miércoles, 15 de enero de 2014

De que se puede, se puede



Prosa aprisa
De que se puede, se puede
Arturo Reyes Isidoro
Cuando ejerce su cometido con responsabilidad, con apego a la verdad y con independencia, la prensa juega un papel fundamental en la sociedad. Tiene una razón fundamental de ser: la de ser la conciencia crítica de la colectividad ante el abuso de todo tipo de poder, ante el engaño, ante la injusticia, ante la falla de las instituciones.
En las sociedades desarrolladas es fiel coadyuvante de la buena conducción política y administrativa a favor de un pueblo, de una nación, cuando investiga y denuncia cualquier irregularidad, cualquier anomalía y con ello protege los intereses sociales.
En esas condiciones goza por eso de un gran valor, respeto y consideración, incluso de la protección legal y de los gobiernos, claro, con la excepción de los malos funcionarios, que donde quiera los hay, que ven afectados sus intereses cuando actúan en forma deshonesta.
Aunque se olvida, nunca se debe olvidar la lección histórica que nos legó el sistema norteamericano, cuando gracias a la capacidad investigadora y al profesionalismo así como a la independencia de su medio, dos reporteros fueron capaces de hacer dimitir a un Presidente: Richard Nixon.
Aunque la historia destaca a los reporteros Woorward y a Bernstein como los grandes protagonistas del caso, no lo son menos el director del diario, Benjamin Bradlee, que aguantó las presiones en especial de Henry Kissinger para que no se publicara nada, pero también todo el sistema judicial que decidió enjuiciar a los inculpados.
Aun cuando Nixon cayó en la ilegalidad, debe reconocérsele que todavía conservaba un prurito de ética que lo llevó a reconocer su culpabilidad y a dimitir… y a no abusar del poder que todavía tenía para atentar contra los periodistas que lo estaban investigando. Esa sociedad y esa democracia salieron más fortalecidas que nunca, y con ello todo el pueblo norteamericano.
Por eso, aunque no somos una sociedad desarrollada, de primer mundo, de plena democracia, alienta hallar signos, hechos, ejemplos de que es posible comportarnos, actuar, reaccionar con madurez, con entendimiento, con buena disposición para ser mejores, cuando la prensa hace señalamientos, como lo acaba de hacer la rectora de la Universidad Veracruzana, Sara Ladrón de Guevara.
El lunes pasado, la periodista Ylia Ortiz Lizardi publicó en el portal informativo alcalorpolitico.com que “Las actuales convocatorias para ocupar plazas como académico (docente o investigador) en la Universidad Veracruzana se han convertido en joyas para una antología del absurdo”.
Ejemplificó con un caso: en la actual convocatoria interna de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, en Boca del Río, la materia o experiencia educativa “Diseño Editorial” establece como requisito que el aspirante posea la licenciatura en Ingeniería Informática y la Maestría en Educación “lo cual está fuera de lugar”.
“Por supuesto, este perfil, diseñado a modo, excluye a cualquier egresado de la propia Facultad de Ciencias de la Comunicación e incluye como requisito indispensable una Maestría en Educación, lo cual resulta por demás ilógico y absurdo”.
“¿En qué momento a un estudiante de la Licenciatura en Ingeniería Informática o Electrónica o de una Maestría en Educación se le enseñan criterios para el diseño editorial? ¿Contratarían los dueños de un periódico a un Ingeniero o Maestro en Educación por encima de un comunicador?”, preguntó y argumentó.
La reacción no se hizo esperar. Ayer, la rectora de la Universidad Veracruzana, Sara Ladrón de Guevara , dijo a la reportera Ángeles González Ceballos, del mismo portal, que el martes firmó un acuerdo para convocar plazas de tiempo completo y que este jueves será lanzada la convocatoria para alrededor de 45 puestos, pero  que a partir de ahora habrá un rigor mayor en la conformación de jurados.
Aceptó que los jurados de las plazas a convocarse deben tener un perfil profesional similar o afín al de la plaza a convocar, así como un grado académico similar al que se convoca, esto es, que si se está convocando una plaza de posgrado no puede ser que alguien sólo con la licenciatura sea jurado de esa plaza, o que si se convoca a una plaza de arqueología, no puede ser que un ingeniero sea jurado.
Que yo recuerde, en mucho tiempo, o quizá nunca antes en Veracruz, una autoridad había reaccionado y respondido no sólo casi de inmediato sino con hechos y dándole la razón a un medio de información como lo ha hecho Sara.
Considero que es de gran relevancia destacar su actitud porque es la máxima autoridad de la universidad pública de Veracruz, donde se forja a los veracruzanos que habrán de tomar la conducción del estado en el futuro, en sus más diversos campos, a quienes no puede pasar inadvertido el ejemplo de la Rectora y cuyo ejemplo en algo o en mucho habrá de servir para la toma de conciencia de lo que debe ser la actuación con responsabilidad desde un cargo público.
Es significativo, además, que sea una mujer la que demuestre que sí se puede actuar corresponsablemente de cara a la sociedad con la prensa que señala errores o fallas, que critica con argumentos, que propone con seriedad, indudablemente en un afán de que las cosas se hagan bien y estén mejor.
Es verdaderamente estimulante la reacción de la rectora Ladrón de Guevara, que acepta de buena gana la crítica, pero que además de eso actúa de inmediato para atenderla y corregir lo que se tiene que corregir, en un binomio ejemplar con la prensa, lo que debiera ser el común denominador en Veracruz en toda la función pública en todos sus niveles.
Para dimensionar mejor lo que ha ocurrido, no se puede dejar de voltear hacia la clase gobernante, que se muestra y actúa con arrogancia y que responde con desdén, e incluso con menosprecio, ante el señalamiento público de la prensa crítica e independiente pero responsable, que sólo cumple con su función cuando investiga y denuncia abusos, deshonestidad, violación a la ley, injusticias, discriminación…
Lo más grave es que no sólo no hay respuesta o explicación alguna, sino que, por el contrario, se trata de acallar la crítica y, peor, cuando no es posible esto se atenta contra los intereses o contra la integridad física del periodista o se le hace víctima de amenazas o acciones que ponen en riesgo su vida.
La rectora de la Universidad Veracruzana, Sara Ladrón de Guevara, acaba de mostrar y demostrar que si se actúa con madurez, con transparencia, con responsabilidad, con honestidad, privilegiando por encima de todo los intereses de los representados, no hay lugar a titubeos, ni a subterfugios y menos a la opacidad.
Es tan sencillo todo como aceptar que la prensa tiene la razón, que las cosas no están bien y que hay que corregir. Eso, sólo eso.



 

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