Prosa aprisa
De
que se puede, se puede
Arturo Reyes Isidoro
Cuando ejerce su
cometido con responsabilidad, con apego a la verdad y con independencia, la
prensa juega un papel fundamental en la sociedad. Tiene una razón fundamental
de ser: la de ser la conciencia crítica de la colectividad ante el abuso de
todo tipo de poder, ante el engaño, ante la injusticia, ante la falla de las
instituciones.
En las
sociedades desarrolladas es fiel coadyuvante de la buena conducción política y
administrativa a favor de un pueblo, de una nación, cuando investiga y denuncia
cualquier irregularidad, cualquier anomalía y con ello protege los intereses
sociales.
En esas
condiciones goza por eso de un gran valor, respeto y consideración, incluso de
la protección legal y de los gobiernos, claro, con la excepción de los malos
funcionarios, que donde quiera los hay, que ven afectados sus intereses cuando
actúan en forma deshonesta.
Aunque se
olvida, nunca se debe olvidar la lección histórica que nos legó el sistema
norteamericano, cuando gracias a la capacidad investigadora y al
profesionalismo así como a la independencia de su medio, dos reporteros fueron
capaces de hacer dimitir a un Presidente: Richard Nixon.
Aunque la
historia destaca a los reporteros Woorward y a Bernstein como los grandes
protagonistas del caso, no lo son menos el director del diario, Benjamin
Bradlee, que aguantó las presiones en especial de Henry Kissinger para que no
se publicara nada, pero también todo el sistema judicial que decidió enjuiciar
a los inculpados.
Aun cuando Nixon
cayó en la ilegalidad, debe reconocérsele que todavía conservaba un prurito de
ética que lo llevó a reconocer su culpabilidad y a dimitir… y a no abusar del
poder que todavía tenía para atentar contra los periodistas que lo estaban investigando.
Esa sociedad y esa democracia salieron más fortalecidas que nunca, y con ello
todo el pueblo norteamericano.
Por eso, aunque
no somos una sociedad desarrollada, de primer mundo, de plena democracia,
alienta hallar signos, hechos, ejemplos de que es posible comportarnos, actuar,
reaccionar con madurez, con entendimiento, con buena disposición para ser
mejores, cuando la prensa hace señalamientos, como lo acaba de hacer la rectora
de la Universidad Veracruzana, Sara Ladrón de Guevara.
El lunes pasado,
la periodista Ylia Ortiz Lizardi publicó en el portal informativo alcalorpolitico.com que “Las actuales
convocatorias para ocupar plazas como académico (docente o investigador) en la
Universidad Veracruzana se han convertido en joyas para una antología del
absurdo”.
Ejemplificó con
un caso: en la actual convocatoria interna de la Facultad de Ciencias de la
Comunicación, en Boca del Río, la materia o experiencia educativa “Diseño
Editorial” establece como requisito que el aspirante posea la licenciatura en
Ingeniería Informática y la Maestría en Educación “lo cual está fuera de lugar”.
“Por supuesto,
este perfil, diseñado a modo, excluye a cualquier egresado de la propia
Facultad de Ciencias de la Comunicación e incluye como requisito indispensable
una Maestría en Educación, lo cual resulta por demás ilógico y absurdo”.
“¿En qué momento
a un estudiante de la Licenciatura en Ingeniería Informática o Electrónica o de
una Maestría en Educación se le enseñan criterios para el diseño editorial?
¿Contratarían los dueños de un periódico a un Ingeniero o Maestro en Educación
por encima de un comunicador?”, preguntó y argumentó.
La reacción no
se hizo esperar. Ayer, la rectora de la Universidad Veracruzana, Sara Ladrón de
Guevara , dijo a la reportera Ángeles González Ceballos, del mismo portal, que
el martes firmó un acuerdo para convocar plazas de tiempo completo y que este
jueves será lanzada la convocatoria para alrededor de 45 puestos, pero que a partir de ahora habrá un rigor mayor en
la conformación de jurados.
Aceptó que los
jurados de las plazas a convocarse deben tener un perfil profesional similar o
afín al de la plaza a convocar, así como un grado académico similar al que se
convoca, esto es, que si se está convocando una plaza de posgrado no puede ser
que alguien sólo con la licenciatura sea jurado de esa plaza, o que si se
convoca a una plaza de arqueología, no puede ser que un ingeniero sea jurado.
Que yo recuerde,
en mucho tiempo, o quizá nunca antes en Veracruz, una autoridad había reaccionado
y respondido no sólo casi de inmediato sino con hechos y dándole la razón a un
medio de información como lo ha hecho Sara.
Considero que es
de gran relevancia destacar su actitud porque es la máxima autoridad de la
universidad pública de Veracruz, donde se forja a los veracruzanos que habrán
de tomar la conducción del estado en el futuro, en sus más diversos campos, a
quienes no puede pasar inadvertido el ejemplo de la Rectora y cuyo ejemplo en
algo o en mucho habrá de servir para la toma de conciencia de lo que debe ser
la actuación con responsabilidad desde un cargo público.
Es
significativo, además, que sea una mujer la que demuestre que sí se puede
actuar corresponsablemente de cara a la sociedad con la prensa que señala
errores o fallas, que critica con argumentos, que propone con seriedad,
indudablemente en un afán de que las cosas se hagan bien y estén mejor.
Es
verdaderamente estimulante la reacción de la rectora Ladrón de Guevara, que
acepta de buena gana la crítica, pero que además de eso actúa de inmediato para
atenderla y corregir lo que se tiene que corregir, en un binomio ejemplar con
la prensa, lo que debiera ser el común denominador en Veracruz en toda la
función pública en todos sus niveles.
Para dimensionar
mejor lo que ha ocurrido, no se puede dejar de voltear hacia la clase
gobernante, que se muestra y actúa con arrogancia y que responde con desdén, e
incluso con menosprecio, ante el señalamiento público de la prensa crítica e
independiente pero responsable, que sólo cumple con su función cuando investiga
y denuncia abusos, deshonestidad, violación a la ley, injusticias,
discriminación…
Lo más grave es
que no sólo no hay respuesta o explicación alguna, sino que, por el contrario, se
trata de acallar la crítica y, peor, cuando no es posible esto se atenta contra
los intereses o contra la integridad física del periodista o se le hace víctima
de amenazas o acciones que ponen en riesgo su vida.
La rectora de la
Universidad Veracruzana, Sara Ladrón de Guevara, acaba de mostrar y demostrar
que si se actúa con madurez, con transparencia, con responsabilidad, con
honestidad, privilegiando por encima de todo los intereses de los
representados, no hay lugar a titubeos, ni a subterfugios y menos a la
opacidad.
Es tan sencillo
todo como aceptar que la prensa tiene la razón, que las cosas no están bien y
que hay que corregir. Eso, sólo eso.
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