Prosa
aprisa
Lo que
resiste, apoya
Arturo Reyes Isidoro
He seguido con atención las
reacciones que ha suscitado la alianza electoral que acaban de acordar el
Partido Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática y creo que
habría que tomar distancia para emitir un juicio sobre su significado real ante
el nuevo momento político que vive el país y con ello Veracruz.
De entrada, independientemente de
lo opuesto ideológicamente que están (¿o ya son lo mismo?) ambas organizaciones
políticas, lo considero muy sano para el sistema político, para el propio
gobierno del estado, de filiación priista, e incluso para el propio enemigo a
vencer de ellos, el PRI, y ya no se diga para la sociedad, para la población,
de la filiación que sean.
En el siglo pasado, los mexicanos
vivimos el exceso de la sobrerrepresentación que tuvo el PRI, que al final al mismo tricolor perjudicó,
porque la falta de un contrapeso facilitó vicios, malas prácticas, corrupción,
impunidad, abusos, todo lo cual cansó, hastió a los ciudadanos, que estaban tan
necesitados de un cambio tanto que se agarraron del primero que se les presentó
como opción. Con Vicente Fox (y luego con Felipe Calderón) resultó peor el
remedio que la enfermedad y los mexicanos han preferido viejo por conocido que
nuevo por conocer. Devolvieron al PRI al
poder.
En 2006, cuando la izquierda
estuvo tan cerca de la Presidencia, como lo había estado en 1988 cuando a
Manuel Bartlett, hoy distinguido perredista, se le “cayó el sistema” y le hizo
de chivo los tamales electorales a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, la misma
derecha, el mismo Vicente Fox se encargó de torpedear a Andrés Manuel López
Obrador para que no ganara bajo la consigna de que era un peligro para México.
Hoy, la derecha ha perdido el
poder merced a que repitió los mismos vicios y errores que tanto criticaba al
PRI e incluso en muchos casos resultó peor. La izquierda, sigue luchando por
alcanzar el poder pero no puede superar su división, la de sus llamadas tribus,
amén de acusar al PRI, como lo hizo con el PAN en su momento, de que cometió fraude
el pasado 5 de julio.
Creo que habría que esperar el
desarrollo de los acontecimientos antes de ser contundentes y opinar que el PRI
ya casi perdió las elecciones del próximo 7 de julio y que la alianza opositora
ya triunfó en distritos y municipios.
Acabo de leer el comentario de un
colega, Gilberto Hazz, quien hizo cuentas de los resultados de la elección de
julio pasado y con lógica sumó los sufragios que por separado alcanzaron los
candidatos del PAN y del PRD, que, sumados, en efecto son más que los que
obtuvieron los del PRI. Si esas cifras se dieran ahora, no habría duda que el
tricolor perdería el control del Congreso local y la mayoría de los municipios.
Pero no se debe perder de vista
que las elecciones nunca han sido ni son ni serán iguales unas a otras y que
las condiciones políticas han cambiado: el PAN, luego de perder la Presidencia
sufrió una terrible desbandada de 80 por ciento de su militancia, pues sólo 2
de cada 10 refrendaron su pertenencia al partido, según cifras publicadas el 6
de enero por el propio Acción Nacional. Del millón 868 mil 567 panistas
inscritos en su padrón antes de un proceso de reafiliación que realizó el
blanquiazul, sólo 368 mil 253 refrendaron su militancia.
Pero, además, al perder la
Presidencia, los azules perdieron su activo y su atractivo electoral, lo que
les dio fuerza: el programa Oportunidades y los programas sociales de la
Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol). Los panistas, que ya estuvieron en
el poder y manipularon esos programas, saben muy bien lo que eso significa y
les significará en el resultado de las elecciones.
Además, al ya no tener la
Presidencia, a ver de dónde va a sacar el PAN los recursos de que dispuso a su
paso por el poder y que fueron determinantes para la compra de votos y el
consecuente triunfo en las urnas.
O sea, si el PRD le apuesta a su
alianza con el PAN por las cifras que alcanzó el año pasado, ha hecho mal sus
cuentas, sus cálculos, pues de acuerdo a la página electrónica del blanquiazul,
su adherencia en Veracruz se hizo casi polvo. De 148,847 adherentes que tenía,
una vez que se depuró el padrón con fecha de 6 de enero, la cifra cayó
estrepitosamente a sólo ¡18,712 personas! De su militancia activa, de 24,157
panistas que había, sólo ratificaron su militancia 16,575.
Ciertamente, el PRD, en alianza
con los otros partidos de izquierda, ganó la elección del año pasado en la
entidad. Esta vez la izquierda está dividida. Los perredistas, en lugar de
haber buscado la alianza con sus hermanos ideológicos y haber apoyado un
candidato o una candidata común, optaron por la derecha. En consecuencia, el PT,
Movimiento Ciudadano y lo que será Morena, de Andrés Manuel López Obrador, no
los apoyan. Tampoco, solos en su corriente ideológica alcanzarán los votos del
pasado reciente.
Y por el lado del PRI, como bien
dijera su dirigente nacional, César Camacho Quiroz, en Enrique Peña Nieto
tienen su principal activo. El copetudo empezó bien su gobierno, bien si se
hace una comparación con su antecesor Felipe Calderón. Y eso generará una
corriente favorable a los candidatos del
tricolor, como en su momento se dio el efecto Fox que llevó a alcaldías,
diputaciones y senadurías a personas que de otro modo nunca hubieran llegado a
un puesto de representación popular.
En el estado, no es menor el
hecho de que verdaderos expertos, chuchas cuereras, como Ranulfo Márquez
Hernández por el lado de la Sedesol y Marcelo Montiel Montiel y Vicente
Guillermo Benítez González por el lado de la Sedesma (Secretaría de Desarrollo
Social estatal) están al frente y operarán los programas de asistencia social,
que siempre han sido, son y serán, así estén en el poder priistas, panistas o
perredistas, clientelares.
Los priistas tienen ahora el
poder presidencial y los panistas, los aliados de los perredistas, saben bien
lo que eso significa.
Pero, decía al principio, por
encima de todas esas consideraciones, al final de cuentas la alianza es
positiva para todos. Si el PAN y el PRD se aliaron es porque están plenamente
conscientes de que solos no ganarán al PRI. A ver si con los que le queda lo
hacen. Como quiera que sea, desde ya, son un contrapeso que obligará al
tricolor a postular a buenos, a sus mejores candidatos, con lo que saldrá
ganando el electorado.
Unos y otros tendrán que hacer
buenas campañas si quieren convencer al ciudadano. En eso también ganamos
todos. Y como lo que resiste apoya, si el PRI gana, podrá presumir que sus
triunfos están plenamente validados por una oposición conformada por los dos
principales partidos políticos. Ahora es el ciudadano el que tiene y el que
tendrá la palabra, la última decisión, la definitiva.
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