Prosa aprisa
La caída de
Peña Nieto
Arturo Reyes Isidoro
Un tamborazo, de pronto otro y otro y otro rompen la calma, el
silencio y el sopor de la tarde de la
calle en la colonia 2 de Abril donde vivo en Xalapa. Me asomo. Es un grupo de
samba acuerpado por jóvenes, hombres y mujeres, vestidos todos con playeras
rojas con leyendas y la imagen de Héctor Yunes, cuya efigie en cartón a tamaño
natural va por delante. Reparten propaganda y se concentran en un patio de
vecindad donde se reúnen vecinos a los que han invitado. Representantes de
Héctor y de Pepe Yunes piden el voto, para su partido el PRI, para Peña Nieto, para
Reynaldo Escobar. Dan sus argumentos, tratan de convencer. Hacen lo que pueden
y, los observo, lo hacen con entusiasmo. Me entero, la brigada de los
candidatos a senadores está a cargo de Michelle Servín y ahí veo activísimos a
un viejo conocido mío, José Benítez Bretón, y al joven Rafael Yunes, sobrino de
Héctor. Pienso, cuando me despido de ellos, que si así trabajaran todos los
priistas no estaría ahora en aprietos su candidato presidencial Enrique Peña
Nieto, pero también sigo creyendo que Pepe y Héctor van a ganar bien, sin duda
están haciendo muy buenas campañas y tienen con ellos a gente chambeadora.
Pero no puedo olvidar lo que dijo el lunes en conferencia de prensa el
presidente del PRI estatal, Erick Lagos Hernández, de que se siente satisfecho,
a gusto y feliz luego de haber recorrido varios municipios y haberse reunido
con sus operadores y saber que todo está bien, cuando leo los resultados de la
encuesta que publicó ayer el diario Reforma
y que pone a Andrés Manuel López Obrador a solo cuatro puntos de Enrique Peña
Nieto en la intención del voto efectivo: 38 contra 34%, pero donde se registra
también que en el sur del país, incluyendo Veracruz, el Peje le saca ya 10
puntos de ventaja al mexiquense: 42 contra 32%, es decir, que en nuestro
estado, Tabasco, Campeche, Yucatán, Quintana Roo, Chiapas, Oaxaca y Guerrero
gana AMLO, aunque también en Puebla, Tlaxcala, el Estado de México y el Distrito
Federal aunque en ellos con solo 5 puntos de diferencia: 42 contra 37%. En
general y en la zona sur, Josefina Vázquez Mota alcanza apenas el 23% cuando
hace un mes registraba 28%, lo que indica una caída de 5 puntos.
El pasado 27 de abril comenté (“Alcanza el Peje a Peña en Veracruz”) el
resultado de la anterior encuesta y del análisis del mismo Reforma publicado un día anterior y entonces todavía Enrique Peña
Nieto punteaba en la zona sur del país con 37% seguido ya muy de cerca por el
tabasqueño que alcanzaba 34%, por lo que comparando cifras se establece que en
el último mes López Obrador creció 8% en la intención del voto efectivo y que
el mexiquense cayó 5 puntos y con ello al segundo lugar, pero las cifras en
general en todo el país, esa pequeña ventaja de 4 puntos porcentuales casi los acerca a un
empate técnico lo que hace prever que el resultado final será de foto finish.
Puede que el movimiento de los jóvenes estudiantes #YoSoy132 esté
influyendo en el resultado, pero, sin duda alguna, es el mismo Peña Nieto y la
pesada carga del pasado de su partido –sus personajes, sus prácticas– lo que lo tienen al borde de un
desbarrancadero. La mejor explicación –para mí– de la causa del debacle la dio
ayer Carlos Loret de Mola en su columna “Historias de reportero” que publica en
El Universal y que tituló: “Peña
Nieto y sus impresentables” (me comentaron que es lo mismo que planteó en el
programa “Tercer Grado” del miércoles
por la noche):
“… El temor al regreso del PRI ha despertado en sectores de la sociedad que
lucían apagados frente a la apabullante posición de Peña Nieto en las
preferencias electorales.
Peña Nieto no ha leído bien el momento. Su primera reacción tras el
episodio de la Ibero fue sacar un spot donde prometía gobernar para todos. El electorado
que no le quiere no cree en ésa ni en ninguna de sus promesas. Luego lanzó el
manifiesto donde se comprometía a gobernar como lo ha hecho el PRI en ningún
lado: respetando los derechos humanos, con transparencia en el gasto
publicitario. Más promesas que su electorado adverso no compra.
… el ‘regreso’ del PRI no se cimenta en una depuración interna ni en un
acto de contrición sino que simplemente se alimenta del fracaso de las otras
opciones representadas por PAN y PRD.
La gente que marcha, tuitea y debate contra Peña Nieto lo hace por un
argumento que el candidato no ha logrado combatir: el PRI que viene es el mismo
de siempre, el de la corrupción, el de la ratería, el de las transas, el del
abuso, el de las restricciones a la libertad de expresión.
Hace una semana entrevistado en Tercer Grado, Peña Nieto no se deslindó de
ese PRI que lo arropa en campaña y con ello mandó a quienes lo repudian un
mensaje equivocado, el de la complicidad, de la defensa de lo indefendible, de
los impresentables: se montó en la PGR para exonerar a Arturo Montiel, ante
Elba Esther Gordillo se declaró respetuoso de que cada sindicato elija a sus
dirigentes y que ‘corresponde a los agremiados del sindicato definir el destino
de La Maestra’, lo mismo frente a Carlos Romero Deschamps; ‘una relación de
respeto’ con Carlos Salinas de Gortari, que ‘como cada expresidente ha sido
señalado por sus aciertos y sus errores’, ‘cordialidad’ con Humberto Moreira.
Lo más que pidió a cada uno fue que responda mejor ante sus acusaciones. Tibio.
Muy tibio frente a la exigencia de condena, deslinde, repudio a las prácticas
más detestadas por la sociedad. Hay muchos que declaran que van a votar al PRI
por aquello de que ‘son corruptos pero eficaces’ y por tanto habrán descontado
a ‘Los Impresentables’ como parte del paquete, pero esos ciudadanos no son los
que hoy gritan desencantados e incrédulos ante el regreso del PRI de ensueño
que borda Peña en discursos demagógicos, y que le están contando puntos en las
encuestas. A ellos no los ha leído bien”.
Coincido plenamente. En mi familia, una familia de clase media baja (me
sirve bien de muestra, una muestra proporcional), observo como Peña Nieto los
ha ido desencantando cuando al arranque lo veían con esperanza. Pero sobre todo
luego de que no condenó la vida de excesos y de lujos que se da la hija de
Romero Deschamps como si fuera la hija de un jeque árabe y que tampoco lo hizo
con Elba Esther y de que tampoco se ha deslindado de varios ex gobernadores que
arruinaron a sus estados a costa de sus riquezas y privilegios personales y de
que en un principio defendió a Tomas Yarrington y luego se deslindó de él pero
solo por las evidencias de las autoridades norteamericanas y que no dijo ni ha
dicho que va a acabar con todo ello.
“Tienen razón las personas que me
echaron en cara que apenas el 17 de abril escribí aquí un artículo titulado ‘Es
el final de López Obrador y él lo sabe’. Asumo, pues, mi error por aquella
afirmación del 17 de abril. La hice con los números de entonces y sin imaginar
que la diferencia podría cerrarse tan rápidamente”. Lo publicó ayer también
Ciro Gómez Leyva en su columna “La historia en breve” que aparece en el diario Milenio.
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