Prosa
aprisa
Mota y los efectos del cambio
Arturo
Reyes Isidoro
Los
efectos del cambio.
Hace apenas veintidós días que el gobernador Javier
Duarte de Ochoa realizó cambio de titular de la Coordinación General de
Comunicación Social del Gobierno del Estado, y ayer se tuvo quizá por primera
vez la expresión que mejor refleja los efectos positivos de la medida.
Que yo recuerde o haya advertido, desde que entró en
funciones la actual administración, hace tres años y tres meses, por ejemplo,
el secretario de Educación estatal, Adolfo Mota Hernández, no se había visto
tan abierto con la prensa y menos se había explayado en sus declaraciones e
incluso en forma tan decidida.
Con el hoy secretario de Educación de Veracruz fuimos
en algún momento de nuestras vidas compañeros de trabajo partidista, y sé muy
bien de sus dotes de orador, que de adolescente deslumbraron al entonces
gobernador Fernando Gutiérrez Barrios, de su inteligencia, de su preparación y
de su capacidad política, cualidades que también le valieron el visto bueno del
gobernador Miguel Alemán Velasco para honrarlo dándole su voto de calidad para
que dirigiera su partido a nivel estatal, el PRI.
Lógicamente, Mota sabía y sabe, aprendió a dimensionar
el valor de la prensa, de los medios de información, pero también a tratar a
sus representantes, a enfrentarlos –declarativamente hablando–, cualidad que
afinó y enriqueció a su paso por el Congreso local y luego por el Congreso de
la Unión donde fue diputado local y federal, respectivamente.
Por eso a más de uno, por no decir que a todos, nos
extrañó su cambio radical a partir del 1 de diciembre de 2010. Lo significó el
silencio, el alejamiento hasta con quienes pensábamos que había una relación
amistosa más allá de la institucional, creo que, peor, agravado todo por la
circunstancia de si el otro era reportero, periodista, columnista. Había
cambiado.
Llevó al área de prensa de la SEV a una persona de su
confianza, un joven que había venido colaborando con él. No tardaron en
quitárselo. Le impusieron a uno nuevo, bajo la acusación –la llegué a escuchar
personalmente– de que le era desleal al Gobernador, que estaba trabajando para
otro proyecto ajeno (así lo decían) y que había que pararlo.
Traté de entender su actitud y lo empecé a justificar
conforme fui hablando con los demás secretarios de despacho, quienes, en mi
caso, nunca dejaron de tener comunicación conmigo pese a que les prohibían que
hablaran con alguien de la prensa crítica so pena de desatarles campañas en los
medios en su contra desde adentro mismo, e incluso si me invitaban a tomar café
para comentar temas de interés público lo hacían con el mayor sigilo y en sus
propios despachos, jamás en un café público.
Conociendo como conozco casi a todos los hombres del
gobierno y en el gobierno, en corto les preguntaba por qué no salían a
defenderse de los constantes señalamientos de la prensa e incluso a defender al
gobierno para el que trabajan, el de Javier Duarte de Ochoa, y al gobernador
mismo, si yo sabía de su capacidad y además me informaban, me explicaban, me
daban elementos probatorios de que algunos asuntos no eran cómo se estaban
ventilando en la prensa; les preguntaba por qué no tendían puentes con los
medios más críticos no para tratar de acallarlos sino para darles a conocer y
tratar de hacer valer su punto de vista, más si tenían elementos de prueba para
hacerlo. “Lo que diga Gina. No quiere Gina. Nos tiene que autorizar Gina. Se
enoja Gina. Nos prohíbe Gina. Si lo hago me va a golpear con sus columnistas”,
eran la constante con que me respondían.
Tal vez la ex coordinadora pensó que la mejor
estrategia era la centralización declarativa, el monopolio de la palabra y se
confundió cerrazón, candado, con línea uniforme para que, eso sí, no diera cada
quien una versión distinta de algún asunto que estuviera en los medios.
Así, llevaban los secretarios tres años y tres meses
prácticamente con un bozal y mientras tanto dejaron sólo al gobernador Javier
Duarte de Ochoa, su jefe, maniatado a merced de la prensa, en especial de la
crítica y combativa, asimilando él solo los golpes, justos e injustos, sin que
nadie de sus colaboradores le echara una mano, sin que nadie tirara golpes junto
con él y los recibiera y les quitara unos cuantos o muchos. Tenían prohibido
hacerlo. Se erró, estaba, estuvo errada la política de comunicación social.
Pero la reacción de Mota, ayer, que no fue más que el
reflejo de lo que piensan sus demás compañeros de equipo (lo digo plenamente
porque he estado hablando con casi todos los secretarios de despacho y me lo
confirman): llegó el momento de actuar. “Ya basta de que linchen a la
Secretaría”, proclamó el secretario de Educción en un equivalente a: “Ya basta
de que linchen al Gobierno”.
Mota mismo dio la clave dónde reside todo: “–¿Por qué esa falta de comunicación con los medios?”, le
preguntaron, según escribió la reportera Ángeles González Ceballos, del portal alcalorpolitico.com. Respondió que a partir de la nueva política de
Comunicación Social será más abierto con los medios de comunicación.
Un secretario muy cercano al Gobernador, con quien me
había yo reunido horas antes, me dijo que con Alberto Silva Ramos las cosas
cambiaron, que son radicalmente diferentes, y no dejó de ponderar la
sensibilidad política que tiene y que aplica en el manejo de sus relaciones con
la prensa que, por otro lado, no es una prensa cualquiera; sensibilidad
política indispensable en un área tan sensible como es la que lleva las
relaciones con quienes tienen la tarea de tener informada a la sociedad, una
sociedad informada, demandante, exigente, que ya no se deja y que tiene dignos
representantes en los periodistas que, por fortuna, hacen periodismo de
denuncia, crítica, de señalamiento, necesaria, indispensable, obligatoria en
una verdadera democracia y para todo gobierno.
Yo sé por experiencia propia que mis compañeros de los
medios son y actúan en forma responsable; los medios mismos. Publican, señalan,
denuncian, comentan. Hacen lo suyo. Si de la otra parte no reaccionan en forma
adecuada, cómo debe ser, es el problema de ellos. Y si actúan en forma
indebida, con acoso, con represión, peor.
Pero Silva Ramos ha llegado con una política de
apertura, y secretarios como Mota –y pienso que todos los demás– están
dispuestos, ahora sí, a salir a decirnos lo que los veracruzanos queremos
escuchar que se nos diga. El equilibrio es sano para todos. La población sale
ganando. Los medios también. Las instituciones de Gobierno ya ni se diga.
Duarte, con
Héctor Yunes
De que las cosas han cambiado, cómo han cambiado. El
gobernador Javier Duarte de Ochoa acompañará al senador Héctor Yunes Landa este
sábado en Martínez de la Torre donde escucharán y verán juntos el informe de
gestiones y de actividades del legislador. Estará acompañado por su esposa
Verónica de la Medina y su pequeño hijo Héctor, por otros senadores de la
república y por los diputados federales y locales y alcaldes de la región, así
como por la dirigente estatal del PRI, Elízabeth Morales García. En Xalapa lo
representará su hija la abogada Liliana Yunes, y en Veracruz-Boca del Río, su
otra hija, la doctora Andrea Yunes.
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