Prosa aprisa
¿Reacomodo de fuerzas?
Arturo Reyes Isidoro
Tiene toda la
razón el gobernador Javier Duarte: no tienen por qué sorprender los cambios en
el gobierno. Son naturales. A veces debido a las circunstancias que se
presentan, a veces necesarios por las exigencias de las políticas
administrativas, a veces obligados porque la persona no dio los resultados que
se esperaban de ella.
El titular del
Ejecutivo dio ayer como motivos para la remoción de funcionarios, ciclos,
tiempos, ritmos, circunstancias, intereses personales.
Ahora, se
están cumpliendo ciclos, se están presentando circunstancias, se están dando
intereses personales. Pero también, creo, y eso no lo dijo el cordobés, porque
él necesita hacer adecuaciones en su equipo de trabajo porque así lo considera
conveniente para los intereses de su gestión, acaso para lo que viene o para lo
que espera para el futuro.
La fracción
XIV del Artículo 49 de la Constitución Política local lo facultad a nombrar y
remover libremente a sus colaboradores y es lo que está haciendo.
En realidad,
no son los primeros cambios que ha hecho ni serán los últimos que hará, según
lo anunció ayer mismo. Una visita a las hemerotecas, a los archivos, mostraría
que han sido removidos funcionarios de todos los niveles. Pero hay de tiempos a
tiempos.
Un argumento
que manejó ayer Duarte de Ochoa es que no se debe olvidar que todo gobierno
está conformado en su mayoría por políticos que muchas veces tienen deseos de
crecimiento personal, ya sea político, administrativo o particular.
Por lo pronto,
dejó la víbora chillando: algunos otros cambios estarán sujetos a que su
partido, el PRI lógicamente, “decida” abanderar y presentar como opciones para
participar como candidatos a un cargo de elección popular a colaboradores
suyos.
Pero dio una
seguridad: sí van a seguir los cambios. O sea, seguramente desde anoche varios
funcionarios, o todos, ya no pegarán el ojo pensando en que “la base”, “su
partido”, los pueden reclamar en cualquier momento para que sean sus
candidatos, ya para alcaldes, ya para diputados locales.
“Así que
depende no tan solo de su deseo de participar, sino también del partido que los
postule. Así que yo estaré muy pendiente de respetar los tiempos y quien quiera
participar en el proceso electoral tendrá que hacerlo de conformidad a la
propia normatividad”.
Se entendería, pues, que contará
el interés personal, pero también lo que decida “su partido”.
Pero también,
por qué no, podría ser que lo que comenzó con la salida del doctor Pablo Anaya
Rivera de la Secretaría de Salud y que va a continuar con la de Tomás Ruiz
González de la de Finanzas y Planeación, más las que se esperan en los días por
venir, podría servir para un reacomodo de fuerzas de cara al futuro.
Las que se
están dando, aparentemente son remociones, ajustes dentro de la normalidad
política y administrativa. Pero los movimientos en áreas sustantivas y los
nombres de los relevos podrían ser un indicativo de que estaría por nacer o
estaría naciendo una corriente política que buscaría empezar a posesionarse
para lo que viene en 2016: el relevo gubernamental.
Se aprovecha
la circunstancia de que algunos irán como candidatos a un cargo de elección
popular, pero no todos, como Tomás Ruiz, por ejemplo. Ahora se coloca ahí a un
hombre cercano al afecto del Gobernador. Para nadie es un secreto una vieja y
estrecha amistad, una gran relación personal de Salvador Manzur Díaz con el
gobernante.
De éste dijo
que tiene todos los elementos, la experiencia y la capacidad para poder
desempeñar el cargo de secretario de Finanzas y Planeación y recordó que fueron
compañeros en el Senado de la República (se entendería que con el entonces
senador Fidel Herrera Beltrán), que colaboraron juntos en la Secretaría de
Finanzas y Planeación (ya en el gobierno de Fidel Herrera Beltrán) y que fueron
compañeros como diputados federales, para de nuevo volverse a encontrar uno
como gobernador y el otro como alcalde. Volverán a colaborar juntos.
¿Por qué
Manzur y no otra persona? Lógicamente, porque es su hombre de confianza. Y no
cabe duda de que lo estuvo preparando para la nueva responsabilidad. Ahora
cobra sentido por qué a principios de noviembre pasado el gobernador Duarte lo
llevó sólo a él y a Erick Lagos Hernández a una comida en el rancho San Julián,
en Perote, con el poderoso presidente de la Comisión de Hacienda y Crédito
Público del Senado de la República, José Yunes Zorrilla, amigo, cercano amigo
del secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray.
En Salud,
Duarte nombró a otro amigo suyo, cercano también, con el que se conoce desde
que se iniciaba en la política en Córdoba, Juan Antonio Nemi Dib. A mí me llamó
la atención que ahora que le dieron el nombramiento lo distinguió asistiendo
también la señora Karime Macías de Duarte, esposa del Gobernador y presidenta
del DIF Estatal.
Habrá que
saber el resto de remociones y de nombramientos. Podría estar surgiendo a la
luz pública el duartismo.
Por otra
parte, Duarte de Ochoa dijo que Tomás Ruiz no sólo fue su colaborador sino que
es su amigo. Fueron significativas sus palabras de despedida: “… le deseo todo
el éxito, estoy seguro que con su gran capacidad, experiencia y profesionalismo
va poder desempeñar una excelente labor en cualquiera de las áreas donde se
desempeñe. Cuenta con todo el apoyo y respaldo nuestro. Cualquiera que sea su
futuro, va a ser representante de los veracruzanos y esa acción viene a
fortalecer su crecimiento profesional y su desarrollo en lo que es el área
financiera administrativa del país, que espero repercuta en Veracruz”.
Por otra
parte, ayer mismo el Gobernador, aunque con otras palabras, alertó a los
alcaldes salientes a que no caigan en el Año de Hidalgo. Durante un acto que
tuvo lugar en el ORFIS, por poco y les recuerda lo que le acaba de pasar a Elba
Esther Gordillo.
Al respecto,
el auditor general del Órgano de Fiscalización Superior, Lorenzo Antonio
Portilla Vázquez, confirmó que en un plazo no mayor a mes y medio serán
presentadas denuncias penales contra ex servidores públicos de 15 ayuntamientos
que no pudieron solventar un daño patrimonial por 113 millones de pesos de la
cuenta pública del ejercicio fiscal del 2010.
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