Prosa
aprisa
Limpia de contralores
Arturo Reyes Isidoro
El contralor general del estado,
Mauricio Audirac Murillo, tomó la escoba ayer por la tarde e inicio una limpia
en todas las dependencias de la administración pública estatal. Se van todos
los contralores internos herencia de su antecesor Iván López Fernández. Por lo
que se advierte, el gobernador Javier Duarte de Ochoa va a limpiar la casa de
cara al nuevo año. ¿Parte del deslinde?
Por el contrario, pese al deseo
de sus enemigos políticos, el que está firme en su cargo es el secretario
particular del gobernador Javier Duarte de Ochoa, Jorge Carvallo Delfín. El
lerdense goza de la confianza del titular del Ejecutivo, de su consideración,
lo que al parecer no gusta a algunos que le han desatado una campaña mediática
en su contra.
Cosas sencillas, lo que realmente vale
“… lo que vale realmente en este mundo son
cosas muy sencillas, tan sencillas como una llamada telefónica a una pequeñita
enferma”.
Esto lo escribió en un artículo
Karime Macías de Duarte a propósito de una experiencia que vivió en su visita
de diciembre pasado a El Vaticano y que tuvo como protagonista al papa
Francisco.
Según narró, cuando el pontífice
se acercó a saludar a un artesano de Xico, Sinué, éste le contó que tenía una
hermanita de cinco años, Luz del Carmen, enferma de cáncer. Entonces el
argentino le pidió que se la comunicara por teléfono y le envió su bendición
“como si no estuviera ante 35 mil personas”.
Escribió la esposa del
Gobernador: “En su trato amable y cálido, nos recuerda que lo que vale
realmente en este mundo son cosas muy sencillas, tan sencillas como una llamada
telefónica a una pequeñita enferma”.
No deja de ser significativo que
quien tiene a cargo la responsabilidad de los programas sociales a favor de los
más necesitados en Veracruz muestre esa sensibilidad, tanto o más por su
vínculo con el poder, que luego despersonaliza y, peor, deshumaniza.
En la mayoría de las veces, el
gobernado ya ni siquiera espera que le resuelvan sus problemas, que atiendan su
petición, sino por lo menos que lo traten bien, que le den una palmadita en la
espalda así connote sólo una mentira piadosa.
Las palabras de la presidenta del
DIF Estatal debieran servir, siquiera, como una llamada de atención para los
colaboradores de su esposo, muchos de los cuales caen en la arrogancia víctimas
del poder y se mantienen lo más lejos posible del pueblo, de sus carencias y
necesidades, a menos que deseen utilizarlos con fines electoreros.
Amabilidad, calidez, sencillez, humildad
agregaría yo, eso que vio la joven señora Macías de Duarte cuánta falta le hace
a muchos de los hoy encumbrados en el poder, que se comportan como si éste no
se les fuera acabar en 35 meses.
¿De vuelta, el centralismo político hegemónico?
De una cosa no se podrá quejar el
ex alcalde Boca del Río y ex secretario de Finanzas y Planeación, Salvador
Manzur Díaz: de no haber tenido todo el respaldo y la simpatía oficial para que
se hubiera convertido en el nuevo dirigente estatal del PRI.
A reserva que de último minuto
las circunstancias cambiaran y le favorecieran, que en política todo puede ser
posible, todo indica que finalmente por ahora se quedará en la antesala de
espera a la espera de nuevos y favorables vientos, si es que le llegan en el
futuro.
La denuncia del dirigente
nacional del PAN Gustavo Madero en abril del año pasado de que se hacía uso
indebido de recursos de programas sociales federales con fines electorales en
el estado, a partir de una reunión grabada y filtrada que presidía Manzur, ha
terminado por pesarle.
Luego de las elecciones de julio
de 2013 y de cambios en el gabinete estatal, a Manzur no se le incluyó en
ningún movimiento y se le reservó para suceder a Erick Lagos Hernández en tanto
se le absolvía de la acusación, espera que inició, de hecho, en agosto
anterior.
Lo que se sabe es que a finales
del año pasado la dirigencia nacional tricolor hizo presión para que se
regularizara la situación de la dirigencia estatal, ya que la todavía dirigente
interina Erika Ayala Ríos estaba (y está) fuera de estatutos, y entonces el
cabildeo a favor de Manzur se intensificó.
Para entonces, se sabía que otros
intereses políticos ajenos al Palacio de Gobierno trataban de recomendar a otra
persona para ocupar el cargo vacante, por lo que el 5 de diciembre el propio
gobernador Javier Duarte de Ochoa y Manzur acudieron a Insurgentes Norte en la
Ciudad de México para entrevistarse con el dirigente nacional César Camacho
Quiroz.
Ahí se acordó que habría una
espera más ya que, por otro lado, se había ofrecido que no pasaría del día 22
de diciembre cuando el ex alcalde boqueño quedaría exonerado, pero llegó la
fecha y todo indica que no hay para cuándo Manzur libre el señalamiento.
Presuntamente ya se ha optado por otra persona, que podría implicar también un
cambio de género en la dirigencia.
Si se llegara a confirmar la
especie, entonces habría que preguntar por qué la Procuraduría General de la
República no destrabó el caso para permitir y facilitar una decisión política.
¿No lo ha hecho por decisión propia, abrumada por el trabajo que siempre tiene,
o recibió consigna para no hacerlo?
En las altas esferas del poder,
de siempre, cuando se ha querido se ha podido. Basta un telefonazo y san se
acabó. ¿Acaso no se quiere protesta y ruido de la oposición al iniciar el año
para no abollar la puesta en práctica de las grandes reformas de Peña Nieto
aprobadas el año pasado?
¿O acaso finalmente en donde se
toman las decisiones políticas, en Los Pinos, en Bucareli e Insurgentes Norte
en la capital del país, no desean una dirigencia cuestionada en uno de los
estados más importantes del país y que les interesa sobremanera?
Podría ser que el presidente Peña
Nieto haya decidido marcar un cambio en el rumbo de su partido llevando a sus
dirigencias figuras sobre las que no pesen señalamientos en contra, en aras de
buscar una nueva imagen tanto ante la propia militancia como ante la opinión
pública y de paso ante los medios.
Si esto último fuera el caso,
entonces cabría pensar que se ha restablecido ya totalmente el poder central
político hegemónico priista, el que decide qué sí y qué no en el país, el que
veta e incluso el que destituye, o, más sutilmente, el que “sugiere”, por
encima de todo poder local.
Pasada la primera visita
presidencial al estado, en cualquier momento se podría dar a conocer la
convocatoria para la renovación formal de la dirigencia priista. Habrá que
seguir con interés por dónde se decanta el asunto para tener una idea más
precisa ante qué estamos.
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