Prosa aprisa
¿Alcaldes, de
nuevo, de tres años?
Arturo Reyes Isidoro
Según algunas notas periodísticas, el gobernador Javier Duarte de Ochoa
reconoció que la figura de reelección para cargos de elección popular no figura
en la iniciativa que envió ayer al Congreso local para adecuar el Código
Electoral del Estado a la reforma política-electoral aprobada en diciembre
pasado por el Congreso federal, y tampoco se pronunció sobre la reducción de
los periodos de los alcaldes de cuatro a tres años, tema este que seguramente
generará ruido porque es condición indispensable para que se puedan reelegir
presidentes municipales, síndicos y regidores.
El titular del Ejecutivo informó del envío de su iniciativa durante su
conferencia de prensa matutina de los lunes, en la cual dijo que la adecuación
será “plena” y con vínculos claramente establecidos entre las leyes local y
federal.
En el caso
concreto de Veracruz, vaya relajo legislativo que se va a armar porque resulta que
la nueva legislación federal señala que las constituciones de los estados
tienen que establecer la elección consecutiva para el mismo cargo de
presidentes municipales, síndicos y regidores por un periodo adicional siempre
y cuando el periodo de mandato de las comunas no sea superior a tres años, y en
el estado rige el periodo de cuatro, que se aprobó el 17 de mayo de 2011 y que
apenas entró en vigor con los actuales alcaldes.
La reelección,
se entiende, se aprobó a nivel federal para incentivar a las autoridades
municipales a tener el mejor desempeño con el propósito de ganarse la simpatía
ciudadana, tanta como para que los reelijan, y se ve difícil que, por ejemplo,
Américo Zúñiga Martínez, o Ramón Poo Gil, o Joaquín Caballero Rosiñol, por
citar a los alcaldes de Xalapa, Veracruz y Coatzacoalcos, no quisieran
prolongar su mandato por otro periodo, así como los miembros de sus comunas,
aunque, claro, ellos están impedidos por haber sido elegidos para un periodo de
cuatro años.
Podría pensarse
que durante la discusión en el Congreso local se agregará esta figura en el
Código Electoral del Estado, para lo cual se volverá a alcaldes de tres años, o
que si no se hace ahora, el próximo gobernador hará la corrección
correspondiente.
¿Por qué algunas
resistencias a la reforma política-electoral?
Durante años,
los partidos de oposición al PRI vinieron reclamando inequidad en los procesos
electorales, intervención de los gobiernos y uso de recursos públicos a favor
de su partido y de sus candidatos (primero fue el PRI pero luego en el poder
presidencial el PAN hizo lo mismo), así como rebase de topes económicos de campaña.
De vuelta el priismo a la Presidencia y el panismo a la oposición, el reclamo
resurgió.
Como se dice
comúnmente, el Gobierno federal priista hacía como que escuchaba y como que iba
a atender por fin el reclamo, pero en realidad les daba “avión” sobre todo a los
panistas y ahí se la llevaban; mientras, en efecto, los comicios eran cada vez
más cuestionados por los propios electores y muchos resultados se definían
finalmente en los tribunales electorales, también bajo sospecha de estar al
servicio del gobierno en turno, hasta que se atravesaron en especial tres
circunstancias.
Uno. La llegada
de Enrique Peña Nieto a la Presidencia ha venido a constituir un refresco en un
sistema político que se estaba asfixiando por los viejos vicios de siempre, en
los que también cayeron los panistas, pues el mexiquense ha dado muestras
suficientes de apertura y de deseos de cambio, para lo cual está llevando a cabo
una serie de reformas estructurales que –yo sí lo creo– rendirán frutos a largo
plazo.
Dos. El Pacto
por México, reconocido e incluso envidiado en el extranjero porque permitió
sentar a la misma mesa a los partidos con el gobierno para negociar las
reformas, ha servido para, ahora sí, atender algunos reclamos de la oposición,
como el de la reforma política-electoral, a cambio del apoyo opositor a Peña
Nieto para sus demás reformas. Peña, tiene que reconocérsele, dejó el
autoritarismo y prefirió negociar y hacer concesiones antes de imponer por la
fuerza, como se hacía antes, sus iniciativas. Recibe, pero también da.
Tres. Y la
chispa que se necesitaba para incendiar la pradera, que ya estaba seca y lista
para arder, aunque nadie activaba el encendedor que se necesitaba, brotó en
Boca del Rio cuando como a verdaderos amateurs pillaron a un grupo del gobierno
planeando intervenir en las pasadas elecciones, sin advertir que eran filmados
y grabados, material que llegó a manos del dirigente nacional del PAN, Gustavo
Madero, quien tuvo las pruebas para demostrar que su reclamo estaba más que
justificado, de lo que se agarraron también los partidos de izquierda para
sumarse y reclamar.
De ahí renació
la exigencia de que se diera una reforma política-electoral cuanto antes, que
Peña aceptó porque creo yo que también desea el cambio si quiere modernizar a
México, y el ordenamiento ya fue aprobado por el Senado la madrugada del pasado
4 de diciembre de 2013, aunque ahora necesita la validación de al menos 17
legislaturas locales, cuyo plazo se vence al final de este mes para hacerlo,
aunque, según el PAN, en algunos estados se han estado haciendo patos para no
dar su aval, se entendería que porque impediría la injerencia de gobiernos
locales para seguir manipulando las elecciones, entre otros impedimentos.
Aprovechando el
viaje y dadas algunas resistencias, el PAN está exigiendo también no sólo el
aval para la reforma sino que los propios estados armonicen su marco legal con
la norma federal, para lo cual el Gobierno de Enrique Peña Nieto, a través del
secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, ha “sugerido” (ordenado) ya
a las legislaturas locales a que lo hagan.
Lo que
constituye un golpe (según se quiera ver para quién) en el caso del estado es
que se elimina la autonomía del Instituto Electoral Veracruzano (IEV), que
ahora se denominará “Organismo Público Local de Veracruz en Materia Electoral”,
que estará vigilado y controlado desde el centro, además de que será el Senado
de la República y ya no el Congreso local el que nombre a los magistrados
electorales estatales, que actualmente están bajo sospecha de servir al
gobierno en turno.
Además de que se
podrán anular elecciones si se excede el gasto de campaña en un cinco por
ciento del monto total autorizado, si se adquiere cobertura informativa o
tiempos en radio y televisión fuera de los supuestos previstos en la ley, o si
se reciben o utilizan recursos de procedencia ilícita o recursos públicos en
las campañas, todo eso entre otras cosas.
Viéndola al
margen de cualquier interés partidario, la reforma le conviene a la sociedad
porque las nuevas limitantes y las nuevas exigencias harán que se mejore la
calidad de los procesos electorales y que los partidos postulen a verdaderos
buenos candidatos, ya no a la morralla ni a los impresentables de siempre, si
no quieren perder y recibir el rechazo ciudadano.
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