Prosa aprisa
La Armada,
justo homenaje
Arturo Reyes Isidoro
En la antevíspera del Día de la Marina, el gobernador Javier Duarte de
Ochoa encabezó ayer un justo homenaje a la Armada de México, hoy por hoy la
institución señera en la que descansa buena parte de la seguridad de los
veracruzanos, sin demérito de la labor que realiza al respecto también el
Ejército.
Alguna vez, ante el cuestionamiento que se hacía al papel de los soldados
en las calles del país haciendo tareas de seguridad que corresponderían a las
policías civiles y ante los señalamientos de atropellos o violaciones a los
derechos humanos, que sin duda los hay y los ha habido, dije también que, no
obstante, había que reconocer que sin la participación del instituto armado y
ante la incapacidad y complicidad de las policías con la delincuencia
organizada, el país habría sucumbido y caído en poder de los grupos
delincuenciales. Lamentable y tristemente, hoy la imagen del Ejército está
dañada por los señalamientos contra altos mandos que habrían cedido a la
tentación de involucrarse con ese tipo de delincuencia, aunque por fortuna,
creo, se trata de casos aislados y los verdes siguen exponiendo sus vidas en
esta cruente guerra que ya arroja más de sesenta mil muertos en el presente
sexenio.
Pero en Veracruz, en especial a partir de la actual administración, de
pronto la Marina asumió un rol de primera línea y con ello el mando de las
fuerzas coordinadas de seguridad para combatir a la delincuencia organizada,
pero también para tratar de brindar seguridad a los veracruzanos, tarea en la
que sus elementos están involucrados de lleno sin ser esa su misión específica.
Los medios informativos y las redes sociales dan cuenta de los operativos y de
las acciones de los hombres armados del mar y, en algunas ocasiones
tristemente, también de las bajas en vidas humanas que han sufrido.
Así como para el Ejército en todo el país, lo mismo se puede decir de la
Armada de México para Veracruz: si vivimos días trágicos, de violencia con
saldos preocupantes, no hay duda que la situación no se ha generalizado gracias
a los marinos y que es invaluable el servicio que prestan en funciones de
policías. Si bien hay quejas por algunos atropellos, son más los comentarios
favorables a su actuación e inspiran tal confianza que los mismos presidentes
de varios municipios han solicitado que ellos se hagan cargo de la vigilancia
en sus demarcaciones.
Seguramente entre el Ejército y la Marina no se trata de una competencia
sino de un trabajo complementario, pero a los ojos de la sociedad y dado el
número de soldados de todos los niveles procesados por complicidad con el
crimen organizado, hoy la Armada tiene mejor imagen pues ningún alto mando se
ha visto involucrado en algún señalamiento y tampoco sus elementos de tropa
–serían una excepción los casos–, por lo que constituye una esperanza en esta
cruenta guerra y acaso sea la última –y la primera a la vez– institución en que los mexicanos, los
veracruzanos, depositan su confianza. No hay mucho ya, o no hay nada más, de
quien esperar protección.
Por eso pocas veces un homenaje se justifica tanto como el de ayer y en ese
sentido el gobernador Duarte ha interpretado bien a los veracruzanos, en cuyo
nombre encabezó el develamiento en letras de oro, en el recinto de sesiones del
Congreso del Estado, de la leyenda “Heroica Armada de México”.
El titular del Ejecutivo aludió directamente a la tarea que se realiza en
la zona conurbada Veracruz-Boca del Río-Medellín, pero en Xalapa vemos a diario
rondar a los marinos, lo mismo en Córdoba que en otras regiones del estado.
Como bien dijo Duarte de Ochoa, la inscripción en el muro de honor del
Congreso local es un testimonio de una relación entre la Armada y el pueblo de
Veracruz, una relación que va más allá del tiempo y que estará ahí para
recordar siempre que solo uniendo esfuerzos se podrá alcanzar la paz y la
prosperidad. Quizá, pienso, algún día, en el futuro, nuestros descendientes
verán esas letras, esa leyenda, esa inscripción y recordarán que hubo una etapa
en la historia de México y de Veracruz en la que la paz, la seguridad, la
estabilidad e incluso la gobernabilidad estuvieron en riesgo, y que se salió
adelante por la determinación de instituciones como la Marina y el Ejército,
pero también de una autoridad civil que antepuso el interés por la vida y la
seguridad de sus representados ante que reducir su visión a solo el cuerpo de
seguridad pública del estado. Aquí sí, al honrar ahora a los marinos, como ya
lo hizo antes con el Ejército, Duarte se honra.
En el mismo tema de seguridad-inseguridad, el secretario de Seguridad
Pública, Arturo Bermúdez Zurita, al acudir a la ceremonia, declaró que en
Xalapa y en todo el territorio se hará lo que se tenga que hacer para mantener
la seguridad y la certidumbre de los ciudadanos, declaración oportuna y no por
sabida innecesaria, pues el peligro acecha todos los días y sería mezquino no
reconocer lo que se hace que, como solía repetir Yayo Gutiérrez, cuando se hace
lo que se puede se hace lo que se debe. Bermúdez se refirió a los retenes de
seguridad instalados en los accesos y salidas de Xalapa –también los ha habido
en Coatepec– y reconoció que es un tanto molesto a veces “pero es necesario
aquí y en otros lugares”. Pues sí. Eso creo que todos los veracruzanos lo
entendemos y si no debemos entenderlo y colaborar, pues al final se trata de la
seguridad de todos, de la nuestra incluida.
Julen va a terminar
diabético
Con tanto disgusto y coraje, con tanta decepción, con tanta incertidumbre, con
tanta desesperanza, sujeto a la crítica, al chascarrillo hiriente, acaso al
reproche de sus cercanos por su terquedad, Julen Rementería del Puerto puede
terminar hasta diabético pues no es para menos lo que le sucede como para ver
afectada su salud, aunque nadie más que él tiene la culpa: una y otra vez ha
recibido muestras directas, personales, de que en la cúpula nacional de su
partido, el PAN, no lo quieren, no lo ven como el candidato idóneo para
encabezar la primera fórmula, y se ha aferrado a tal pretensión. Una vez más,
ayer, recibió un duro revés, esta vez sin posibilidad alguna de recuperarse y
luego de la cuenta de diez continuar con la pelea, pues el otorgamiento
definitivo del derecho a encabezar la primera fórmula al Senado de su partido a
Fernando Yunes Márquez equivale a un nocaut fulminante.
A Julen hay que reconocerle su batalla por lo que cree que le corresponde
en derecho y en justicia, pero, una vez más lo ha comprobado, en política eso
no cuenta. Hay que reconocerle también que realiza muy buena tarea como vocero
de la candidata presidencial de su partido Josefina Vázquez Mota –a mí me llega
de manera oportuna y en forma abundante su información, lo que le reconozco–,
así como también, no obstante el trato que ha recibido, que se ha mantenido
fiel a su partido. Lo menos que puede deseársele es que si no llega al Senado,
como todo indica que no sucederá pues los candidatos del PRI ganarán las dos
posiciones de mayoría y Yunes Márquez la primera de minoría, se le reconozcan
sus méritos en el futuro y sea justamente retribuido con alguna posición relevante
partidista pues, ¡ay!, cargos en el gobierno ya no habrá pues perderán la
elección presidencial.
¿La primer baja por
antidoping?
Donde sí consideran necesaria la medida anunciada por el gobernador Javier
Duarte de que los servidores públicos se hagan el antidoping es en Jalacingo,
un municipio colindante con Teziutlán, Puebla, pues a los vecinos les inquieta
que el alcalde Emilio Álvarez Pimentel, perredista él, cada vez más con
frecuencia se queda dormido en sesiones públicas. La última vez, en días pasados,
les costó que despertara y reanimarlo que hasta pensaron que había perdido el
sentido. Los rumores son que padece una severa enfermedad que le impide ya
despachar a plenitud, por lo que, piensan, unos análisis le servirían para
ayudarlo a tomar una determinación. Y lo mismo, dicen, debería hacer su
suplente.
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