Prosa aprisa
No convertir la verdad en mercancía
Arturo Reyes
Isidoro
El 6
de abril de 2006, en unos días más hará hace 7 años, el entonces cardenal Jorge
Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco, participó como arzobispo de Buenos Aires y
presidente de la Conferencia Episcopal Argentina en la cena mensual de la
Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas.
El
pasado 13 de marzo, el diario mexicano Reforma
rescató el texto que pronunció entonces y con la firma del propio Bergoglio
como Colaborador Invitado lo publicó con el propósito, dijo el periódico, de
dar a conocer de cerca el pensamiento del nuevo Pontífice.
Realmente
es un texto valiosísimo, reflexivo para quienes ejercemos el apasionante oficio
del periodismo, hoy con muchos riesgos cuando se quiere ejercer, hasta donde se
puede y es posible, responsablemente, esto es, apegado a la verdad o lo más
cerca de la verdad, pues los amagos, las amenazas o las agresiones directas o
indirectas por decirla, por publicarla, por difundirla, tristemente son un pan
nuestro de cada día.
Precisamente
un apartado, el segundo, lo dedicó el hoy Papa Francisco a la Verdad. ¿Qué dijo
tan honorable hombre acerca de ella y su importancia en nuestro oficio? Copio
textualmente:
“Los periodistas se presentan siempre ante la
sociedad como ‘buscadores de la verdad’. Quien ama y busca la verdad no permite
que se la convierta en mercancía y no deja que se la tergiverse o se la oculte.
Además, quien realmente se interesa por la verdad está siempre atento a las
reacciones de quienes reciben la información, procura el diálogo, el punto de
vista diferente. El que busca la verdad es humilde; sabe que es difícil
hallarla y sabe también que es más difícil encontrarla cuando uno la busca en
soledad. La verdad se encuentra con otros. La verdad se anuncia con otros. Así
como falsificar la verdad nos aísla, nos separa, nos enfrenta; buscarla nos
une, nos acerca, nos aproxima; y encontrarla nos llena de alegría y nos hermana”.
Cuánta
carga de verdad contienen sus palabras. La verdad, como bien lo dice, implica
necesariamente al otro, pero no al corifeo, sino al que tiene, al que da un
“punto de vista diferente”; es decir, opino, la verdad se da, se halla en la
pluralidad y la pluralidad implica el diálogo. “La verdad se encuentra con
otros. La verdad se anuncia con otros”. Pero, vuelvo con mi opinión, para
sacarla a la luz hay que saber escuchar como lo hizo el propio Bergoglio quien
con toda humildad escuchó a su colega brasileño Claudio Hummes cuando le dijo
que no se olvidara de los pobres, al ser elegido como Papa, y en ese momento se
le vino a la mente la idea de adoptar el nombre de Francisco (Prosa aprisa del
19/03/13, “Un hombre sabio que sabe escuchar”).
Son
palabras para asimilar en lo más profundo de nuestra conciencia como
periodistas, si es que nos creemos que lo somos o aspiramos a serlo realmente,
en toda la extensión de la palabra. La verdad, digo yo, es inherente a nosotros
mismos. Como la libertad, que depende de nosotros si la ejercemos o no, la
verdad, la buscamos y la decimos también dependiendo de nosotros, aunque a otros
no les guste que uno la diga, que a lo largo de la historia y de la humanidad
siempre ha habido quien la trate de inhibir.
En aquélla fecha, el entonces
cardenal Bergoglio apuntó que resulta casi un lugar común decir que los medios
de comunicación han achicado el mundo y nos han acercado unos a otros, ante lo
que expresó: “Esta proximidad puede ayudar a crecer o a desorientar. Los medios
pueden recrear las cosas, informándonos sobre la realidad para ayudarnos en el
discernimiento de nuestras opciones y decisiones, o pueden crear por el
contrario simulaciones virtuales, ilusiones, fantasías y ficciones que también
nos mueven a opciones de vida”.
Agregó al respecto: “Cuando las
imágenes y las informaciones tienen como único objetivo inducir al consumo o
manipular a la gente para aprovecharse de ella, estamos destruyendo la
projimidad, alejándonos unos de otros. Esta sensación se tiene muchas veces
ante el bombardeo de imágenes seductoras y de noticias desesperanzadoras que
nos dejan conmocionados e impotentes para hacer algo positivo. Nos ponen en el
lugar de espectadores, no de prójimos. El dolor y la injusticia presentados con
una estética desintegradora instala en la sociedad la desesperanza de poder
descubrir la verdad y de poder hacer el bien en común”.
Dijo más, por ejemplo que ser comunicador no es meramente una función. “Va más allá. Se enraiza en ese ámbito de la interioridad donde se gesta el proyecto de vida y se despliega a lo largo del camino de la existencia”.
Dijo más, por ejemplo que ser comunicador no es meramente una función. “Va más allá. Se enraiza en ese ámbito de la interioridad donde se gesta el proyecto de vida y se despliega a lo largo del camino de la existencia”.
Manifestó que en el ámbito de la
comunicación social se van gestando transformaciones culturales donde las
sociedades construyen gran parte de su futuro. “De ahí que toda la atención que
pongamos en la calidad de la comunicación es poca. No se trata sólo de
eficacia, de rating o cantidad de ejemplares vendidos. Es mucho más lo que está
en juego. En este mundo que llamamos ‘de la comunicación’ se siembra para un
futuro venturoso de comunión o un futuro trágico de desencuentros y rupturas”.
El hoy jerarca de la Iglesia en la
Tierra, vinculó con una gran maestría el bien con la verdad. “Sin duda la
publicación de algunas verdades puede generar reacciones y conflictos no
menores, pero el buen comunicador no actúa para generar ese conflicto o esa
reacción, sino para ser fiel a su vocación y a su conciencia. Impulsado por la
verdad y el bien encontrará con idoneidad profesional las palabras y los gestos
que permitan decir lo que hay que decir de la manera más cuidadosa y eficaz. El
comunicador de la verdad parcial, que opta por la parte a costilla del todo, no
construye. No es necesario apartarse de la verdad para destacar lo bueno que
hay en las personas. Hasta en las situaciones más conflictivas y dolorosas hay
un bien para rescatar. La verdad es bondadosa y nos impulsa hacia el bien. El
periodista que busca la verdad busca también lo que es bueno. Es tal la unión
que existe entre verdad y bien que podemos afirmar que una verdad no bondadosa
es, en el fondo, una bondad no verdadera”.
Jorge Mario Bergoglio, como
cardenal, sin duda era muy interesante. Hoy como Papa nos continúa
sorprendiendo. Sus palabras son muy sugestivas. Yo me quedo con ellas. La
verdad, sin duda alguna. La verdad, al costo que sea. Sólo la verdad, opino,
nos hará mejores.
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