Prosa aprisa
Osorio Chong deja en órbita a Duarte
Arturo Reyes Isidoro
En los casi cuatro años en el gobierno que cumplirá el próximo 1 de
diciembre, esto es, dentro de cuatro meses, Javier Duarte de Ochoa no había
recibido tanto calor del Gobierno Federal como el día de ayer y, en general,
durante la semana que está por concluir.
El lunes puse como encabezado a la columna “Espaldarazo del priismo a
Duarte”, al dar cuenta de las actividades que tendrían lugar en el estado tanto
por parte de los integrantes del Grupo Legislativo del PRI en el Senado de la
República como por la visita que harían secretarios del gabinete presidencial
así como directores generales de despachos y la dirigencia nacional tricolor.
Ayer se confirmó que la apreciación era correcta, corroborada por el
abierto reconocimiento que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio
Chong, hizo al cordobés, esto es, por parte del segundo hombre en importancia
política, del responsable de la política interior del país.
Atrás quedaron los días amargos de los primeros días de mayo de 2013
cuando ante la resistencia de Duarte a remover a Salvador Manzur de la
Secretaría de Finanzas e intentar hablar con el Presidente para evitarlo,
Osorio Chong le dijo que es que lo que le estaba transmitiendo era una orden.
¿Qué hizo, qué ha hecho Javier para recomponer su situación hasta
llegar al grado de lo que se vio y escuchó ayer en Boca del Río? Seguramente, a
ojos del centro político del país, se ha aplicado y ha hecho bien la tarea que
le dejaron y han terminado por ponerle su estrellita en la frente. Su sonrisa
de ayer lo decía todo y no era para menos.
Indudablemente, el 28 de agosto de 2014 marcará un parteaguas para él y
su administración, y tras la experiencia adquirida y tras la vorágine vivida en
lo que va de su gobierno, seguramente sabrá aprovechar bien esta oportunidad
que le dan las circunstancias favorables que se le presentan para concluir de
la mejor forma su gestión.
Como Peña Nieto en el Gobierno Federal, quien ahora es otro a raíz de
que le aprobaron sus reformas y que acabó por retomar el poder presidencial,
bien se puede decir que, igualmente, Javier Duarte es ahora otro cuando sabe,
porque se lo están demostrando, que tiene todo el respaldo del priismo
partidista, presidencial y legislativo, que no es poca cosa.
El oxígeno, el gran tanque de oxígeno le llegó en el mejor momento, o
en el momento cuando más lo necesitaba de cara a su cuarto Informe de Gobierno,
a los Juegos Centroamericanos y del Caribe, a la Cumbre de Jefes de Estado y de
Gobierno y a las vapuleadas de un sector de la prensa y ya ni se diga de sus
críticos en las redes sociales.
Tuvieron que pasar tres años para que por fin se vieran los frutos de
aquel gesto político suyo de gran significación cuando no obstante que era abierto
y público el interés del entonces recién exgobernador Fidel Herrera Beltrán por
llegar a ser el candidato presidencial del PRI, Duarte se la jugó en abierto
con el mexiquense.
Si se recuerda, el 7 de septiembre de 2011, Duarte recibió en Xalapa al
entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, para ser testigos
del “hermanamiento” de las ciudades de Toluca y Xalapa, en una ceremonia que
tuvo lugar en el salón Venustiano Carranza de la antigua Legislatura del Estado
en el interior del Palacio de Gobierno.
A la distancia, ahora se entiende mejor el significado de aquella
ceremonia: eran mujeres las alcaldesas de entonces, María Elena Barrera Tapia,
de Toluca, y Elizabeth Morales García, de Xalapa, lo que era ya un adelanto de
la importancia que Peña ya como presidente daría a las mujeres promoviendo la
igualdad de género, un papel relevante que no recibía tanto impulso desde que
dos presidentes de la república veracruzanos, Adolfo Ruiz Cortines y Miguel
Alemán Valdés, lo habían hecho en su momento cuando concedieron el voto a las
féminas.
Pero también acaso en aquella fecha Peña Nieto expuso los elementos de
porqué la importancia de Veracruz y la atención que ahora le ha empezado a dar
ya, con resultados, con obras e inversiones y con el apoyo político, a Javier
Duarte su gobernador.
Entonces dijo que Veracruz y el Estado de México compartían el reto de
ser las dos entidades más pobladas del país, lo que significaba que más del 20
por ciento de la población nacional radicaba en estos estados, o que uno de
cada cinco mexicanos vivía en ellos.
Incluso recordó que según las últimas cifras de población para esas
fechas, 273 mil veracruzanos vivían en el Estado de México mientras que 33 mil
mexiquenses lo hacían en nuestra entidad.
Ayer, Osorio Chong llegó a las 10 de la mañana y se fue a las 11:30
porque iba a alcanzar al Presidente a Guadalajara, no obstante, fue una hora y
media suficiente para dejar en órbita a Duarte, quien hoy tiene el fin de
fiesta.
Un observador digno de crédito que estuvo muy cerca de todo lo que
ocurrió ayer me comentó que aparte de Osorio, tanto Claudia Ruiz Massieu como
Rosario Robles Berlanga, secretarias de Turismo y de la Sedesol,
respectivamente, así como Enrique Reza Ochoa y Emilio Lozoya Austin, titulares
de la CFE y de Pemex, igual, respectivamente, “se ve que traían instrucción
desde arriba porque le echaron puras flores al gobernador”.
Para el mejor fin de fiesta de su administración, ahora debiera de rearmar
el mejor equipo humano que lo ayude a recuperar o a fortalecer la confianza y
la credibilidad ciudadanas en su administración, y deshacerse de quienes
todavía permanecen su equipo pero le han dañado terriblemente su imagen y
reciben el rechazo popular.
Pepe, en los cuernos de la luna
Pero a otro que no le fue nada mal la noche del miércoles fue al
senador priista José Francisco Yunes Zorrilla, “Pepe”, quien compartió mesa con
el presidente Enrique Peña Nieto en la reunión entre el Grupo Legislativo del
PRI y del PVEM en el Senado con el titular del Ejecutivo federal que tuvo lugar
en el salón Adolfo López Mateos de la Residencia Oficial de Los Pinos.
Pepe estuvo a la derecha del líder de la bancada priista en el Senado,
Emilio Gamboa Patrón, el único que se interponía entre el Presidente y él. El
detalle no se puede ignorar.
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