Prosa aprisa
La risa como
distintivo
Arturo Reyes
Isidoro
El domingo 16 de marzo, Catón (Armando Fuentes Aguirre)
escribió en su “Mirador”, que se publica en el diario Reforma que: “Reír es importante”; que: “Es como hacer ejercicio en
tu interior”; y que: “Si no tienes sentido del humor no gozarás ningún otro
sentido”.
Coincido con él. Lástima que esto lo aprende uno con los
años; que de joven se enoja uno por cualquier tontería; o porque le damos
importancia, o importancia mayor, a lo que no lo tiene; o porque no quiere uno
asimilar el dicho aquel que al mal tiempo buena cara; o que puede uno estar
jodido pero contento.
Pero ya cuando el tiempo ha pasado y se está cargado de experiencias,
se ha sufrido penalidades de todo tipo, se ve cómo le ha ido a otros cuando se
cree que sólo a uno es al que le ha tocado la desgracia (un consuelo piadoso e
injusto, pero al fin consuelo); cuando ya se ve que están por venir los
años con los que se entrará al final de
la vida, como que entonces, si no se está amargado, se toma la vida más a la
ligera y se ríe de las cosas y hasta se divierte y entiende que nada es tan o
más importante que llevar la existencia de la mejor forma a partir de la risa,
del regocijo.
Aunque la risa no implica necesariamente
que las cosas no sean serias, o tan profundas, y para ello basta citar el mejor
ejemplo que nos legó Cervantes con su Don
Quijote de la Mancha, obra con la que se ríe uno pero que también nos mueve
a la reflexión y nos deja grandes enseñanzas, y se me ocurre ahora citar la historia
del curioso impertinente, que si alguien no quiere leer toda la obra, al menos
esa basta para citarla y contarla y presumir que se ha leído ese clásico.
Hubo un tiempo en que se decía con frecuencia que si Kafka
hubiera nacido en México hubiera sido un escritor costumbrista, una alegoría
que en parte refleja lo absurdo de las cosas que suceden en nuestro país.
Yo todavía me pregunto cómo fue posible que los señores
secretarios del Gobierno del estado, tan sácale punta, tan lanzas a veces, tan
gallitos con sus subalternos y empleados, tan machitos (aparentemente) con sus
mujeres, por ejemplo, estuvieron sometidos durante más de tres años por una
mujer, Gina Domínguez, quien los trajo derechitos, en un puño, que ordenaba que
se hiciera sólo lo que ella disponía, que los hizo callar, que los volvió
sumisos a su poder, que cuando ella creía que se portaban mal los azotaba con
su chilillo en columnas y espacios periodísticos bajo su control y ni las manos
metían, que era tanto el miedo y hasta el pavor que le tenían que casi casi la
trataban de mamá Gina, lo que hace pensar o creer que en realidad no son más
que unos verdaderos mandilones –Vicente Fox dixit.
Ahora, no faltan empleados, muchos conocidos míos, que me han
dicho que después de lo que vieron durante más de tres años, cuando su jefe les quiera alzar la voz, les van a decir que ahí
viene Gina.
Pero creo que ya me estoy desviando del tema inicial, el de
la risa, y es que Catón parece coincidir o estar en la misma sintonía (¿no será
asesor, de casualidad?) con la nueva política de Comunicación Social en
Veracruz, porque si algún veracruzano pone atención y observa, verá que desde
que Alberto Silva Ramos y Filiberto Vargas Rodríguez llegaron a la Coordinación
General y a la Dirección de Prensa, respectivamente, nos presentan diariamente
en el portal oficial una sola fotografía, solo una (cuando estaba Gina eran
cuatro o cinco de diferentes aspectos) que nos muestra al gobernador feliz, luciendo
la mejor sonrisa (Colgate, se decía antes), que me hace pensar que ordenaron a
los fotógrafos oficiales que por ningún
motivo, por ninguno, me entienden bien, ¿eh?, se distraigan, aunque tengan una
avispa en la nariz, y que prácticamente estén a la caza de la foto del día, la
del jefe riéndose, dándonos la mejor imagen, la de que en Veracruz todo es
felicidad, pura felicidad, sí señor, cómo no.
Por cuestiones de mi trabajo, soy de los que checo a diario y
varias veces al día el portal de Comunicación Social, y pues sí, la verdad, a
fuerza de ver siempre la misma foto, como que Duarte ya me quiere empezar contagiar
con su sonrisa, e incluso a veces quisiera que estuviera cerca para preguntarle
de qué se ríe, o de quién para reírme junto con él, si de la travesura, por
ejemplo, que le hizo a Erick Lagos Hernández enviándolo a que lo representara ¡al
informe de Héctor Yunes Landa! el pasado 15 de marzo a Martínez de la Torre,
con sus peores enemigos –¡imaginaos la trinca Pepe-Héctor-Fernando Yunes, los
tres alegres compadres contra uno de los cinco lobitos–, que había que ver una
de las fotos que distribuyó el equipo de prensa de Héctor donde se le ve a él y
a su “sobrino” Pepe, ambos senadores, casi orinándose de la risa (¿ya los
contagió también Javier?) teniendo en medio a Erick con una cara laaarga
laaarga que quién sabe si no hasta se enfermó del estómago ese día.
De lo que se ría el gobernador, no importa, pero lo
importante es que lo haga y ojalá y que esa risa sea reflejo en realidad de que
de veras está contento, jodido (su gobierno) pero contento, porque creo que se
gobierna mejor, como se hacen todas las cosas de la vida, cuando se está de
buen humor, y Veracruz necesita, ya chole,
reírse un poco porque han sido tanto los problemas, las penalidades por las que
hemos atravesado, que una risa, una sonrisa no le hace mal a nadie.
Visitando el portal oficial a diario se percata uno que,
¡ay!, la sonrisa es ya la característica, lo distintivo del momento, del
gobierno de la prosperidad. ¡Ay de aquel colaborador que no lo entienda! Que
siga de gruñón, de Grinch. Hay que contagiar, parece decir la nueva política
comunicativa. Y sí. Creo que sí. Que nos debemos reír hasta de la adversidad,
pues qué otra cosa nos queda y qué ganamos con enojarnos. Tiene razón Catón: si
no tienes sentido del humor no gozarás ningún otro sentido.
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