Prosa aprisa
Para mí, Quadri
Arturo Reyes Isidoro
En mi familia, incluyéndome, adultos y jóvenes, vimos un solo ganador
anoche: Quadri. Muy bien informado de los problemas, con propuestas de solución
realistas, con ejemplos externos puntuales, claro en su exposición,
contundente, con una visión moderna. Lástima, coincidimos, en que no lo ayuda
la plataforma política que tiene. Sin duda, el que más puntos ganó. En lo
personal, la señora Vázquez Mota no me acabó de convencer. Peña Nieto, por lo
menos demostró que no le es indispensable el libreto ni el teleprompter. Para
mí que fue un error que se encerrara en responder a Josefina. López Obrador
volvió a su esquema. Se acabó la república amorosa. Me extrañó, me sobre
extrañó que cuando se tocó el tema de educación no tocará ni con el pétalo de
un calificativo a Elba Esther Gordillo. Para mí que se volvió a echar encima a los
poderosos del país.
Suscriptores de Reforma dieron
anoche su calificación: Vázquez Mota, 6.9; Quadri, 6.3; Andrés Manuel, 5.4 y
Peña, 4. Pero es muy pronto para dar una evaluación por definitiva.
Lo preocupante, anoche, en Veracruz, que policías estatales se hayan
desplegado en las inmediaciones de los periódicos Notiver, AZ y El Dictamen, según una información de El Universal¸ donde permanecerán por
tiempo indefinido, que tengan sus puertas cerradas y que quienes pretendan
acceder se tengan que reportar con los uniformados. Si la medida se confirma,
entonces es que la situación se volvió extrema, peligrosa y que el periodismo
está en serio riesgo.
La sencillez de un Premio Cervantes
Faltan veinte minutos para la hora. Baja las escaleras de la entrada de la
Casa del Lago hacia el foro al aire libre. Se apoya en un bastón –“metí la
pata”, diría minutos después–. El pie izquierdo lo calza con un zapato mocasín
negro y calcetín oscuro y el derecho con una pantufla café y una calceta
elástica color carne. Se sienta en una silla de plástico a esperar a que
termine una actividad que se está llevando a cabo para ocupar su turno. Lo
acompaña solo su esposa Mara. Se ve muy reposado. Empieza a consumir el tiempo
fumando. Entre el público presente, muy pocos lo reconocen y por lo mismo no
advierten su llegada. Solo contados jóvenes saben quién es y en especial uno de
ellos se le acerca y permanece cerca de él. Los otros aprovechan para tomarse
una foto junto a él y uno que otro le lleva un libro a autografiar. Yo no
quiero dejar pasar la oportunidad y le doy mi teléfono celular a una jovencita
y le pido que nos saque una fotografía. Tenía ganar de conocerlo en persona y
de estar cerca de él. La ocasión se presta. Sé de su drama y de su trayectoria y siempre me ha llamado la
atención su amistad y el trato, consideración y admiración que tiene para con
él el periodista Julio Scherer. Me sorprende su sencillez y humildad cuando le
pido su autorización para sacarme una foto junto a él. “¿No tendría
inconveniente en que permanezca sentado?”, me responde.
Periodista también, militante de organizaciones guerrilleras en Argentina
para combatir a tantos dictadores militares que han padecido, perseguido y exiliado
desde hace ya mucho en varios países para quedarse finalmente en México.
De Wikipedia tomo el resumen de su drama. El 26 de agosto de 1976 fueron
secuestrados sus hijos Nora Eva (19 años) y Marcelo Ariel (20), junto a su
nuera María Claudia Ururetagoyena (19). Su hijo y su nuera desaparecieron,
junto a su nieta nacida en cautiverio. En 1978 supo a través de la Iglesia
Católica que su nuera había dado a luz, sin poder precisar dónde ni el sexo. El
7 de enero de 1990 el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los
restos de su hijo Marcelo, encontrados en un río de San Fernando (Gran Buenos
Aires), dentro de un tambor de grasa lleno de cemento. Se determinó también que
había sido asesinado de un tiro en la nuca. En 1998 descubrió que su hija había
sido trasladada a Uruguay a través del Plan Cóndor, que vinculaba a las
dictaduras sudamericanas y Estados Unidos, y que había sido mantenida con vida
al menos hasta dar a luz a una niña en el Hospital Militar de Montevideo. A
raíz de ello exigió la colaboración de los estados argentino y uruguayo en la
investigación con el fin de hallar a su nieta. Topó con la oposición del
presidente de Uruguay Julio María Sanguinetti. Lo apoyaron intelectuales y
artistas como Günter Grass, Joan Manuel Serrat, Darío Fo, José Saramago, Fito
Páez. En 2000, al mes de asumir el nuevo presidente uruguayo, Jorge Tatlle, su
nieta, de nombre Andrea, fue encontrada y por primera vez pudieron conocerse.
Aún lucha por hallar los restos de su nuera María Claudia.
Y ahí está, bigote y cabello cano, en una tarde de domingo soleado,
hermoso, en el Paseo de los Lagos, aparentemente ajeno a su drama y como si lo
hubiera superado. “Es hermosísima”, me dice de Xalapa. Me comenta que ha podido
confirmar lo que le habían dicho de nuestra ciudad. Su esposa Mara no deja de
expresar su admiración por el panorama que contempla con el lago al fondo.
Cuando le destaco su sencillez siendo quien es, me dice con una gran modestia
que él es una persona como cualquiera y me recuerda algo que le decía su madre:
un poeta es como cualquier hombre, aunque completa que cualquier hombre no es
poeta. Cuando le comento que una semana anterior estuvo su amigo, su hermano
Julio Scherer también en Xalapa, se sorprende y me pregunta el motivo. Se lo
digo y recuerda. “¡Ah, sí, lo de Regina!”. Me pregunta si hay avances.
Que privilegio, pienso para mis adentros, estar, platicar de cerca con Juan
Gelman, Premio Cervantes 2007, el nobel en Letras Castellanas, el mismo que recibió
nuestro admirado maestro Sergio Pitol dos años antes y quien, privilegios que
solo Xalapa se puede dar, está a solo unos cuantos pasos, en el stand de la
librería ERA sentado, seguramente para autografiar sus libros, uno de los
cuales, Memoria, será presentado por
la noche. Dos Premios Cervantes juntos es un privilegio que pocas ciudades del
mundo se pueden dar. Pero Gelman ha recibido también los premios
iberoamericanos de poesía Pablo Neruda y Reina Sofía, entre otros. El poeta
José Luis Rivas, quien lo acompañó y lo presentó, vaticinó que el próximo
premio por recibir será el Premio Nobel de Literatura, que ojalá y tenga
facultades de augur.
Qué diferencia, pienso, podernos mover con toda libertad a su alrededor y
junto a él, sin la estorbosa presencia de los guaruras como el día de la
inauguración de la Feria Internacional del Libro Universitario cuando con mucha
anticipación hombres armados tomaron por asalto todos los alrededores del foro
al aire libre, cerraron puertas y escaleras de acceso porque iba a llegar el
Gobernador y nos obligaron a salir de la Casa del Lago y bajar por las
escaleras que dan al lago para poder llegar a la ceremonia. Ahora, no solo no
hay guaruras sino tampoco un solo funcionario, ni del Gobierno del Estado, ni
del Ayuntamiento, ni de la Rectoría. De la Secretaria de Turismo y Cultura,
Leticia Perlasca, ni sus luces. Sin duda, están, siguen reñidos con la cultura
y con sus manifestaciones y con sus exponentes. No les interesa. Una
personalidad, patrimonio de la humanidad, como Juan Gelman, no tiene mayor
significación para ellos, como se vio también cuando, ayer, al final de su
recital, enviaron a una joven de las tantas colaboradoras de la Feria a
entregarle un diploma sin mayor protocolo ni distinción, acaso porque era domingo
después del medio día y las autoridades de Rectoría tenían que tomar su
obligado y merecido descanso. ¿Gelman? ¡Bah! Que se conforme, ya lo distinguió el 23 de
abril de 2008 el propio Rey Juan Carlos de España. Acá, basta con que cualquier
empleada lo haga.
Por lo demás, la Feria termino ayer, exitosamente. La Editorial de la
Universidad Veracruzana, bajo la dirección del escritor Agustín del Moral, ha
hecho un gran esfuerzo y ha puesto en alto el nombre de nuestra máxima Casa de
Estudios. Los libreros, han hecho buenas ventas. Las exposiciones, han sido
suficientes y variadas. Las presentaciones de libros, muy interesantes. Las
presentaciones artísticas, muy concurridas y animadas. Los lectores y el
público en general han tenido una gran y singular fiesta, la de la lectura.
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