Prosa aprisa
De la recriminación al reconocimiento
Arturo Reyes Isidoro
Se dice que la política es seria. Qué si no.
El pasado 28 de abril, en un
Consejo Político Estatal del PRI, el dirigente nacional, César Camacho Quiroz,
vino al World Trade Center de Boca del Río a decir que “Un buen político es un buen intérprete de lo
que la gente quiere” y que “El que pregunta más, se equivoca menos”.
Estaba entonces en su apogeo el
escándalo por un video dado a conocer por el PAN donde se veía y escuchaba cómo
operadores priistas del Gobierno estatal se ponían de acuerdo sobre cómo
utilizar con fines electorales recursos de los programas sociales de la Sedesol
federal.
Ese video y ese escándalo habían
dado pie a la oposición –PAN y PRD– para presionar al Gobierno de Enrique Peña
Nieto con la amenaza de dinamitar el Pacto por México si no accedía a una serie
de peticiones, de las que al final únicamente logró la “separación”, que más
bien fue una destitución, de Ranulfo Márquez como delegado de la Sedesol.
Pero ese pronunciamiento de
Camacho se tomó como un llamado de atención, como una recriminación, como una
muestra de que en el Centro estaban encabronados con los responsables políticos
del estado por no cuidar detalles de la operación política y poner innecesariamente
en aprietos al nuevo Gobierno tricolor.
Se entendió como un reproche por
no consultar con el Centro los movimientos que se daban, lo mismo con el
Presidente que con el Secretario de Gobernación y con el presidente del PRI
nacional, la santísima trinidad política del régimen de Estado, priista, ahora
en el poder.
Casi cuatro meses después, el
mexiquense presidente del CEN priista regresó el sábado al mismo sitio y lea
usted lo que dijo ahora, entre otras cosas:
“(Los) Ayuntamientos, integrados
de manera plural… se van a poner de acuerdo porque tienen un interlocutor
solidario y jalador, sensible y eficaz para la política. Desde el PRI vamos a
seguir respetando y respaldando a uno de los mejores priistas de todo el país,
a nuestro amigo y compañero gobernador, a Javier Duarte de Ochoa”.
Y más: dijo de Veracruz que es un
estado “ejemplo a nivel nacional”, que hubo una “gran hazaña electoral, cívica”
el 7 de julio, que “Javier Duarte de Ochoa es el
primer priista… porque… tiene la mayor responsabilidad, porque es el primero
entre sus iguales, porque tiene amor por su tierra y compromiso por su gente”.
Lo
trató de: “Querido y respetado señor gobernador”, y “de parte del PRI
nacional” expresó “el más profundo
reconocimiento al priismo veracruzano que no sólo tiene gobernador sino tiene
líder, y ese liderazgo se gana por la vía de los resultados”. “Gracias, señor
gobernador, por su militancia fiel y comprometida”.
Pero
hubo dos párrafos que, si se lee entre líneas, pueden cobrar y tienen una gran
significación: “Por eso, nos da mucho gusto que Javier Duarte mande
obedeciendo, obedeciendo a los veracruzanos” y “… este gran equipo veracruzano,
es uno de los engranes más importantes de la gran maquinaria que se llama
México”.
“El que
pregunta más, se equivoca menos”. Esta vez, Javier Duarte cubrió las formas,
cuidó los detalles. Pidió “permiso”, “autorización” a César Camacho, que es
decir al mismo Miguel Osorio Chong y a Enrique Peña Nieto para remover a Erick
Lagos Hernández de la dirigencia estatal del PRI. No se fue por la libre.
Corrió la cortesía política. Y vaya que les encantó el detalle, según se
reflejó en la miel que vino a regar Camacho Quiroz.
Ahora
sí les dio “mucho gusto que Javier Duarte mande obedeciendo” (a los
veracruzanos, claro, no hay que ser mal pensados). Duarte, esta vez ya no
consultó a nadie más para tomar su decisión, a nadie más, más que a la cúpula
política del país, como mandan los cánones, la ortodoxia política.
Y el
premio no sólo ha sido el reconocimiento público, sino que le dan hacha,
calabaza y miel, porque están acelerando o ya aceleraron la exoneración legal
de Salvador Manzur Díaz para que el martes o miércoles asuma formalmente la
dirigencia estatal del PRI, luego de la renuncia al cargo de Erick Lagos
Hernández.
El
mensaje es más que claro, no sólo para el Gobernador de Veracruz sino para
todos los gobernadores priistas del país: a nadie más que a nosotros se nos
debe consultar. Si consultan con otro, les va mal.
Y esta
vez el hacha, calabaza y miel no sólo comprende la delegación federal de la
Sedesol para Marcelo Montiel Montiel sino, ahora sí, en este mismo mes, quizá a
finales de agosto, el nombramiento de Antonio Benítez Lucho (entra con
calzador, sólo porque Duarte logró sacarle el visto bueno a José Antonio
González Anaya, quien no lo ve bien) y de Jon Rementería Sempé como delegados
del IMSS zona sur y norte, respectivamente, en el estado.
¿Y a
qué “gran equipo veracruzano”, ése que “es uno de los engranes más importantes
de la gran maquinaria que se llama México”, se refirió Camacho Quiroz?
Lógicamente es el que encabeza Duarte de Ochoa, pero ¿comprende ya también al
resto que a partir de hoy asumirá posiciones claves?
El
panorama político futurista, qué duda cabe, ha cambiado dramáticamente. Contra
lo que se creía hasta hace poco, si Javier Duarte de Ochoa se aplica bien, si
saca adelante en Veracruz la Reforma Energética, no sólo le darán vista de
quién será su relevo sino que le tomarán también su opinión.
El
pasado miércoles, Duarte comentó que para él tiene la mayor relevancia el PRI y
quien quedará al frente, porque revisarán y si es necesario reestructurarán
toda la estructura humana, que será en la que se montarán para el 2015 y el
2016, es decir, con la que operarán y tendrán todo el control
político-partidista, una estructura suya, con su sello, por supuesto.
Y dijo
que tendría que llegar a la dirigencia una gente suya, de toda su confianza. El
martes o miércoles, o cuando lo exoneren de la denuncia que pusieron en su
contra, asumirá el cargo Salvador Manzur Díaz en un Consejo Político Estatal
Extraordinario, que será más bien doméstico, sólo para cumplir la formalidad,
en Xalapa. Mientras han puesto, provisionalmente, al frente a Erika Ayala. La
pinza, se cerrará, así.
Pepe Yunes, apapachado por priistas
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