Prosa
aprisa
Un hombre sabio
que sabe escuchar
Arturo Reyes Isidoro
(A Ylia Ortiz Lizardi, querida
compañera de muchos años, mi abrazo y solidaridad por el fallecimiento de su
señor padre Alejandro Ortiz Guillaumin, que en paz descanse.)
“Hay quien se pregunta por qué he
elegido el nombre de Francisco. Yo os voy a contar la historia. En las
elecciones, tenía a mi lado al arzobispo emérito de Sao Paulo, el cardenal
Claudio Hummes, un gran amigo. Cuando la cosa se iba poniendo peligrosa [iba
ganando], él me confortaba, ja ja... Y cuando los votos llegaron a los dos
tercios, vino el aplauso porque había sido elegido Papa. Y él me abrazó, me
besó y me dijo: no te olvides de los pobres. Y aquella palabra entró aquí
[señalándose la cabeza]. Los pobres, los pobres. Mientras continuaba el
recuento, pensé en San Francisco de Asís, en su relación con los pobres. Y
después pensé en las guerras. Francisco, el hombre de la paz. Y así llegó el
nombre a mi corazón. El hombre de paz. El hombre pobre. ¡Cómo desearía una
Iglesia pobre y para los pobres…!”.
Así narró el Papa Francisco a
muchos de los 6 mil periodistas de todo el mundo acreditados para el cónclave
que lo eligió una anécdota de su elección y por qué el nombre que adoptó. Fue el primer encuentro,
el sábado 16 de marzo, del Sumo Pontífice con los periodistas.
Dice Pablo Ordaz, reportero de EL
PAIS, de España, que o la Iglesia eligió a un gran Papa o Hollywood perdió a un
grandísimo actor. Lo cierto es que este argentino ha logrado seducir a cual más
y yo me confieso uno de ellos. Católico, creyente de Dios que soy pero
desconfiado de muchos de los servidores de la Iglesia, me gusta no sólo por la
forma en que se conduce el nuevo prelado sino por lo que dice.
El párrafo que transcribo líneas
arriba no nos muestra más que a un hombre sabio porque sabe escuchar. Sus
palabras reflejan mucha humildad. Siendo ya el Papa, teniendo todo el poder de
la Iglesia católica, siendo el representante terrenal de San Pedro, siendo el
heredero de una institución universal con el peso y la influencia histórica de
siglos que tiene, siendo el administrador del poder de Dios en la Tierra, su
primera acción fue de mucha humildad: escuchó la petición y el consejo que le
hizo un hermano suyo, no lo desdeñó ni se creyó un iluminado que ya no debe
escuchar a nadie porque él es el elegido por Dios.
Me gusta este Papa terrenal,
desacralizado. Mañana o ahora mismo, la Historia registra ya, además, que de
entrada eliminó, hizo a un lado la soberbia. No tuvo empacho en decir urbi et orbi que no fue original, que su
nuevo nombre no fue idea suya sino influida por otro. Qué lección.
Por deformación profesional,
cuando leí la crónica de su encuentro con la prensa y lo que dijo y la forma en
que lo dijo, no pude dejar de pensar en otros hombres con poder terrenal, éstos
con poder político, a quienes cuánta dosis de humildad les falta y con cuánta
soberbia actúan, con cuanta mezquindad.
Tristemente, aunque no se puede
generalizar porque hay excepciones, verdaderas excepciones, la mayoría de
nuestros hombres de poder o en el poder jamás escuchan, creen que todo lo saben
o que todo lo pueden, no creen que están iluminados por Dios sino que se creen
Dios ellos mismos y la única palabra que vale es la suya. Sinceramente no me
imagino a uno de esa clase saliendo a decir públicamente que alguna decisión
significativa de su quehacer la hicieron porque alguien se los pidió, se los
aconsejó. En ellos lo que priva es el yo, yo, yo, e incluso se llega hasta
castigar si trasciende la verdad.
Me quedo con este ejemplo papal.
Me mueve a reflexión, pero sobre todo me mueve a pedirle a Dios que me haga
humilde como Francisco, que me ayude a saber escuchar y que no me haga nunca,
jamás, soberbio. Que perdone a quienes no saben lo que hacen cuando tienen o
les llega el poder y actúan contra sus semejantes. Este Papa me hace
reencontrarme con la Iglesia, con mi Iglesia. Ojalá y toque también los
corazones de quienes estando al servicio de Dios no actúan con la entrega y la
humildad de San Francisco ni predican con el ejemplo. Ojalá y no se le agote
nunca a Francisco la capacidad de movernos a reflexión con sabias palabras. Yo,
lo confieso con toda humildad, cuánto lo necesito. Francisco inicia este martes
su pontificado. Que sea para bien de la humanidad.
***
Se fue el más joven de los
secretarios del gabinete estatal, el arquitecto Raúl Zarrabal Ferat. Su
destino, el distrito de Boca del Río. Según quienes conocen la Secretaría de
Comunicaciones por dentro, su aportación fue la de ayudar a que la
administración duartista metiera orden en el gasto y en el ámbito
administrativo de la dependencia, por lo que al irse dejó a la Secom de manera
estructurada y planeada para cerrar la primera mitad del sexenio a tambor
batiente. Zarrabal, el “Comas” como lo
conoce su flota boqueña por su gusto por el fútbol soccer, dejó buena impresión
entre el personal de la dependencia estatal, cosa no común, y es que, según me
han comentado personas a las que doy crédito, se conducía con mucha sencillez.
Le tocó hacer la obra negra, según me aseguran, lo cual no luce, pero en parte
le valió el reconocimiento de su partido para proyectarlo para ser candidato a
diputado local por Boca del Río, si es que las circunstancias y los
imponderables que nunca faltan en la política no determinan otra cosa.
***
A propósito de boqueños, todavía
se comenta entre el personal de la Secretaría de Finanzas el buen sabor de boca
que causó y dejó el mensaje del nuevo titular, Salvador Manzur Díaz, ampliado y
pegado el viernes pasado en los elevadores del edificio por donde suben todos
los trabajadores, saludándolos, dándoles las gracias por el recibimiento que le
han dado y ofreciéndoles que pronto habrá de saludarlos de mano uno a uno.
¿Cuántos más imitarán ese ejemplo?
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