Prosa aprisa
Los peores enemigos del PRI
Arturo Reyes Isidoro
En el fondo se trataba de una buena medida, ejemplar, sin precedente, que
hubiera redituado enormemente a favor de la buen imagen del gobierno del
estado, si no se hubiera tratado de una acción meramente cosmética, de
maquillaje, porque nunca se fue a fondo, lo que al final resultó
contraproducente porque la sociedad terminó criticando la decisión por
insuficiente, se hizo víctimas a unos cuantos presuntos pillos de menor monta
y, en cambio, se ganó a verdaderos enemigos que hoy, cuando se necesita de
ellos para efectos electorales, trabajan a todo gas en las filas de oposición
como una forma de vengarse de lo que se les hizo.
Se trata de un buen número de ex alcaldes, ex síndicos, ex regidores, ex
tesoreros, ex contralores y ex directores de obras públicas municipales
priistas en su mayoría de administraciones locales de 2004 a 2009 contra los
que en enero y en agosto de 2011 se giraron en total 190 órdenes de aprehensión
por presunto daño patrimonial por cientos de millones de pesos, de los cuales
hasta la fecha no se ha informado con precisión si se recuperaron o cuánto se
ha recuperado o si de plano nunca de recuperó nada.
Pero la medida al final pareció más efectista, de legitimación y de relumbrón,
que causó el desencanto ciudadano, porque salvo dos peces más o menos de buen
tamaño, de municipios medianos –Juan
Ramón Gánem ex alcalde de Tuxpan y Antonio Poucholén Cárdenas de Las Choapas–,
los acusados y algunos detenidos todos fueron puros peces chicos, ex servidores
públicos de municipios pequeños, rurales e indígenas, “puro pobre pendejo que
no sabe leer ni escribir” como diría un taxista, y no hubo ningún ex
funcionario de algún municipio grande al que se implicara pese a que había
acusaciones y señalamientos públicos en su contra. El señor Gánem duró solo
unas cuantas horas detenido y casi se le ofrecieron disculpas antes de dejarlo
en libertad y nunca se demostró que hubiera regresado un quinto.
Recuerdo que en su momento, priistas, conocidos o compañeros de los
perseguidos, mostraron su desacuerdo no por la presunta culpabilidad sino por
la forma en que se les trató cuando fueron detenidos ya que se les esposó como
si fueran los peores criminales, incluyendo a mujeres, y así se les exhibió ante
la prensa lo que, dijeron entonces, golpeaba a todos sus familiares por el
descrédito a que se les exponía sin haber dictado el juez sentencia de que en
efecto fueran culpables.
Al final, la opinión pública criticó la medida, se quedó con la idea de que
se hizo víctimas a los acusados por un propósito mediático, y los señalados se
convirtieron en verdaderos enemigos de las actuales autoridades. Hoy, se sabe
que son los peores enemigos que tiene el PRI, que ellos, sus familiares y sus
amigos trabajan para la oposición y que constituyen un buen número de votos que
irán a fortalecer en su mayoría a Andrés Manuel López Obrador.
Así, algo que se veía bien, que aparentemente tenía buen propósito, pesará
ahora para la causa tricolor a la hora del recuento de los sufragios.
La respuesta de una chica de
la Ibero
¿Fuera de la rebeldía propia de los jóvenes, por qué ese comportamiento de
muchachos de buena, excelente posición económica?, pregunté el miércoles en
“Prosa aprisa” a propósito de la protesta de estudiantes de la Universidad
Iberoamericana hace una semana en contra de Enrique Peña Nieto si, dije, aparentemente
no tenían pretexto ya que todo lo tienen resuelto, a diferencia de jóvenes en
desventaja económica que hubieran tenido motivos suficientes para quejarse. “Sin duda es un fenómeno digno de
analizarse más a fondo antes que condenar a quienes se manifestaron”, escribí.
La respuesta, una respuesta justificada, la hallé ayer leyendo la siempre
amena columna de Catón, el maestro Armando Fuentes Aguirre, “De política y
cosas peores”, que se publica en el diario Reforma
y en muchos otros periódicos del país. Él fue de los que reprobó la protesta
y llamó inciviles e intolerantes a los muchachos e incluso se atrevió a decir
que se había tratado de una emboscada contra el mexiquense. Ayer, privilegiando
“la razón por encima de la diatriba”, publicó lo siguiente con el encabezado
“Lección amable”:
“Una joven estudiante de la Ibero me envió un correo muy bien escrito y
razonado. Le pedí su autorización para transcribirlo aquí, y me contestó: «Para mí sería un honor que mi mensaje
fuera reproducido en su columna. Sin embargo, dejo a su consideración el uso de
mis datos personales, debido al clima de hostilidad en que vivimos. Le
proporciono, además de mis iniciales (IMI), mi número de matrícula en la
Universidad: es el 171583-7. Muchísimas gracias por su amabilidad, y reciba
igualmente mi afecto y amistad». El mensaje que me envió IMI dice así: «Estimado Catón: soy alumna del sexto
semestre en la Universidad Iberoamericana y leí su columna titulada ‘Emboscado’
en el periódico Reforma el día de hoy (martes 15) y quisiera compartirle mis
impresiones al respecto. En primer lugar no creo que las protestas se
organizaron porque ‘nos vamos a divertir’, como usted expresa en su columna. Si
bien es cierto que algunos estudiantes se organizaron desde días antes para
protestar, también creo que la actitud provocativa con la que el equipo y el
mismo candidato se presentaron al evento (me refiero al retirar las cartulinas
que traían los alumnos y revisar las bolsas y mochilas de los asistentes)
causaron que el ambiente se fuera tornando más denso y que finalmente explotó
con la declaración al final del Lic. Peña Nieto sobre el tema de Atenco.
Respecto al hostigamiento con letreros de ‘te odio’, creo que aquel que lo haya
escrito se encuentra en el mismo derecho de hacerlo al igual que aquellas
personas que se presentan a sus actos de campaña con letreros que dicen ‘te
amo’. Creo que la causa pudo haber sido que a la entrada al auditorio les
fueron retiradas las pancartas opositoras y los alumnos, al ver que quienes lo apoyaban
pudieron ingresar con ellas sin problemas, el coraje (y la imprudencia juvenil
a la que usted se refiere) los llevaron a perder los estribos y a escribir algo
tan despreciable. Por otro lado, estoy de acuerdo que si el candidato fue
invitado, es una falta de respeto que sea corrido a gritos, pero creo que es
una exageración afirmar que ‘es tratado como asesino o criminal’, pues en
ningún momento fue agredido físicamente y los estudiantes, aunque seguían
gritando, abrieron paso por los pasillos permitiendo la salida del candidato,
quien una vez arriba de su camioneta pudo abandonar el plantel sin ningún
problema. Sí, fue un recibimiento hostil, pero jamás fue tratado como criminal.
Usted menciona que se hubiera obtenido mejores resultados si se hubiera
combatido con argumentos y razones su discurso político. ¿Cómo puede ser
posible debatir con el candidato, si a las preguntas puntuales que se le
hicieron respondió de manera poco contundente y a veces con evasivas? Basta con
escuchar el audio de su intervención para darse cuenta de esto, en especial en
la pregunta que hacía referencia a la deuda de Coahuila y que respondió dando
datos del Estado de México. Cabe destacar que el Lic. Peña huyó, porque no
encuentro otra palabra para describir lo que sucedió, de la entrevista,
previamente programada, en la estación de radio de la universidad donde tendría
una gran oportunidad para enfrentarlo, como usted dice, con argumentos y
razones. Mi único propósito en este correo es expresarle el sentir de una joven
de 21 años que se encuentra preocupada por la manipulación de la información
respecto al tema y la controversia que se ha desatado a raíz de lo ocurrido en
la universidad de la cual me siento muy orgullosa de pertenecer»”.
No hay duda, a los jóvenes preparados, informados, no se les engaña ni se
les manipula. ¿Acaso estos jóvenes, y todos los que se solidaricen con ellos,
van a ir a votar a favor del candidato del PRI?
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