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Arturo
Reyes Isidoro
En uno de sus memorables discursos, el que pronunció el 6 de diciembre
de 1972 en Aguascalientes, uno de los politólogos, ideólogos e historiadores
mexicanos más brillantes del siglo XX y el más grande que ha tenido el PRI en
su historia, demandaba una sana resistencia que apoyara a su partido en el
avance político de México.
Acuñó entonces aquélla histórica frase patrimonio hoy del lenguaje
político mexicano: lo que resiste apoya. “No queremos luchar con el viento, con
el aire”, decía.
Corresponsabilizaba a la oposición (su mensaje entonces estaba dirigido
al PAN, aunque sigue teniendo vigencia para todos los demás partidos) de que no
hubiera un cabal sistema democrático en el país, aunque no dejaba de reconocer
la parte que le tocaba al PRI.
“Frecuentemente se dice que hay imposición, cuando lo que ocurre es que
falta la oposición”, señalaba. Apuntaba en forma contundente: “La oposición o
es natural, se apoya en sí misma, o carece de sentido y se convierte en
parodia”. Confiaba en que los partidos minoritarios asumieran sus
responsabilidades ante la nación.
Una de las más grandes inteligencias que ha tenido México diría meses
más tarde, el 9 de junio de 1973, en un acto en la ciudad de México, que la
conciencia que la Revolución Mexicana tenía de su propia fuerza la obligaba “a
buscar en las diferencias ideas que la enriquezcan o ideas que la ayuden a
efectuar una fecunda autocrítica”.
Era contundente: “¿Qué panorama presenciamos al respecto? La oposición
ni siquiera cumple el papel elemental que en cualquier régimen político le
concierne: resistir para apoyar. No resiste y, por lo consiguiente, no nos
apoya”.
Más de cuarenta años tiene ese ideario político y el avance político en
México con respecto a la oposición, o con la mayoría de la oposición, continúa
estancado, está estancado; hasta podría afirmarse sin ningún titubeo que va en
franco retroceso en comparación con las reformas que se viven en otras áreas de
la vida pública del país.
El más vivo ejemplo lo constituye un nuevo membrete que acaba de surgir
llamado “Partido Encuentro Social”.
El pasado 17 de agosto la prensa dio cuenta que en un acto celebrado en
la ciudad de México Gonzalo Guízar Valladares y Juan José García Espinoza
habían rendido protesta como presidente y secretario general, respectivamente,
del nuevo “partido” en Veracruz. ¿Quién los eligió? ¿Cuándo? ¿En dónde?
Indudablemente el suyo se trató de un caso de abierta y auténtica
antidemocracia: el pueblo no participó en su elección. Son producto del más vil
dedazo, de la más descarada imposición. Carecen de legitimidad ciudadana, pues.
Pero tan pronto tuvieron poder partidista enseñaron el cobre:
participarán con candidatos propios en los 300 distritos electorales del país,
declaró Guízar, o sea, van por el hueso, eso dijo en lugar de haber informado a
los veracruzanos cuál es su ideario político, cuáles son sus principios (¿los
tendrán?), sus valores, cuál es su contenido programático; de haber anunciado que
surgen para defender las causas populares y cómo lo van a hacer.
Según él, nacieron “para reivindicar y dignificar la política, orientada en
valores, principios; creemos en un partido independiente, íntegro", dijo
vía telefónica desde la capital del país. Puro cuento.
¿Y cuál fue su primera acción como representante de “un partido
independiente” cuando regresó al estado? Ir al clásico besamanos con el
gobernador Javier Duarte de Ochoa, priista, según se difundió una fotografía
oficial el día 19 de agosto, posada, en un feliz abrazo y teniendo como fondo
la fotografía oficial del presidente Enrique Peña Nieto, priista para más
señas. A ese grado de sumisión y entreguismo inmediato ni siquiera llegó la
dirigente estatal del PRI, Elízabeth Morales García, cuando asumió la
dirigencia de su partido.
“El acuerdo en lo fundamental no excluye la diferencia en lo esencial”,
decía también Reyes Heroles. No que sea o tenga que ver como enemigo al
gobernador, pero su papel como presidente de un partido opositor (se supone)
debe ser el de resistir para apoyar, esto es, debiera haber ido a su encuentro
con un voluminoso expediente de asuntos pendientes del pueblo veracruzano y con
un catálogo de propuestas de solución, incluso de ideas como las que pedía
Reyes Heroles para enriquecer a las instituciones y ayudar a una fecunda
autocrítica para bien de todos.
¿Fue a informar que así como abandonó el PRI de Fidel Herrera Beltrán
cuando no le cumplió su capricho de imponerlo como candidato a presidente
municipal de Coatzacoalcos acaba de abandonar también al PAN de Miguel Ángel
Yunes Linares porque no tiene claro cómo seguir medrando de la política? ¿A
esos valores, a esos principios, a esa integridad se refiere?
(Presidente y secretario general, por lo demás, que están plenamente
identificados con el senador priista Héctor Yunes Landa, por lo que no sería
nada raro que hayan venido a trabajar disfrazadamente para su causa e incluso
sean el colchón y a la vez la plataforma de lanzamiento del legislador en su
aspiración de ser gobernador en caso de que el PRI no lo postule, lo que es
legítimo si lo hacen en forma abierta.)
Pues ya está. Tenemos un nuevo partidito, satélite, ¿un “Partido
Encuentro Social” rojo? Una carga, sí, para el erario público, es decir, para
nuestros bolsillos, para nuestros impuestos.
Pero no queriendo quedarse atrás en la competencia por tirársele al
piso al gobernador priista, otro remedo de partido político llamado Partido
Alternativa Veracruzana invitó al ejecutivo estatal a encabezar su asamblea
estatal el domingo pasado.
No me imagino al Partido Acción Nacional o al de la Revolución
Democrática en la ciudad de México pidiéndole a Enrique Peña Nieto que vaya a
encabezar sus asambleas internas y menos que sus dirigentes se dediquen a
cantarle loas como hizo acá sin ningún rubor Alfredo Tress, dirigente de las
siglas alternativas.
Don Jesús ya lo decía: el PRI, sus gobiernos, necesitan que lo apoyen
pero resistiendo, pero el señor Tress muy digno dijo con respecto al máximo
representante del PRI en Veracruz que “queremos ser sus aliados, no sus
empleados”, que como se guisan las cosas políticas en la aldea jarocha equivale
a lo mismo.
Contrario al otro membrete, este dirigente anunció que como partido
estatal no participarán en las próximas elecciones a diputados federales
(porque legalmente no pueden), pero que darán su apoyo “al candidato que más
convenga a los intereses ciudadanos”. ¿A cuáles cree? Acertó: a los del PRI. No cabe duda, sólo es
un grupo, que no un partido en toda la extensión de la palabra, que medra a la
sombra del poder y de nuestros impuestos.
Otro gran priista, Luis Donaldo Colosio, minutos antes de que lo
asesinaron en Lomas Taurinas, Tijuana, el 23 de marzo de 1994, en lo que fue su
último discurso político dijo: “Nosotros no le tememos a la competencia
política. Lo que sí rechazamos es la incompetencia política”.
Y es la que los persigue. Con sus muy contadas excepciones
individuales, en Veracruz, como ya lo señalaba don Jesús Reyes Heroles, la
oposición es sólo una parodia, no es natural, no se apoya en sí misma, carece
de sentido. Lo peor: nos cuesta a los veracruzanos, indebidamente vive, y muy
bien, a costa de nuestros impuestos.
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