Prosa aprisa
Insensibilidad
y falta de solidaridad oficial
Arturo Reyes Isidoro
El sepelio ocurrió ayer en Xalapa, donde además hubo una
numerosa manifestación de protesta. El crimen de Mara Fernanda Castilla
Miranda, una joven xalapeña de 19 años que estudiaba Ciencias Políticas en la
Universidad Popular Autónoma de Puebla, ciudad en la que fue asesinada el 8 de
septiembre, provocó una ola de indignación y la condena en todo el país por
parte de los más diversos personajes, incluidos muchos famosos.
La prensa diaria dio cuenta del caso. La noche del jueves 7
salió a celebrar con amigos y el viernes 8 tomó un taxi (Cabify) para regresar
al edificio donde vivía. Nunca llegó con vida. Su cuerpo fue hallado el viernes
15. La asesinó el chofer, ya detenido por las autoridades poblanas.
El gobernador de aquel Estado, Antonio Gali expresó ese día en
un mensaje: “Con profundo dolor envío mi pésame a los familiares de
#MaraCastilla. QDEP. El presunto responsable está detenido y pagará por este
crimen”.
Se trataba de una joven veracruzana en la flor de su vida,
prometedora. Hay que ser padre o madre para entender el dolor que viven sus
progenitores. Estoy seguro que quienes queremos a nuestros seres queridos,
jóvenes como Mara, vivimos su dolor y nunca quisiéramos estar en su lugar. Desde
este espacio, a ellos y a toda la familia no puedo menos que expresarles mi
solidaridad y enviarles mi abrazo.
Tratándose de una familia veracruzana en desgracia, me
extrañó el silencio del Gobierno del Estado, hasta que por fin anoche, más de
una semana después de que se conoció el caso, reaccionó, aunque mientras no
hubo ninguna condena pública, ningún acompañamiento oficial a la familia en las
vueltas, en los trámites, en el velatorio, ningún ofrecimiento de ayuda o
apoyo, vamos, tan dados que son a ello, ni siquiera un mensaje en Facebook o en
Twitter. Nada, hasta anoche cuando en su cuenta de Facebook el gobernador Miguel
Ángel Yunes Linares “lamentó mucho” el crimen, exigió justicia y dijo que se
había puesto en contacto con su familia para apoyarla en todo lo que se
requiriera. Pero ya por la mañana habían sepultado a Mara.
El crimen ocurrió en Puebla, ni para tratar de justificar la
ausencia oficial en la desgracia, en la hora del dolor, diciendo que podría haber
un reclamo por la inseguridad, ¿o es que hubo temor de que les recordaran que
en Veracruz la situación está igual o peor? Injustificable la falta de
sensibilidad de las autoridades estatales.
Protestas
en el país por el caso Mara
Ayer, Amnistía Internacional México, a través de su
directora Tania Reneaum expresó mediante un comunicado: “No es culpa de las
víctimas, es culpa del Estado que ha normalizado la violencia”.
Por su parte, el diario El
País, que es un referente de América en Europa, puso en el primer párrafo
de su nota: “La paciencia se agotó hace
tiempo. El feminicidio de Mara
Castilla no ha sido un caso
aislado ni el primero, pero ha puesto el dedo en la llaga sobre la ola de
violencia contra las mujeres en México. Miles de personas han salido a las
calles este domingo en varios puntos del país en protesta por el asesinato de
la estudiante de 19 años… Las marchas no solo exigen justicia, también son un
grito para poner freno al acoso, el miedo y la inseguridad que padecen las
mujeres a diario por el hecho de ser mujeres”.
En la Ciudad de México, en Puebla, en Torreón, en
Guadalajara, en Monterrey, entre otras ciudades del país, hubo protestas en
contra de los feminicidios y en especial por la muerte de Mara Fernanda. En
nuestra capital, protestó también la Red Evangélica.
Al menos su muerte provocó que ayer naciera el hashtag (la
etiqueta) #MiCasaEsTuCasaHermana, mediante el cual cientos de personas en redes
sociales ofrecen su casa para que mujeres pasen la noche, si se sienten
inseguras por alguna circunstancia en calles de la Ciudad de México, movimiento
que seguramente no tardará en extenderse a todo el país.
O sea, dentro de la desgracia, algo bueno deja la muerte de
la joven xalapeña y surge de nuevo la iniciativa ciudadana ante la omisión de
las autoridades.
La
Rectora acompaña a su comunidad
Que diferente, en cambio, la rectora de la Universidad
Veracruzana, Sara Ladrón de Guevara, quien siempre ha estado pendiente y al
lado de los miembros de la comunidad universitaria para acompañarlos en sus
reclamos y demandas de justicia o con los familiares de quienes han sido
víctimas de la violencia.
El último caso fue el del joven estudiante de ingeniería
química José Augusto Zavaleta Salas, quien fue asesinado durante un asalto a
principios de mes en la colonia Casa Blanca de Xalapa. El 4 de septiembre la
Rectora acompañó a los compañeros del fallecido quienes pidieron justicia para
la familia de la víctima.
Ese día, reiteró su dolor a la familia y a la comunidad
universitaria e, igual, se sumó a la exigencia de justicia en general en el
caso de todos los veracruzanos que han sufrido casos de violencia o han sido
víctimas de ella.
Un gran pueblo para malos gobernantes
Cuando en
mi trajinar diario a ras de tierra por Xalapa, la bellísima ciudad en la que
vivo, me topo con hechos sencillos de sus habitantes pero de gran significación
para la comunidad, me pregunto si los gobernantes que hemos tenido merecen un
pueblo como el veracruzano.
Rescato un
hecho de días pasados. Había asistido a una actividad en la Sala Tlaqná del campus de la Universidad Veracruzana y
cuando regresaba hacia el centro de la ciudad, caminando como acostumbro, de
pronto me llamó la atención ver una hoja de papel bond con un aviso pegada en
un árbol cercano a la alberca olímpica.
“¿Perdiste
tus lentes?”, decía en letras negras y grandes. El emisor dibujó unos lentes
con la forma de los espejuelos y le puso un color parecido al original. Se le
agregaba: “llámame: 2281 11 62 56”, y al lado, sobre un fondo rojiso se
especificaba: “son morados metálicos”.
Creo que no
hay que quebrarse mucho la cabeza para interpretar que alguien, quiero creer
que un hombre o mujer joven, seguramente estudiante, encontró unos lentes que
otra persona había extraviado, pensó en la falta que le harían y quizá hasta el
costo que implicaría reponerlos, que acaso era un estudiante como él o ella, y
decidió guardarlos y devolvérselos.
Tomé la
foto del aviso, que además me dejó pensando cuán diferente sería el mundo si
todos actuáramos con la honestidad de esta persona interesada en devolver unos
lentes que no eran suyos, pero también me estimuló pensar que la buena acción
partía de alguien joven y estudiante, seguramente de la UV, institución a la
que además honra por su conducta y habla de la buena formación que logra la
casa de estudios con sus muchachos.
Tantas
cosas se me vinieron a la mente y no dejé de felicitarme por haber sido testigo
ocasional de un hecho estimulante, que me hizo pensar que no todo está perdido
y que ajena a la clase política que padecemos y que hemos padecido hay una
comunidad solidaria, con valores y principios, honesta, por la que vale la pena
seguir luchando, en el caso mío –y creo que de muchos compañeros periodistas–
desde mi trinchera, señalando, denunciando los abusos del poder que se
manifiestan de distintas formas y aunque a los gobernantes señalados todos se
les escurra por el aceite de cinismo de que están revestidos y persistan en sus
prácticas.
Rompió con una tradición
El gobernador Miguel Ángel Yunes Linares
rompió este año con una tradición: dio “El Grito” la noche del 15 sin la
compañía de su esposa, la señora Leticia Márquez de Yunes. Estuvo solo.
Que se recuerde, de siempre el titular del
Ejecutivo se hizo acompañar por su esposa, desde que salía de su oficina,
recorría los pasillos del Palacio hasta llegar al salón Juárez y de ahí se
asomaban juntos al balcón central. Cuestión de estilos, sin duda. De todos
modos, se desea que la ausencia de la presidenta del DIF no haya sido por un
motivo de salud. Se le desea que esté bien.
Octavio Paz
Lectores, abro esta semana con una frase de
Octavio Paz que no necesita de mayor explicación o interpretación: “Pobres
mexicanos, que cada 15 de septiembre gritan por un espacio de una hora, quizá
para callar el resto del año”.
Pero me encontré en Twitter con esta otra,
no de un hombre, menos de un misógino. Era una recomendación que hacía Agatha
Christie a las mujeres: “Cásate con un arqueólogo: cuanto más vieja te hagas,
más encantadora te encontrará”.


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