Prosa
aprisa
Recaída
Arturo
Reyes Isidoro
En “Prosa aprisa” del 19 de febrero pasado escribí que
la aspiración del senador Héctor Yunes Landa de llegar a ser el próximo
gobernador se le había convertido ya en una obsesión y que se le hace difícil y
le resulta casi imposible apartar de su mente el tema; que no puede evitar
hablar de ello.
El 12 de marzo, comenté que había sido novedoso que
por primera vez el viernes 7 y el domingo 9 de este mes, en Xalapa y en
Córdoba, respectivamente, hubiera matizado su postura, al decir que “si no es
el caso” entonces tendrá que “sumarse”, que tiene “… las condiciones para ser,
pero pueden cambiar”.
Parecía, daba la impresión de que se estaba centrando
y de que se abría a cualquier posibilidad, porque en política, y él muy bien lo
sabe, todo es circunstancial, como en la vida misma.
Incluso el día 15, cuando asistió a Martínez de la
Torre para la presentación de su informe, fue más cuidadoso pues no pasó de
generalizar diciendo que su mayor aspiración es seguir sirviendo a los
veracruzanos, que “estoy preparado para seguir representándolos con absoluta
dignidad e independencia y que “en mi tienen a un representante con la firmeza
para tomar decisiones”.
Pero el pasado viernes 21, no obstante que cada vez
que puede dice que no anda en precampaña, recayó y regresó a las andadas,
volvió al tema e incluso dejó la impresión de que esta vez alzó la voz como
advirtiendo-retando al centro donde se toman las grandes decisiones.
Esta vez emplazó a su partido (o sea, a César Camacho
Quiroz, presidente del CEN del PRI; a Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de
Gobernación; y a Enrique Peña Nieto, presidente de la república), a que si no
es él el candidato porque va arriba en las encuestas corre el riesgo de perder,
por lo que le pidió olvidarse de la imposición, del “dedazo”, práctica que le
reprochó pues dijo que su partido “no se ha olvidado de esas viejas prácticas”.
En su alocada carrera rumbo a la gubernatura, no
reparó en que podía atropellar a otros competidores, en especial a su “sobrino”
José Francisco Yunes Zorrilla, “Pepe”, quien le disputa seriamente la posición
y quien es el más viable junto con él para alcanzar la postulación, pues dijo
que “hay riesgo de que pierda… un candidato impuesto”, pues el único que lo
sería, porque así le convendría a su partido, sería el de Perote.
Más cuando volvió a repetir que él no es “sacatón”, es
decir, que no tiene miedo de expresar públicamente su aspiración urbi et orbi sin ningún recato como lo
viene haciendo donde y cada vez que puede, que él no es hipócrita, con lo que
estaría insinuando entonces que Pepe, otro aspirante que sí guarda las formas
políticas, sí lo es por no conducirse igual que él.
A estas alturas, tal y como se ve su actuación,
semejaría un tren que ha entrado ya en picada, a toda velocidad y sin freno,
con el riesgo de descarrillar en cualquier momento o de salirse del camino en
una curva, quizá hacia el precipicio, cuando la meta todavía está lejos.
Quién sabe si está midiendo el alcance de sus
palabras, las consecuencias de lo que dice y cómo lo dice. Su “no sólo aspiro,
yo voy a ser gobernador no tengan la menor duda” tiene ya un tono imperativo, y
extraña que un político con tanta experiencia como él la tiene olvida que al
poder, que a la cúpula decisoria, no le gusta y no permite ni acepta que lo
emplacen; es como estarle jalando los bigotes al león.
Como ciudadano y como militante de un partido está en
todo su derecho de aspirar a la mayor responsabilidad política del estado, más
aún cuando tiene trayectoria y experiencia así como una considerable estructura
humana tanto de colaboradores como de simpatizantes. Pero parece estar
olvidando que su partido impone una disciplina, tiene reglas no escritas y
decide conforme a su conveniencia.
El mayor argumento que esgrime es que va arriba en las
encuestas. Puede ser. Pero parece que no repara en que su partido puede decidir
no con base en quién tiene más simpatizantes sino en quién le conviene más al
sistema.
Algo que yo veo interesante en su actitud abierta,
retadora si se quiere, es que va a poner a prueba, está poniendo a prueba al
sistema mismo a la vista de todos, al tratar de arrinconarlo con su
señalamiento de que no se ha olvidado del “dedazo”, pasando por alto que por
esa vía llegó Peña Nieto al poder; cuando le advierte que si no lo ponen a él
corren el riesgo de perder.
Quién sabe cuánto tiempo va a pasar para que veamos si
el sistema le da la razón (por eso lo está poniendo a prueba), se asusta, le
tiemblan las piernas y cede ante el reclamo del senador, o si a través de un
manotazo a su persona le envía un mensaje al resto de los políticos del país
con aspiraciones a un cargo relevante de elección popular de que nadie le va a
alzar la voz, ni lo va a condicionar, ni le va a advertir sobre lo que tiene
que hacer.
En Veracruz, en el siglo pasado, en 1970, un político
veracruzano cuestionó al centro, al sistema priista de entonces, y pagó las
consecuencias. El profesor Rafael Arriola Molina, nativo de Veracruz pero
formado en Cosamaloapan, habiendo sido electo en las urnas senador de la
república, reclamó a la Federación que no diera a Veracruz recursos fiscales que se obtenían por las
riquezas que la entidad aportaba a la Nación.
No obstante que había sido tres veces diputado
federal, dirigente del PRI estatal, secretario de Acción Política del CEN
priista y orador en la campaña de Lázaro Cárdenas, el presidente electo Luis
Echeverría y el saliente Gustavo Díaz Ordaz no le perdonaron su osadía y
ordenaron que su triunfo no fuera aprobado en el Congreso de la Unión, que era
entonces la instancia calificadora de las elecciones. Lo congelaron y su caso
pasó a la historia como “El arriolazo”. Se tuvo que retirar y nunca volvió a la
política.
Cosa curiosa, el cuestionamiento lo hizo mediante una
declaración al profesor José Luis Hernández Sosa (que en paz descanse),
corresponsal de Excelsior, donde se
publicó la nota en forma destacada. Luego de que el dueño y director del Diario de Xalapa, Rubén Pabello Acosta,
le dio la noticia a Arriola, éste, quien se encontraba en Martínez de la Torre,
llamó telefónicamente a Hernández Sosa para hacerle un reclamo: “¡José Luis, ya
me partiste la madre!” (como siempre, a la prensa la echan la culpa), según me
lo platicó algún día el profesor mientras realizábamos una gira de trabajo por
el estado.
Alfredo Bielma Villanueva, entonces secretario
particular del gobernador Rafael Murillo Vidal y quien vivió desde adentro los
acontecimientos, en un artículo que publicó en febrero de 2011 narró una
anécdota que debiera tener en cuenta todo político.
“El día de la publicación Arriola
Molina, desde Martínez de la Torre se comunicó telefónicamente con José Luís Hernández Sosa
para pedirle que hiciera una rectificación de lo publicado en el sentido de que
él no lo había expresado tal cual se publicó. Preocupado por verse involucrado
en este enredijo y no deseando hacer la enmienda correspondiente, Hernández
Sosa consultó acerca del asunto con el ex presidente Ruiz Cortines quien
residía en el Puerto de Veracruz y éste, entre otras cosas, le expresó: ‘Lo que
dijo Arriola es cierto, sólo que lo hizo al cuarto para los doce y no a las
doce y cuarto’”.
¿El senador Héctor Yunes Landa traerá
bien y a tiempo el reloj político?
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