Prosa aprisa
Un caso para la reflexión
Arturo Reyes Isidoro
Cuando redacto estas líneas no
puedo dejar de pensar en Antonio Marín, compañero periodista de la familia Notiver. El fin de semana recibió la
terrible noticia de que había aparecido sin vida el cuerpo de su hijo Ángel
Humberto, quien tenía 28 años edad y quien fue víctima de un secuestro y
asesinato.
Según lo que se publicó,
aprovechando el pasado puente del 1 de mayo, el joven viajó al D. F. para visitar
el parque de diversiones Six Flags y de paso ver un asunto de un trabajo, o al
revés. El día 2 avisó que se quedaría hasta el día 3, pero en esta fecha
hablaron de su teléfono celular para pedir un rescate de un millón de pesos por
él. Lo tenían secuestrado. No se volvió a saber más.
Qué puede hoy consolar a los
abatidos padres. Quienes creemos en Dios creemos que sólo él puede darles
alivio en este momento y es lo que lo pedimos para Toño y toda su familia, a
quien de paso le enviamos un abrazo de solidaridad así como a toda la familia
Notiver.
Al funeral, el sábado, acudieron
políticos. El gobernador Javier Duarte de Ochoa, el ex gobernador Fidel Herrera
Beltrán y el ex candidato al Gobierno del estado, Miguel Ángel Yunes Linares,
los más significativos. Y, claro, autoridades municipales, candidatos a
alcaldes y diputados, entre otros.
En esas circunstancias, no sobran
las palabras de aliento, las expresiones de solidaridad, el gesto solidario.
El caso me mueve a reflexión. Sin
duda hay un autor o unos autores materiales e intelectuales directos. Quién
sabe si el crimen quede impune como miles en todo el país. ¿Llenarán las
palabras de los políticos a los atribulados padres? Creyéndoles en la
sinceridad de su gesto personal, no pueden desprenderse, de todos modos, de la
corresponsabilidad que les toca como autoridades que son o que han sido.
Ellos, los políticos, convertidos
en autoridades, nos han heredado un estado y un país en donde reina la
violencia y la inseguridad. No se salvan ni los de la derecha ni los de la
izquierda y menos los del centro. En el caso de los nuestros, en lugar de
agotar esfuerzos, energías, en procurar el bien de sus representados, se la
pasan, un día sí y otros también, en tratar de destruirse unos a otros con el
único propósito de alcanzar o de conservar el poder para usufructuarlo para sus
intereses.
Que si uno es más rico que el
otro. Que si uno ha robado más que el otro. Que si uno tiene ligas o se le
involucra con grupos criminales organizados y el otro también. Acusaciones
todos los días, señalamientos, guerra de lodo. Desvío de la atención de los
verdaderos problemas, los de fondo que laceran la convivencia social.
En los años de disputa que llevan
y que seguramente reanudaron una vez que salieron del funeral con la cara de
compungidos, nunca hemos sabido o escuchado que hayan tenido un punto de
convergencia para sumar voluntades y enfrentar juntos, para bien de la
población, la inseguridad y violencia que nos flagelan a todos, o para, a una
sola voz, demandar a las autoridades federales el esclarecimiento de los secuestros,
las desapariciones o las muertes violentas.
Las fotos que se publicaron
muestran a los políticos-autoridades hablando con Toño Marín y su familia.
Pero, ahora que sí se requería y era obligado, no hubo una sola declaración
condenando el hecho (por lo menos no se publicó), exigiendo a las autoridades
del Distrito Federal, a las del Estado de México, donde apareció el cuerpo, y a
las del Gobierno Federal el esclarecimiento de los hechos y el castigo para los
culpables, de ése y de todos los demás casos incluyendo el de compañeros
periodistas.
Después de sus respectivas
visitas y muestras personales de condolencias, debieron haber quedado
tranquilos con sus respectivas conciencias y el domingo, si es que lo
acostumbran, debieron haber acudido a misa y, arrodillados, debieron haberse
dado golpes de pecho y luego tomado ostia. Alabado sea el Señor.
Tal vez no sea ahora el momento
más oportuno para otras consideraciones, pero resulta difícil que las
autoridades, que los políticos, no supieran del secuestro, cuando se espían y
nos espían día y noche y se graban y nos graban. ¿Acaso lo supieron y no fueron
capaces de ofrecer el millón de pesos, así fuera prestado, que se pedía por la
vida del joven cuando a ellos lo que les sobra es el dinero, ya sea de sus bolsas
o del cajón? De muchos otros casos se sabe que han aportado y más, aunque,
claro, se ha tratado de políticos o personas ligadas con políticos.
En las circunstancias dolorosas
que rodean el caso, no puede dejar de destacarse la modestia con que vive el compañero
Marín y su familia. Cuando les pidieron el rescate trataron de vender todo o lo
poco que tienen, hasta su casa, sus joyas que no valen más de 30 mil pesos,
según la nota que se publicó, y hubo una coperacha de amigos, compañeros de
trabajo y de personas solidarias. Y cuando le avisaron del hallazgo del cuerpo,
tomó el primer autobús que pudo para viajar, como todo común mortal. Para él no
hubo helicóptero o jet, acaso porque tampoco lo pidió o lo quiso, pero que lo
pinta como un periodista honesto en el más estricto sentido de la palabra.
Sinceramente, que Dios le dé
fortaleza a toda la familia y que los ayude a superar pronto y de la mejor
forma el duro trance que viven.
A quién más acudimos si no es a
Dios. Ayer mismo, la reportera Ángeles Godoy, del portal alcalorpolitico.com, publicó que en su homilía dominical el
arzobispo de Xalapa, Hipólito Reyes Larios, pidió por dos personas
desaparecidas, una de la capital del estado y otra de Tlalnehuayocan, un
pequeño municipio conurbado con Xalapa.
Denunció que continúan los
secuestros, levantones, extorsiones y asesinatos y que “todo este ambiente que
muchas veces puede parecer desolador, que se vive constantemente, es posible de
superar en cuanto se viva con la presencia del Espíritu Santo”. Eso, solamente
eso.
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