien en febrero pasado la Arquidiócesis lo calificó
de ignorante porque acusó a la Iglesia de apropiarse de algunos valores
espirituales y de usar el sacramento de la confesión para las homilías
dominicales.
En su momento supe de
primera mano del rechazo de la jerarquía eclesíastica al secretario, lo que
motivó que incluso interviniera directamente la Secretaría de Gobernación. Por
eso me atrevo a expresar que la ausencia del gobernador y la presencia del
secretario serán tomadas como agravio.
Son errores que si no se
corrigen van a pesar en contra del gobierno de Morena. Pero el único que debe y
puede poner el remedio parece que no se da cuenta de nada.

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