Prosa
aprisa
El enemigo, la delincuencia
Arturo
Reyes Isidoro
A mediados de la semana pasada, en los medios le
llovió nuevamente al gobernador Javier Duarte de Ochoa luego de que se le
atribuyó haber dicho que en el estado ya no había extorsiones o balaceras,
tampoco secuestros.
Esa presunta declaración suya fue recogida incluso en
medios informativos de la Ciudad de México y la metralla mediática contra el
cordobés no se hizo esperar, diciéndose que presentaba un Veracruz idílico.
Ayer, durante su conferencia de prensa semanal de los
lunes, que ahora tuvo lugar en el puerto de Veracruz, el gobernante respondió a
las críticas diciendo que nunca ha estado diciendo que en Veracruz “no pasa
nada, porque sí pasan cosas”, aunque aclaró que ya no son la constante como al
inicio de su administración, pero que las cosas que “sí pasan” son como
consecuencia de los operativos del gobierno, de combate a los delincuentes.
Yo, por más que busqué, nunca encontré que en efecto
Duarte haya pintado un Veracruz paradisiaco. Su declaración que causó polémica
la dio en el puerto de Veracruz al concluir el hermanamiento de ese municipio
con el de Santos, de Brasil, el martes 11 de marzo.
Textualmente, de acuerdo a la nota informativa del
corresponsal de Proceso, Noé
Zavaleta, el mandatario estatal dijo: “Hace unos meses el problema eran las
balaceras, las extorsiones y los secuestros, y hoy por hoy hemos atendido los
delitos de más alto impacto. Hoy Veracruz se desarrolla en un ambiente de
plenitud, y ejemplo de ello es que acabamos de tener uno de los mejores
carnavales, de los más seguros”.
De acuerdo a la misma nota, que en Veracruz publicó el
diario Notiver, el gobernador
reconoció incluso: “Hay incidentes, y eso no lo vamos a poder evitar, van a
seguir sucediendo, pues sólo en la zona conurbada somos más de un millón de
habitantes, ocho millones en todo el estado. Lo importante es que hay
instituciones preparadas para, con la ley en la mano, hacer valer el estado de
derecho”.
En todo caso se diría que es cuestión de interpretación,
y uno puede hacer las que quiera de acuerdo a su gusto, preferencia o
intereses, pero textualmente, en efecto, nunca dijo que Veracruz es un edén y
aceptó que hay lo que él llama “incidentes”, que no se pueden evitar y que van
a seguir sucediendo, como han ocurrido los delitos y hechos violentos de los
últimos días en el puerto de Veracruz, Medellín y Xalapa.
¿Qué pasa entonces? Creo que esta primera prueba no la
han pasado bien los nuevos responsables de la comunicación social del gobierno,
pues nunca salieron a hacer ni las aclaraciones ni las precisiones pertinentes
ante los medios que le tundieron al gobernador, pues una cosa es querer
censurar, acallar, y otra apelar al derecho de réplica que les asiste en
defensa de la imagen de su jefe el titular del Ejecutivo, sobre todo cuando
tienen los testimonios escritos textuales publicados por los mismos medios.
Y, pues, ayer, tuvo que ser el propio Javier Duarte
quien saliera a hacer la aclaración pertinente, y vistas las cosas frías, sin
apasionamiento ni más interés que la imparcialidad, le asiste la razón: nunca dijo que Veracruz
es un edén, el paraíso. Le ha fallado su equipo de comunicación social que no
hizo valer la literalidad de sus palabras, de su declaración, en forma
oportuna.
Incluso, en forma bastante inusual, el sábado el
propio secretario de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita, aceptó en
declaraciones a los reporteros de Córdoba que Veracruz no es la excepción en
cuanto a secuestros, problema que calificó como un “fenómeno que ha ido en
aumento” a nivel nacional, aunque trató de librar lo mejor que pudo al estado
diciendo que acá es “mínimo”. Pero tácitamente aceptó que lo hay.
Pero creo que más allá de los dimes y diretes
prensa-gobierno, lo importante, lo que cuenta son las decisiones y las acciones
que se lleven a cabo para enfrentar el problema de la inseguridad, de la
violencia y de la delincuencia; las medidas que den tranquilidad a la
población, al menos que arrojen una luz de esperanza a los veracruzanos de que
el problema se continuará combatiendo y de que ahora sí se contendrá pero,
mejor, se disminuirá.
Si bien es bueno que la prensa esté alerta y cuestione
y que el gobierno aclare y precise, no se debe perder de vista, por ningún
motivo, que el problema y el enemigo no son ellos ni entre ellos, sino que son
los delincuentes, a quienes más que a nadie les conviene que instituciones tan
poderosas como el cuarto y el primer poder se distraigan confrontándose
mientras ellos hacen de las suyas.
De que el problema preocupa a Javier Duarte de Ochoa
quedó demostrado ayer cuando se fue a meter a la boca del lobo en el puerto de
Veracruz pero a dar la cara, sin rehuirlo, como debe de ser y es su obligación,
cuando el tema central de su conferencia fue el de la inseguridad, que preocupa
a los habitantes del puerto (y en general de todo el estado) y que está en el
centro de la atención de los medios todos los días hasta convertirse ya en un
clamor.
El cordobés no sólo anunció dos programas para tratar
de solucionar el problema, sino que de paso entregó equipo para los elementos
armados de la Procuraduría General de Justicia del estado y anunció otras
acciones, lo que seguramente fue bien recibido por los sufridos vecinos del
puerto.
El problema de la inseguridad es de todos, afecta a
todos incluyendo a los periodistas, varios de cuyos apreciados miembros han
sido víctimas, y estoy seguro de que la sociedad está dispuesta a tratar de
ayudar para solucionarlo, pero a partir de que no se niegue que existe ni se
minimice como irresponsablemente lo ha venido haciendo el alcalde de Veracruz
Ramón Poo Gil, lo que ha enardecido más a los porteños de todos los sectores y
de todos los niveles, y que sea la
propia autoridad la que ponga el ejemplo castigando, sí, con todo rigor a los
delincuentes probados y comprobados, pero también a sus mismos elementos que a
veces son iguales o peores que los malhechores a los que deben de combatir y
que permanecen en la impunidad.
Espaldarazo
de Peña a Duarte
La visita este martes del presidente Enrique Peña
Nieto al sur del estado, amén de la conmemoración de la expropiación petrolera,
no puede dejar de tener un trasfondo político: su apoyo y respaldo al gobierno
de Javier Duarte de Ochoa y de que en Veracruz hay qué anunciar.
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