Prosa aprisa
La percepción y la realidad
Arturo Reyes Isidoro
La percepción –del verbo
percibir– tiene su base en la realidad.
Recibe uno impresiones
exteriores por medio de los sentidos, impresiones por hechos, por sucedidos,
que, ciertamente, luego se dimensionan a veces hasta llegar hasta la
distorsión.
Pero, para el caso del que me
ocupo, una mala percepción solo puede cesar si se anula o desaparece la causa,
lo que la motiva.
La señora secretaria de
Turismo, Xóchitl Arbesú Lago, otorga, ahora sí, relevancia al papel que juega
la prensa.
Le solicita su apoyo para
reducir la percepción de inseguridad. Al menos, así sea indirectamente, alguien
del gobierno reconoce la importancia de los medios para contribuir en la
solución o disminución de los problemas.
En su petición puso como
ejemplo las ciudades de Coatzacoalcos y Minatitlán, en el sur del Estado, en
las que dijo que hay una “alta percepción de inseguridad” sin que ello implique
un alto índice delictivo.
Su argumento tiene algo de
cierto, aunque extraña que haga tal afirmación cuando, oriunda ella misma de
Mina (como se abrevia en el sur la palabra Minatitlán), sabe que la realidad se
impone.
No es que se haya reducido el
índice delictivo, es que mucha gente de plano ya no sale a la calle para no
exponerse a que la asalten o, peor, a que la secuestren para extorsionar a sus
familiares. Y quienes resultaban víctimas mejor ya no denuncian.
Pero la mala percepción no la
ha creado la prensa, los medios; estos solo reflejan los hechos al dar cuenta
de lo que pasa, y lamentablemente pasa mucho y malo.
La gente percibe la
inseguridad y vive temerosa y alarmada porque o ha vivido en carne propia o ha
visto o ha escuchado de algún familiar, vecino o amigo, algún tipo de agresión.
La mala percepción nace de
los hechos y aumenta ante la ineficacia de los cuerpos de seguridad, ante las
fallas de las políticas en la materia de las tres instancias de gobierno
(municipal, estatal o federal), en ambas ciudades, de Morena.
Cierto, el problema no es
nuevo, viene desde los gobiernos del PRI, persistió en el pasado gobierno
estatal del PAN y continúa con los gobiernos morenistas.
La prensa no puede hacer nada
de lo que pide la señora Arbesú porque no puede dejar de informar lo que pasa,
no puede ocultar la realidad ni mentir y engañar a la población.
Mis compañeros del sur no
pueden pintar una falsa imagen en rosa cuando el color de la realidad es de
rojo infierno.
El mes pasado durante el
periodo vacacional estuve dos veces en Coatzacoalcos y lamenté con mi familia
que una ciudad tan bonita, otrora alegre y bullanguera, tenga ahora espacios
que semejan pueblos fantasmas en horas en que en otras ciudades la población
vive y pasea por sus calles con toda normalidad.
Doña Xóchitl minimizó el
problema negando que la percepción de inseguridad haya provocado
“contratiempos” en la reservación de hoteles de la región.
Es cierto, no los hubo simple
y sencillamente porque nadie quiere ir a exponerse. Un sábado pasé a las ocho
de la noche frente a céntrico y antes animado hotel, y estaba casi totalmente a
oscuras, ni una luz encendida había en la habitación de cualquier piso.
Nuevamente me hallé con
calles y avenidas casi vacías, sin gente caminando y sin vehículos circulando
cuando apenas comenzaba a oscurecer.
Me encontré a conocidos que
son oriundos de la ciudad pero que viven en Xalapa, quienes me dijeron que van
con mucho temor, que hacen lo que tienen que hacer y de inmediato se van si no
tienen necesidad de quedarse a pernoctar.
Pero la mala percepción que
ahuyenta a todos no la provoca la prensa, como para pedirle que ayude a
disminuirla. En todo caso la prensa dirá que ya disminuyó cuando disminuyan la
inseguridad y la violencia.
En eso sí, en difundir la
buena nueva, cuando la haya, ayudarán los medios para que los ciudadanos empiecen
a despejar el temor, recobren la confianza y vuelvan a salir a la calle.
Creo que el llamado de la
secretaria Arbesú debe estar más bien dirigido al secretario de Seguridad
Pública, Hugo Gutiérrez Maldonado, responsable directo de brindar seguridad en
la vida y en el patrimonio de los veracruzanos, incluidos los de Coatza y de
Mina.
Cuando don Hugo haga bien su
trabajo, los medios lo van a decir sin que se los pidan como algo especial.
En Coatzacoalcos la llegada
de los elementos de la Guardia Nacional no ha logrado inhibir a la
delincuencia.
Aquí sí, una es la realidad
oficial, alejada de la realidad real, válgase todo el juego de palabras, y otra
es la realidad que vive la población. Y una es la percepción generalizada y
otra el reflejo que hacen los medios de los hechos y acontecimientos que
constituyen la realidad.
Factor político decidiría titularidad del ORFIS
A partir de casi ya, la
atención empezará a centrarse en los diputados integrantes de la Comisión
Permanente de Vigilancia de la Legislatura local, quienes decidirán sobre la
titularidad del Órgano de Fiscalización Superior del Estado de Veracruz
(ORFIS).
El actual titular Lorenzo
Antonio Portilla Vásquez ha sido muy claro en su intención de continuar al
frente del organismo pero también en que serán los legisladores de dicha
comisión los que dirán la última palabra.
Un abogado que sabe del tema
me ha dicho que hay argumentos legales para que siga en el cargo, por lo que
podría ser reelecto o designado de nuevo. Me invocó el artículo 67 fracción III, Apartado 6, de la Constitución
Política local, y 66, 67 y 68 de la Ley 252 de Fiscalización Superior para el
Estado de Veracruz.
Pero me aclaró que como dicho
ordenamiento ya se modificó, eso sí quien sea designado ya no podrá repetir en
el cargo en el próximo relevo.
Portilla Vásquez, de larga
trayectoria en el servicio público, ha declarado que no está obsesionado con el
cargo, que el tema no le quita el sueño, pero que como la ley lo permite y si
hay condiciones, está puesto y dispuesto a dar continuidad al trabajo que ha
realizado, sobre todo en lo que a modernización y participación ciudadana en
los temas de fiscalización se refiere.
A mi juicio podrían pesar a su
favor todas las carpetas de investigación contra funcionarios de la pasada
administración, tanto las que ya ha consignado como las que tiene abiertas, por
lo que el morenismo, que ahora tiene el poder político, podría apoyarlo y dejar
que termine la tarea.
El interés político jugará un
papel importante en la decisión final, sobre todo porque al morenismo no le
conviene que levante la cabeza el yunismo.
Pero serán los diputados de la
Comisión Permanente de Vigilancia los que tendrán que evaluar su trabajo y
dictaminar y someter al pleno su propuesta con la participación de 34
legisladores, o sea las dos terceras partes del Congreso del Estado.

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