Prosa aprisa
Se desmarca el Peje de la alianza
Arturo Reyes Isidoro
En “La historia en breve”, su columna diaria de
lunes a viernes en Milenio, Ciro
Gómez Leyva recordó ayer que hace medio año, Luis Walton, el presidente
municipal de Acapulco, surgido de Movimiento Ciudadano (MC), flanqueando a
Andrés Manuel López Obrador repudiaba a Enrique Peña Nieto, llamándolo producto
de la imposición de la mafia.
Ciro lo trajo a colación por la ayuda que,
desdibujado, entre lamentos y entre sollozos, pidió al hoy presidente de la
república a raíz de la violación de seis españolas en las playas de Acapulco y
de sus desafortunadas declaraciones que motivaron indignación en Europa, en
especial en España.
El periodista apuntó algo muy cierto, que tiene
validez para todas las circunstancias de la vida pública del país, incluida la
política electoral: “Walton sabe ahora que, como otros gobernantes locales,
no tiene mejores opciones que pedir refuerzos al Presidente de la República
para librar la desgracia de la violencia”.
Walton
había dicho llorando: “El día de hoy no hemos visto el apoyo del Presidente y
le estamos exigiendo que regrese a ver Acapulco, que es también parte de la
república; queremos su apoyo todos los acapulqueños”. Quién lo creyera.
Clamando ayuda ahora de aquel al que repudiaba.
Esto,
que sucedió en el Pacífico, podría pensarse que no tiene nada que ver, ningún
alcance, con el Golfo de México y por extensión con todo el país. No es así.
A
todas las circunstancias que he venido enumerando que se deben tomar en cuenta
de cara a las elecciones locales y municipales del próximo 7 de julio, y que
influirán en el resultado final, se debe agregar esta otra: el reconocimiento
de las autoridades municipales, del partido que sean, de que el poder poder lo
tiene un solo hombre, que es priista, y al que, ni modo, hay que acudir en
busca de apoyo, de ayuda, de respaldo.
Qué
quiero decir o a dónde quiero llegar: a que muchos alcaldes de la oposición,
del PAN y del PRD y de los demás partidos, o todos, o casi todos, más los que
enfrentan serios problemas económicos en las arcas de sus ayuntamientos, saben
que no se deben ni se pueden pelear con el que puede cerrar o abrir la llave de
los recursos, de los apoyos, el que puede ordenar condonaciones, y que, por el
contrario, deben condescender con él, con su gobierno para no verse marginados
y, por lo tanto, en problemas, en serios problemas como muchos ya los tienen de
por sí.
Walton,
como bien señala Ciro Gómez Leyva, acaba de dar la mejor muestra de ello.
(Un
día antes, el miércoles, en la columna oficial de Milenio, “Trascendió”, se publicó que Walton, a raíz de lo
sucedido, se había ganado un jalón de orejas del gobierno en el poder, es
decir, del priismo: “Tras los obligados deslindes y disculpas que ofrecieron
los gobiernos federal y estatal a la embajada de España, desde la Segob le
llegó este mensaje: ‘Si continúan esas ocurrencias, no contará con apoyo para
dar con el paradero de los delincuentes que operan en su municipio’”.)
Ése
es el poder, por lo menos en México, aunque me imagino que debe ser igual en el
mundo, o algo más o menos parecido. El poder, se dice, es para ejercerlo. Más,
creo yo, para hacerlo valer. Y no dudo que el priismo lo hará valer en las
elecciones en puerta.
Aunque,
por algunos casos de los que sé en el estado, en muchos otros, ¿o en todos, o
en casi todos?, tal vez no haya necesidad de llegar hasta el extremo, porque
los alcaldes, que si algo tienen es que no son tontos, han estado prestos a
acercarse al priismo, me imagino que por si las dudas y tienen necesidad de
pedir apoyo, respaldo, ayuda, como Walton.
Ese
acercamiento habría propiciado que desde el poder priista les hayan propuesto negociar
y darles todo el apoyo, a sus personas y
a sus administraciones, a cambio de que ayuden a los candidatos del PRI a ganar
diputaciones locales y presidencias municipales. Varios, no sé si todos,
habrían aceptado aunque continuarán navegando con las banderas de sus partidos.
Por
eso mismo creo que es exagerado el optimismo de los dirigentes de la alianza
PRAN (PRD-PAN) de que ganarán todas las presidencias municipales y las
diputaciones locales. No lo veo así.
Y
ahora menos cuando el mismísimo Andrés Manuel López Obrador se acaba de
deslindar de los perredistas por haber pactado con el panismo (también se deslindó
del PT por haber pactado con el PRI
en el caso de Baja California).
Este
jueves, en el diario La Jornada se
publicó que el Peje fustigó las alianzas y calificó a su partido en formación,
Morena, como la única oposición, “aun cuando hay quienes nos lo regatean”.
Según
una nota de la reportera Alma E. Muñoz, en el consejo nacional del Movimiento
de Regeneración Nacional (Morena), López Obrador se desmarcó de sus antiguos
aliados después de que decidieron ir en alianza con sus otrora enemigos
políticos para los comicios de este año en 14 estados del país.
“Ya
no trabajo para el PRD, el PT ni el Movimiento Ciudadano, y no puedo trabajar
con el PRD porque no estoy de acuerdo con el Pacto (por México), y ahora que el
PT va en alianza con el PRI en Baja California, no puedo estar de acuerdo con
eso”, habría dicho durante su discurso ante 300 consejeros nacionales e
integrantes del consejo consultivo de Morena, el martes, pasado, según una
versión que hizo llegar el equipo del tabasqueño al periódico, precisa la
reportera.
Por su parte, el diputado Ricardo
Monreal dijo que “la izquierda debería mantenerse unida, no dar bandazos” y que
era más natural que un militante de su corriente hubiera sido candidato. “Lo
extraño es que te desplaces de la izquierda a la extrema derecha, donde hay
contradicción en propuestas, principios y plataformas políticas. No me parece
correcto, pero cada partido tiene que definir su propia estrategia”. Remató
diciendo que “lo que puede fortalecer el futuro de las opciones política es la
congruencia”.
Ante ese panorama, es difícil
compartir el optimismo que los perredistas, o algunos perredistas, tienen de
que con su alianza van a ganar en todo el estado. Esta vez ya no tienen,
tampoco ya no tendrán de su lado, el efecto López Obrador.
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