Prosa
aprisa
Los Yunes,
uno azul, otro, rojo
Arturo
Reyes Isidoro
Tiene razón el joven ex regidor
panista xalapeño Omar Miranda Romero cuando clama por la unidad de su partido,
el PAN, de cara al proceso electoral del 2016 (aunque obvió el del 2015), si no
quieren pasar al olvido.
Reconoce que hay división entre
“yunistas”, “cambranistas” (también hay “cabronistas”), “pipistas” (del “Pipo”
Vázquez Cuevas), “rementeristas” y demás.
Pero considera que se ha dado ya
el primer paso para recuperar su unidad al reconocerse el resultado de la elección
de dirigente municipal que favoreció a Fernando Márquez Sánchez, quien, como él
mismo apunta, es integrantes del grupo de Miguel Ángel Yunes Linares.
En tanto se ponen de acuerdo o se
tratan de poner de acuerdo, lo cierto es que por lo pronto Miguel ya sembró una
cabeza de playa en la capital del estado donde está el asiento de la sede
estatal cuando viene el relevo de la dirigencia en el estado.
El campanazo del grupo Yunes fue
doble pues también ganó la posición de consejero nacional en la persona de Raúl
Martínez Chávez, bastante identificado con Abel Cuevas Melo, hoy tesorero
municipal de Boca del Río que preside el joven Miguel Ángel Yunes Márquez.
Hablando de otro Yunes, este
priista, Héctor, cómo me recuerda el estilo de hacer precampaña política de
Fidel Herrera Beltrán.
Corría el gobierno de Miguel
Alemán Velasco y Fidel aspiraba a relevarlo. Sucedía que amigos, familias del
puerto de Veracruz me invitaban a algún convivio familiar por un bautizo, un
cumpleaños, algún aniversario de algo, alguna fecha especial, y ahí estábamos
algún sábado, algún domingo, departiendo con toda normalidad, cuando de pronto
irrumpía el huracán Fidel.
La normalidad del convivio, el
buen ambiente familiar, de camaradería, se terminaba. Fidel se apoderaba del
centro de atención y hablabla y hablabla y hablaba y prácticamente ya no dejaba
que alguien más interviniera. Había que escuchar la interminable perorata del
tío Fide, que en la mesa se ponía a hacer campaña. Había quienes optaban por
retirarse.
Pero, en efecto, lo que a modo de
chiste se decía era cierto: si se trataba de un bautizo, Fidel era el niño
bautizado, si de una boda, Fidel era el novio, si de unos quince años, él era
la quinceañera, si de un cumpleaños, él era el cumpleañero, si de un carnaval
de pueblo, él era el rey feo, si de un velorio, ¡él era el muerto! Alguna vez
un amigo etnólogo-antropólogo me platicó que fue a un convivio en la Sierra de
Chicontepec ¡y allá se lo encontró como centro de una fiesta! Otro me dijo que
estuvo en un velorio en la Huasteca, más al norte de Chicontepec, ¡y ahí se
encontró a Fidel hincado rezando!
A Fidel le dio resultado. Si no
hubiera sido por eso, por esa siembra, hubiera perdido la gubernatura, aunque
Gerardo Buganza Salmerón, su entonces oponente del PAN, asegura que la perdió
aunque su triunfo lo negociaron en México el entonces presidente Felipe
Calderón y fuerzas del PRI nacional.
En el proceso sucesorio de 2010,
Héctor Yunes Landa aspiró, con todo derecho, a ser el candidato de su partido a
la gubernatura. Fidel no sólo lo vetó sino que lo persiguió, le cerró todos los
medios informativos y todos los espacios políticos del estado. Y lo denostó
hasta que quiso.
Debe reconocerse la piel gruesa
de Héctor y su habilidad política para sobrevivir entonces y para reponerse
ahora, a grado tal que hoy es senador pero además un prospecto con mucha viabilidad
para ser el próximo gobernador de Veracruz, posibilidad real que sólo le
disputa el otro senador veracruzano, su sobrino putativo José Francisco Yunes
Zorrilla, con quien, por cierto, tiene un pacto personal de no agresión. Tan
hábil que el comentario no desmentido hasta ahora es que Héctor y Fidel ¡ya son
cuates!, que el tío Fide lo visita en el Senado, que Héctor le consigue naves
para que vuele y se traslade, que ya pactaron un acuerdo, Fidel dándole todo su
apoyo y el de las fuerzas que tiene y maneja en Veracruz y Héctor haciéndole
concesiones para cuando llegue.
Pero, decía al principio, Héctor
me recuerda mucho la forma de hacer precampaña de Fidel. Asiste al aniversario
de un medio informativo en el norte y se vuelve el centro de la atención,
convive con la prensa en una cena-brindis con la prensa del puerto jarocho y la
consiente, se hace o lo hacen compadre empresarios del estado, viaja al sur a
un convivio y la gente queda encantada con él, lo invitan aquí o acullá y no se
hace del rogar.
Ya nada más falta que se aparezca
ahora en las fiestas de La Candelaria lidiando toros, o que encabece el desfile
de la virgen como jinete, que desfile en el Carnaval de Veracruz disfrazado de
político y que se lance desde lo más alto del palo sagrado como un volador más
de los Voladores de Papantla en la Cumbre Tajín.
El sábado pasado asistió en
Xalapa a un convivio con motivo del cumpleaños del reportero, editor y
columnista Filiberto Vargas. A diferencia de Elizabeth Morales y Alfredo
Ferrari que se fueron enseguida, Héctor
se quedó a botanear, a brindar, a charlar; contrario al tío Fide escucha
y deja que los demás hablen. Una semana antes apadrinó en Xalapa a un hijo del
empresario presidente de la Canacintra Carlos Abreu Domínguez, e igual departió
con todos los invitados con toda sencillez. El hombre está, anda en lo suyo y
no cree en nadie.
Y ha resultado un buen cátcher.
Todo veracruzano, de cualquier nivel, de cualquier parte del estado, que no es
escuchado o atendido por las autoridades, por los diputados locales o
federales, él les abre la puerta de inmediato, los recibe en el Senado, los
atiende, los escucha y hace gestiones para tratar de ayudarlo. Lo mismo hace con
todos los políticos veracruzanos que han sido marginados o son mal vistos por
quienes están hoy en el poder. Ya tiene, de esa forma, una legión de
activistas.
Algo que puede ser una virtud en
él: escucha y si se equivoca rectifica. Luego de las críticas que recibió por
violar las reglas no escritas de la política al venir a disputarle al
gobernador Javier Duarte el espacio mediático suspendió sus conferencias de
prensa de los lunes que había anunciado y que realizó al principio en conocido
café del puerto de Veracruz con el pretexto de venir a dar cuenta a los
veracruzanos de su gestión como senador, aunque en realidad era una forma
velada de mantener presencia entre el electorado, esto es, de hacer precampaña.
Pero encontró otra forma mejor,
que nadie le puede reprochar: no desaprovechar ninguna oportunidad de estar
cerca de los votantes, ya sea como invitado, como padrino y compadre, como anfitrión, como patrocinador, como
mecenas, en fin. ¡Ah! Y cabildea con la prensa, con editores, con columnistas,
suma incluso las voces más críticas, las que han sido desdeñadas por otros.
Tiene y demuestra oficio. Será, es un contendiente de cuidado para los demás
aspirantes.
Si sigue así pondrá en aprietos
al CEN tricolor, a Los Pinos, a la hora de decidir. Se iría a la oposición sólo
que si no fuera él el elegido tampoco lo fuera su “sobrino” Pepe. Y ya corre el
cuarto año de la actual administración.
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