jueves, 28 de agosto de 2014

Osorio Chong deja en órbita a Duarte

Prosa aprisa
Osorio Chong deja en órbita a Duarte

Arturo Reyes Isidoro

En los casi cuatro años en el gobierno que cumplirá el próximo 1 de diciembre, esto es, dentro de cuatro meses, Javier Duarte de Ochoa no había recibido tanto calor del Gobierno Federal como el día de ayer y, en general, durante la semana que está por concluir.
El lunes puse como encabezado a la columna “Espaldarazo del priismo a Duarte”, al dar cuenta de las actividades que tendrían lugar en el estado tanto por parte de los integrantes del Grupo Legislativo del PRI en el Senado de la República como por la visita que harían secretarios del gabinete presidencial así como directores generales de despachos y la dirigencia nacional tricolor.
Ayer se confirmó que la apreciación era correcta, corroborada por el abierto reconocimiento que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, hizo al cordobés, esto es, por parte del segundo hombre en importancia política, del responsable de la política interior del país.
Atrás quedaron los días amargos de los primeros días de mayo de 2013 cuando ante la resistencia de Duarte a remover a Salvador Manzur de la Secretaría de Finanzas e intentar hablar con el Presidente para evitarlo, Osorio Chong le dijo que es que lo que le estaba transmitiendo era una orden.
¿Qué hizo, qué ha hecho Javier para recomponer su situación hasta llegar al grado de lo que se vio y escuchó ayer en Boca del Río? Seguramente, a ojos del centro político del país, se ha aplicado y ha hecho bien la tarea que le dejaron y han terminado por ponerle su estrellita en la frente. Su sonrisa de ayer lo decía todo y no era para menos.
Indudablemente, el 28 de agosto de 2014 marcará un parteaguas para él y su administración, y tras la experiencia adquirida y tras la vorágine vivida en lo que va de su gobierno, seguramente sabrá aprovechar bien esta oportunidad que le dan las circunstancias favorables que se le presentan para concluir de la mejor forma su gestión.
Como Peña Nieto en el Gobierno Federal, quien ahora es otro a raíz de que le aprobaron sus reformas y que acabó por retomar el poder presidencial, bien se puede decir que, igualmente, Javier Duarte es ahora otro cuando sabe, porque se lo están demostrando, que tiene todo el respaldo del priismo partidista, presidencial y legislativo, que no es poca cosa.
El oxígeno, el gran tanque de oxígeno le llegó en el mejor momento, o en el momento cuando más lo necesitaba de cara a su cuarto Informe de Gobierno, a los Juegos Centroamericanos y del Caribe, a la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno y a las vapuleadas de un sector de la prensa y ya ni se diga de sus críticos en las redes sociales.
Tuvieron que pasar tres años para que por fin se vieran los frutos de aquel gesto político suyo de gran significación cuando no obstante que era abierto y público el interés del entonces recién exgobernador Fidel Herrera Beltrán por llegar a ser el candidato presidencial del PRI, Duarte se la jugó en abierto con el mexiquense.
Si se recuerda, el 7 de septiembre de 2011, Duarte recibió en Xalapa al entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, para ser testigos del “hermanamiento” de las ciudades de Toluca y Xalapa, en una ceremonia que tuvo lugar en el salón Venustiano Carranza de la antigua Legislatura del Estado en el interior del Palacio de Gobierno.
A la distancia, ahora se entiende mejor el significado de aquella ceremonia: eran mujeres las alcaldesas de entonces, María Elena Barrera Tapia, de Toluca, y Elizabeth Morales García, de Xalapa, lo que era ya un adelanto de la importancia que Peña ya como presidente daría a las mujeres promoviendo la igualdad de género, un papel relevante que no recibía tanto impulso desde que dos presidentes de la república veracruzanos, Adolfo Ruiz Cortines y Miguel Alemán Valdés, lo habían hecho en su momento cuando concedieron el voto a las féminas.
Pero también acaso en aquella fecha Peña Nieto expuso los elementos de porqué la importancia de Veracruz y la atención que ahora le ha empezado a dar ya, con resultados, con obras e inversiones y con el apoyo político, a Javier Duarte  su gobernador.
Entonces dijo que Veracruz y el Estado de México compartían el reto de ser las dos entidades más pobladas del país, lo que significaba que más del 20 por ciento de la población nacional radicaba en estos estados, o que uno de cada cinco mexicanos vivía en ellos.
Incluso recordó que según las últimas cifras de población para esas fechas, 273 mil veracruzanos vivían en el Estado de México mientras que 33 mil mexiquenses lo hacían en nuestra entidad.
Ayer, Osorio Chong llegó a las 10 de la mañana y se fue a las 11:30 porque iba a alcanzar al Presidente a Guadalajara, no obstante, fue una hora y media suficiente para dejar en órbita a Duarte, quien hoy tiene el fin de fiesta.
Un observador digno de crédito que estuvo muy cerca de todo lo que ocurrió ayer me comentó que aparte de Osorio, tanto Claudia Ruiz Massieu como Rosario Robles Berlanga, secretarias de Turismo y de la Sedesol, respectivamente, así como Enrique Reza Ochoa y Emilio Lozoya Austin, titulares de la CFE y de Pemex, igual, respectivamente, “se ve que traían instrucción desde arriba porque le echaron puras flores al gobernador”.
Para el mejor fin de fiesta de su administración, ahora debiera de rearmar el mejor equipo humano que lo ayude a recuperar o a fortalecer la confianza y la credibilidad ciudadanas en su administración, y deshacerse de quienes todavía permanecen su equipo pero le han dañado terriblemente su imagen y reciben el rechazo popular.
Pepe, en los cuernos de la luna
Pero a otro que no le fue nada mal la noche del miércoles fue al senador priista José Francisco Yunes Zorrilla, “Pepe”, quien compartió mesa con el presidente Enrique Peña Nieto en la reunión entre el Grupo Legislativo del PRI y del PVEM en el Senado con el titular del Ejecutivo federal que tuvo lugar en el salón Adolfo López Mateos de la Residencia Oficial de Los Pinos.
Pepe estuvo a la derecha del líder de la bancada priista en el Senado, Emilio Gamboa Patrón, el único que se interponía entre el Presidente y él. El detalle no se puede ignorar.




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