Prosa
aprisa
Centroamericanos; la lección de Brasil
Arturo Reyes Isidoro
Sería yo un mal veracruzano, al
menos así me consideraría, si no deseara que el desarrollo de los Juegos
Centroamericanos y del Caribe sea todo un éxito.
El deporte, aun cuando los políticos
lo han politizado, es una actividad noble, sana, necesaria, que propicia la
buena convivencia y que ayuda mucho a los jóvenes.
Tal vez cuando se consiguió la
sede para nuestro estado, la administración pública estatal gozaba si no de
finanzas sanas, al menos éstas no presentaban una situación tan precaria como
la que mantienen ahora.
Prácticamente desde que inició el
año, podría incluso decirse que desde que se rindió el tercer informe de
gobierno, un día y casi otro también se pregonan con bombo y platillos los
juegos por venir.
Para nadie es un secreto que, sin
embargo, el cumplimiento del futuro evento no ha estado exento de problemas
fundamentalmente por la escasez de recursos en las arcas públicas.
Los planes originales se
modificaron; obras que se habían anunciado finalmente no se construyeron; el
comité organizador en el estado ya lleva tres titulares.
Pero es innegable que se hace un
esfuerzo oficial por cumplir con el compromiso; por la información de primera
mano que poseo, no tengo ninguna duda de que las otras materiales necesarias,
las instalaciones, estarán listas a tiempo.
A cada rato se nos informa que
también se trabaja con toda intensidad en el aspecto de la organización y que
vienen y van y vienen directivos de la justa de otros países y que certifican
que todo va bien. No hay porque no creerlo.
Digo al principio que no sería un
buen veracruzano si le apostara al fracaso de la justa, pero no puedo dejar de
comentar que me sorprende que, según las imágenes que se difunden de las reuniones
preparatorias, todo es sonrisas, como si las competencia ya hubiera terminado y
todo hubiera resultado un éxito y transcurrido con la mayor normalidad.
Yo doy por hecho que los juegos
se van a celebrar y que deportivamente no habrá mayores problemas; que en ese
aspecto serán todo un éxito, y llegado el momento habrá que celebrarlo, o al
menos yo pienso hacerlo.
Sin embargo, desde mi perspectiva
de fuera, creo que la Copa Mundial de Futbol de Brasil, que apenas arrancó ayer,
ya ha dejado una lección que las autoridades del Gobierno del estado no pueden
ignorar y que debieran analizar a fondo para evitar, hasta donde más puedan,
una situación similar, que, a la distancia relativamente corta que falta para
se celebren los juegos (sólo cinco meses), lo veo muy difícil.
Toda proporción guardada, Brasil
tiene una pujante economía igual o mejor que la de nuestro país (Lula se acaba
de jactar de ello, en forma poco diplomática y amistosa pese al trato que ha
recibido de nuestro gobierno), y ya no se diga que nuestro estado (insisto, con
toda proporción guardada).
No obstante ello y que analistas
internacionales la ven como la primera economía del mundo para el año 2050,
esto es, que le ven futuro, también padece muchos rezagos y tiene una población
exigente, que ya no se deja manipular y que antepone el sentido común al pan y
circo, al espectáculo que ofrece su gobierno: primero lo primero claman y
reclaman; primero se deben satisfacer las necesidades, resolver las carencias,
solucionar los problemas sociales antes que gastar en la organización de una
Copa Mundial que les está costando un ojo de la cara y que cuando termine no les
habrá sacado de la situación en que están.
Casi podría decirse que de pronto
se volvió una moda o un deporte global protestar contra lo mal que está el
mundo y para hacerse oír con más fuerza tratar de bloquear e impedir todos los
foros y actividades de carácter internacional sean cumbres mundiales de
economía, reunión de jefes de Estado de las grandes potencias, congresos de
medio ambiente, Olimpiadas, campeonatos mundiales de futbol, y no veo porqué
estarían exentos los próximos Juegos Centroamericanos.
En Brasil ha estallado la
violencia en las calles por las protestas y reclamos al gobierno de ese país de
que gaste en lo superfluo y no atienda lo necesario y urgente, las condiciones
de pobreza, de marginación social, de malos servicios públicos, de falta de
infraestructura, que el carnaval y el futbol finalmente no dejan de ser sólo
una diversión, un espectáculo, pero nada más.
Veracruz precisamente no está en
ningún lecho de rosas. Tiene y enfrenta problemas serios: económicos por una
fuerte deuda pública y el reclamo de acreedores; políticos por el
enfrentamiento personal entre actores políticos y la pugna entre grupos por la
disputa del poder, por el reclamo de grupos sociales de que no les han cumplido
ofrecimientos prometidos, de que pretenden destruir ecosistemas con obras mal
planeadas, de organizaciones como la de los taxistas que demandan se les
autorice aumento de tarifas, de maestros que siguen inconformes por la reforma
educativa, de estudiantes que reclaman el pago de becas y porque han sido
rechazados por la Universidad Veracruzana; sociales por la pobreza, la
marginación, la proletarización de la clase media ante la reforma fiscal;
materiales por la falta de obras sentidas y demandadas y no cumplidas y por estructura
dañada; de la sociedad en general por tanta corrupción e impunidad; en fin. Los
juegos no resolverán nada de ello.
Seguramente grupos que tienen un
justo reclamo, oportunistas que van a ver qué pescan en el río revuelto,
miembros de oenegés que se hacen presentes en eventos de relevancia, todos
ellos y más habrán de alterar la vida de Veracruz antes y durante los juegos
que serán del 14 al 30 de noviembre próximo, cuarto informe de gobierno de por
medio.
A estas alturas seguramente el
operador político Marlon Ramírez, subsecretario de Gobierno, mi tocayo Arturo
Bermúdez Zurita, secretario de Seguridad Pública, Noemí Guzmán Lagunes,
secretaria de Protección Civil, Fernando Charleston Hernández, secretario de
Finanzas, Jorge Carvallo Delfín, secretario de Desarrollo Social, y Gerardo
Buganza Salmerón, secretario de Infraestructura y Obras Públicas, básicamente
entre otros, deben estar ocupados ya diseñando la estrategia para amortiguar (y
si es posible evitar) las protestas o, en todo caso, para enfrentarlas.
Sé que son voluntariosos y que le
echan ganas. Pueden ya empezar su tarea tratando de resolver, hasta donde más
puedan, los pendientes con los veracruzanos. Tienen cinco meses por delante. En
buena medida de ellos dependerá que su jefe Javier Duarte de Ochoa salga lo
mejor librado e inicie su quinto año de gobierno de la mejor forma y cuando más
lo va a necesitar porque entrará ya en el tobogán de salida. Veremos, dijo el
ciego.
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