Prosa aprisa
Arturo Reyes Isidoro
Las nuevas
generaciones no saben, y por lo mismo seguramente no tienen ni idea, de que en
México hubo oficios que hoy se han perdido, han desaparecido, y que no quedan
más que en el recuerdo de quienes sobrevivimos a aquellos tiempos nostálgicos.
Poco a poco,
sin habernos percatado cuándo fue ocurriendo hasta que un buen día ya no los
vimos más, pasaron a la historia los lecheros, aquellos que a pie o a caballo o
en automotor iban de casa en casa con el perol entregando la leche cruda de
vaca; los aboneros, aquellos que con un bonche de tarjetas en la mano pasaban
semanal o quincenalmente a cobrar en las casas por algún artículo comprado en
abonos (colchas, ollas de peltre, etc.), o sea, en pagos; los afiladores de
cuchillos y tijeras, que trotaban por las calles con su piedra de afilar
impulsada por un pedal; los panaderos, aquellos que llevaban en la cabeza una
canasta o una batea de madera llena de pan y que prodigiosamente no se les caía;
los soldadores, aquellos que iban por las calles ofreciendo su servicio soplete
en mano o anafre y barritas de plomo, que no era otro que tapar los huecos de
la olla de peltre, de la cubeta, que con el uso se desgastaban etcétera.
A ellos, con
la reforma a los estatutos del PRI avalada este domingo por el pleno de la 21
Asamblea Nacional, se sumarán ahora los talacheros priistas, aquellos sobre
todo jóvenes, casi adolescentes, que iniciaban su carrera política haciendo
talacha, desde abajo, esto es, pintando bardas, transportando y cargando
propaganda, colgando bambalinas, estandartes, acarreando y colocando sillas,
preparando y repartiendo lonches, haciéndoles los mandados a los jefes, aguantando
humillaciones hasta la ignominia, en fin, todo en el afán de que se les
empezara a tomar en cuenta, a futuro, para una posición partidista, como directivo
o candidato. Muchos que llegaron al poder, así empezaron.
Pero ahora, ¿a
quién le interesará y quién se preocupará por hacer todo eso si saben que por
otras vías pueden llegar a candidaturas, como, por ejemplo, entrar como
candidatos ciudadanos o bien ganarse una postulación a base de trabajar bien y
a fondo las llamadas bases, el electorado, y ganar en las encuestas? De aquí
pa’l real, los dirigentes partidistas, los candidatos, tendrán que pagar quién
les haga esa talacha, pues para quienes quieran hacer méritos, todo eso que se
hacía antes ha perdido interés.
En el fondo,
la reforma a los documentos básicos del tricolor beneficiará a los aspirantes,
pero también a la sociedad. Forzosa, necesariamente, se tendrán que
profesionalizar y con ello profesionalizar a la política, por lo menos al
ejercicio político de los priistas. Un efecto directo es que obligadamente los
candidatos tendrán que ser mejores o los mejores y gozar de aceptación
ciudadana pues la competencia entre ellos los obligará a tener buena imagen, a
exhibir buen pasado, a no estar marcados por el señalamiento público, a ser
conocidos por sus buenas acciones, a ser buenos ciudadanos, etcétera.
Haber abierto
el método de las encuestas para designar candidatos acabará con el amiguismo,
el compadrazgo, el madrinazgo, la recomendación, el palancazo, la venta de
candidaturas, el trafique de influencias, el oportunismo, el pago de cuotas
como las que exigían la CTM, la CNOP o la CNC, así sus candidatos no estuvieran
calificados o tuvieran mala fama. Las candidaturas se podrán ganar ahora al
margen de todo eso, trabajando entre la ciudadanía, entre la población, pero
también construyendo la mejor imagen a base del buen comportamiento.
Aquí creo que
vale la pena la digresión por las implicaciones políticas que tiene. La pasada
noche del 15 de febrero, durante una cena, ante un comentario que le formulé,
el gobernador Javier Duarte de Ochoa, quien es el líder del priismo en Veracruz
(Erick Lagos Hernández sólo es el dirigente formal, pero estaba presente y
escuchando), me remarcó que los candidatos de su partido para el actual proceso
electoral “serán los mejores, ya lo verás” e hizo otro comentario asegurando
que esta vez no habrá “ni amiguismo ni compadrazgo”.
Entonces pensé
que no quería poner en riesgo el resultado de la elección, que su partido
buscará, en efecto, tener buenos o los mejores candidatos, pero también di
crédito a eso de no proponer amigos o compadres o recomendados porque para
entonces ya se habían caído como viables candidatos personas que se decían
allegados a él o a otras autoridades o personajes políticos, como, por ejemplo,
Corintia Cruz Oregón en Xalapa o Shariffe Osman en Dos Ríos o Emiliano Zapata.
Habría que
considerar, en todo caso, que por los motivos por los que haya sido, el
gobernador del estado se estaba adelantando a la nueva situación y que por eso mismo y según se vayan
presentando las circunstancias políticas, su partido hará todos los ajustes que
tenga que hacer para presentar candidatos que estén bien posesionados y que
vayan arriba en las encuestas, antes de que le gane la tentación o de que ceda
a postular candidatos sin ningún mérito más que el de ser recomendados.
Quizá a ello
se deba la declaración de Erick Lagos Hernández, dirigente estatal tricolor,
quien luego de salir de la Asamblea Nacional reprobó a los acelerados que
iniciaron precampaña sin haber convocatoria de por medio, anunció que ésta será
lanzada en la segunda quincena de este mes y que para la de precandidatos a
presidentes municipales de plano no dio fecha.
Por otra
parte, ayer por la tarde-noche se habrían reunido en Xalapa quienes toman las
decisiones político-partidistas, lo que haría pensar que no sería raro que
hayan tomado nota de inmediato de las reformas y de las directrices marcadas y
que las convocatorias se adecuen y el priismo de Veracruz sea el primero o uno
de los primeros en ponerlas en práctica para demostrarle al presidente Peña
Nieto y al dirigente nacional Camacho Quiroz que acá se les respalda
plenamente.
Mientras, el
nerviosismo seguramente hará que no duerman quienes ya se sienten con una
candidatura amarrada pero piensen que las reformas los pueden reducir a la
simple condición de militantes. Todo puede ser.
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