Prosa aprisa
La muerte, la última oportunidad para unir
Arturo Reyes Isidoro
Lo único
que nos separa de la muerte es el tiempo.
La frase
anterior es de Ernest Hemingway, escritor y periodista estadounidense, quien
terminó suicidándose.
El tiempo
es lo único que separa ya de su destino
final a los dos, a Juan Nicolás Callejas Arroyo y a Miguel Ángel Yunes Linares.
El viernes
pasado se encontraron por última vez en la tierra, uno ya muerto, en su
féretro, el otro, vivo, haciendole guardia. Alguna vez se reencontrarán en otro
mundo, cuando el tiempo lo decida.
¿Ese
pensamiento movió al gobernador a asistir a los funerales del político con el
que se había encontrado amistosamente la última vez la noche del 11 de julio de
2016 en el Congreso local para, dos días después, el día 13 de ese mismo mes y
año, terminar injuriándolo?
La manzana
de la discordia fue la basificación que Javier Duarte pretendía de toda la
burocracia, lo que tenía que aprobar el Congreso cuyo presidente de la Junta de
Coordinación Política era precisamente Callejas Arroyo.
Aquel 13 de
julio los reporteros le preguntaron a Miguel, en Boca del Río, sobre la reunión
que habían sostenido dos días antes, y para sorpresa de todos respondió,
iracundo: “Es una vergüenza que el Congreso tenga como líder parlamentario a un
individuo como Juan Nicolás Callejas Arroyo, él es una de esas rémoras del
sistema político mexicano que se tiene que ir, es una rémora”.
Se supo en
aquella fecha que, según el entonces gobernador electo, le había hecho saber
“con toda claridad, con toda oportunidad y con todo respeto… el daño que le
provocaría a los veracruzanos que se aprobara esta barbaridad”. La respuesta de
Juan Nicolás había sido que él recibía instrucciones del gobernador.
Aquel 11 de
julio, Yunes Linares había llamado “amigos y amigas” a los diputados del PRI y
se había tomado una foto con Callejas Arroyo cuando lo abrazaba.
Dos días
después, decía: “… individuos como él, dóciles, mansos, que no defienden los
intereses de Veracruz, que defiende sus propios intereses, Juan Callejas es el
prototipo de lo que Veracruz repudió en las elecciones del 5 de junio. No
podemos permitir que individuos de la baja calidad política y moral de Juan
Nicolás sigan tomando decisiones en Veracruz”.
La
respuesta no se hizo esperar. Esa misma noche, en conferencia de prensa en el
Congreso local, Juan Nicolás comparó a Miguel Ángel con Victoriano Huerta y
Adolfo Hitler por haber amenazado a los diputados con exhibirlos ante la
sociedad si aprobaban la basificación, y preguntó “qué engendro” gobernaría
Veracruz.
“Que
con sus dichos quiera amedrentar a los diputados, me recuerda a Hitler, me
recuerda a muchos dictadores que se han dado. Quiere ser Poder Ejecutivo,
quiere ser Poder Legislativo y quiere ser Poder Judicial, con un franco
desconocimiento de la Ley, porque el gobierno se divide en tres Poderes
autónomos. No se puede, mediante el chantaje a la sociedad, mediante el terror
a la sociedad, coartar la libertad que tiene un diputado de expresarse”.
También
dijo que Yunes Linares mentía porque él nunca había dicho que estaba al
servicio del Gobierno del Estado.
Esa
disputa terminó el 8 de agosto de aquel año cuando Javier Martínez,
representante legal de la Sección 32 del SNTE, de la cual fue “líder moral”
Callejas Arroyo prácticamente en forma vitalicia desde que dejó la Secretaría
General del sindicato, presentó una denuncia en contra de Yunes Linares ante la
Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada
(SEIDO) de la PGR, por presuntos malos manejos de recursos cuando estuvo al
frente del ISSSTE.
Político profesional
La
enfermedad de Juan Nicolás, su agravamiento y finalmente su muerte zanjaron
para siempre la disputa.
Catorce
meses después, el gobernador se presentó a dar el pésame a la familia, a la
familia magisterial y a hacer guardia de honor, con todo respeto, ante los
restos de quien fue su amigo, su compañero diputado, pero con quien terminó en
disputa su larga relación.
¿Criticable
que lo haya hecho? Yo lo consideraría como la reacción de un político
profesional, que distingue lo personal de las pasiones políticas, de la
responsabilidad de la función pública, aunque la línea divisoria es muy tenue,
tan delgada que casi no se distingue; la de un político que para nada me
extrañaría que si le tocara primero irse a Fidel Herrera Beltrán igual iría a
rendirle honores con una guardia y a saludar a su familia si se lo permitieran.
Un
político que sabe que la muerte es para unir, que es la última oportunidad que
se tiene para superar diferencias, agravios, disputas, para perdonar si se
quiere, para ofrecer disculpas, para optar por la paz, así sea la paz de los
sepulcros.
Mi cuchara en aquel diferendo
A
raiz de aquella disputa, Yunes Linares dijo que acudiría a tribunales
superiores para echar abajo la aprobación de aquella medida. Celebré que
hubiera otros tribunales donde se dirimiera el asunto y publiqué en “Prosa
aprisa” del 15 de julio de 2016 (“La basificación”):
“Digo que qué bueno que haya otros tribunales porque
siempre será deseable el uso de la ley para formular un reclamo a caer en la
violencia... verbal como lo hizo el propio gobernador electo Yunes Linares el
miércoles cuando faltando al respeto y consideración al presidente de la Junta
de Coordinación Política del Congreso local, Juan Nicolás Callejas Arroyo, lo
descalificó en forma personal sin haber motivo y no obstante que un día antes
como representante del Poder Legislativo le había corrido la cortesía y lo
había recibido en el Palacio Legislativo y hasta lo había abrazado en forma
amistosa.
En muchos temas he estado de acuerdo con el ahora
gobernador panista y en este espacio he dejado testimonio de ello (me siguen
achacando mucha cercanía con él cuando en realidad sólo existe una amistad de
muchos años), pero me vuelve la preocupación por el asomo de aquel Yunes de los
años noventa del siglo pasado que se caracterizó por su intolerancia y su
agresividad. Si insultó apenas como gobernador electo a un diputado con la
representatividad de otro poder, ¿qué puede esperar un veracruzano común como
yo con mi línea editorial de análisis crítico cuando ya sea gobernador
constitucional y esté en la plenitud del pinche poder?”.
La
respuesta del Gobernador
Ese mismo día de julio, primero fue una llamada
telefónica, respetuosa, cordial, amistosa del gobernador, y enseguida una carta
que me hizo llegar a mi correo electrónico, a través de la cual respondió a mi
comentario (la carta la hice pública hasta el 28 de noviembre de ese año).
Me argumentó su postura, pero para mí fue muy
importante que me hubiera dado la más “absoluta seguridad” de que como
gobernador en funciones sería “ejemplo de atención y respeto a la crítica”
periodística. Dije entonces que si hacía las cosas bien lo reconocería y
comentaría, pero que si se equivocaba o fallaba también lo diría.
“Finalmente
gobernante y periodista tienen un mismo objetivo cuando se actúa
profesionalmente: servir a la sociedad, cada uno en la esfera de sus
responsabilidades. Siempre he pensado que no ayuda uno cuando es complaciente
con el hombre del poder”.
“Por
eso, cuando recibí su carta aquel 15 de julio me fue tranquilizador leer sus
palabras, que creo que valen para todos quienes hacemos periodismo crítico,
profesional, sin más propósito que servir al lector, que también es el
ciudadano, el representado del gobernante”.
Y ha cumplido
El
jueves de la semana pasada por la mañana, en pleno corazón del centro histórico
de Xalapa, cuando crucé entre Primo Verdad y Carrillo Puerto para ir hacia
Sears del centro, vi venir sobre Zamora dos camionetas blancas, típicas de las
que usan funcionarios.
Seguí
mi paso natural sobre Xalapeños Ilustres pero cuando ya casi iba a entrar al
comercio, de reojó traté de ver el paso de las camionetas para saber quién
viajaba. Para mi sorpresa vi que se habían detenido y que desde su asiento me
estaba saludando el gobernador.
No
obstante cualquier riesgo abrió la portezuela de su camioneta blindada e hizo
el intento de bajarse. Le dije que por su seguridad no lo hiciera pero de todos
modos con la portezuela abierta sostuvo un breve diálogo conmigo, respetuoso,
amistoso y cordial si se quiere, como si
nunca le hubiera hecho algún señalamiento, alguna crítica (el 31 de mayo
también me había llamado por teléfono para enterarse cómo estaba yo luego de
que me habían practicado cateterismo y para desearme total y pronta
recuperación).
Aquella
“absoluta seguridad” de respeto a la crítica la ha respetado hasta ahora, al
menos en mi caso, y quiero reconocerlo públicamente.

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