Prosa
aprisa
Ex rectores,
qué necesidad
Arturo Reyes Isidoro
Les asistía todo el derecho de
participar dando su opinión, pero me pregunto qué necesidad tenían los ex
rectores Rafael Velasco Fernández (inició su rectorado en 1971), Héctor
Salmerón Roiz (1981), Carlos Manuel Aguirre Gutiérrez (1983), Salvador Valencia
Carmona (1986) y Rafael Hernández Villalpando (1991) de inmiscuirse
abiertamente, con foto de por medio, en el proceso de la selección de
candidatos a Rector de la Universidad Veracruzana, específicamente a favor de
uno de los aspirantes ex colega suyo, Víctor Arredondo Álvarez (1997).
De todos los ex rectores
sobrevivientes, sólo Emilio Gidi Villarreal (1992) se mantuvo al margen e
incluso adelantó con toda anticipación, el pasado 2 de mayo, que Arredondo
estaba impedido legalmente para ocupar de nuevo el cargo, señalamiento que le
valió que le desataran un linchamiento mediático en contra.
Apunto que qué necesidad tenían los
ex rectores porque como quiera que sea, la descalificación que hizo la Junta de
Gobierno de Víctor Arredondo les llega y los deja mal parados, mostraría que se
quedaron con una visión desactualizada de la Casa de Estudios y de sus
personajes, pues mientras que los primeros cuatro de ellos afirmaban que Víctor
era “la mejor propuesta para el futuro de la UV” y Hernández Villalpando
señalaba que era el “más idóneo” y el que tenía “mejores cualidades”, la Junta
de Gobierno no compartió sus criterios, para nada.
En cambio, con el que sí pareció
compartir punto de vista es con el ya casi ex rector, Raúl Arias Lovillo, quien
también en mayo anterior, el día 22, declaró que ante el proceso sucesorio, los universitarios “en ningún sentido” buscan
“regresar al pasado”.
Digo que qué necesidad porque los
ex rectores son hombres respetables, valiosos en sus campos profesionales, que
dejaron una buena huella como autoridades universitarias y deberían permanecer
intocables en sus nichos sin exponer el prestigio que con su trabajo
construyeron. Incluso, cabe preguntarse qué necesidad tenía el mismo Arredondo
Álvarez de intentar retornar cuando también tiene asegurado su nicho del cual
no debió salir ni bajarse, pues su ciclo terminó hace ya mucho.
Por lo que hace a Gidi, en su
momento remitió al artículo 10 de la Ley de Autonomía de la UV y a la misma Ley
Orgánica, que dice que el Rector durará en su cargo por cuatro años, periodo
que podrá prorrogarse por una sola vez, “de tal manera que Víctor Arredondo
Álvarez no tendrá manera de evitar este artículo”. “A mí este precepto me da la
impresión de que impide el hecho de que después de haber estado ocho años en la
Rectoría se le vuelva a designar”. Desde entonces, según nota de la reportera
Ángeles González Ceballos, de alcalorpolitico.com,
dejó en claro que no tenía candidato.
Van a la gran final Porfirio
Carrillo Castilla, Manlio Fabio Casarín León, Sara Deifilia Ladrón de Guevara
González, Francisco Marcelo Montfort Guillén y Leticia Rodríguez Audirac. Se
quedaron en la orilla Rafael Arias Hernández, Clara Celina Medina Sagahón (por
tercera vez), Sergio Natan González Rocha, Homero Vladimir Ríos Figueroa y el
propio Arredondo Álvarez.
Así, los integrantes de la Junta
dijeron no al regreso al pasado y han optado por la continuidad, la juventud y
el género.
Se dio un primer gran paso pero
falta concluir la tarea. Por lo pronto, por lo menos eso se cree, disminuirá el
ruido en torno al proceso al cesar la abierta guerra mediática e
intrauniversidad entre los grupos afines a Arredondo y a Porfirio Carrillo.
Los que se quedan y los que
fueron descalificados, por lo pronto se anotaron un tanto al sacar de la
circulación a Víctor, al que negaban derecho a participar argumentando que
legalmente estaba impedido.
Según el comunicado de la Junta
de Gobierno, tuvo “una difícil tarea” en el proceso de selección. Reconoció, en
general, “calidad y atributos” de los participantes. Pero los que pasan a la
final se ganaron su sitio gracias a su “comprensión de la situación
académico-administrativa”, a su “independencia real y manifiesta ante los
intereses económicos y políticos”, de modo que pueden “representar
efectivamente la autonomía de la institución”, además de su “reconocimiento en
el medio de la educación estatal y nacional” y su “capacidad académica,
administrativa y humana”.
Pero la tarea para los miembros
de la Junta además de sacar al nuevo rector será también demostrar y convencer
de que no hay línea, ni preferencia, ni recomendación política a favor de ninguno,
pues tan pronto se supo del quinteto que queda, los comentarios dentro y fuera
de la Universidad es que quedó ya cantado que Carrillo Castilla será quien
suceda a su todavía jefe y padrino.
Puede confirmarse. Se da por un
hecho, según el sentir entre la comunidad universitaria. De ser así,
seguramente los miembros de la Junta fundamentarán debidamente su decisión. Pero
trasciende que de llevar la voz cantante entre los miembros de la Junta de
Gobierno el doctor José Sarukhán Kermez, apuesta por la juventud y no vería mal
al doctor Manlio Fabio Casarín León, pero mejor hay que esperar el anuncio oficial.
Leyeron mal quienes en aquella
comida del 12 de julio en la Casa Veracruz quisieron interpretar como que el
gobernador Javier Duarte de Ochoa se estaba decantando a favor de Víctor
Arredondo Álvarez sólo porque comentó que le gustaría llevar una buena relación
con quien quede como la que llevó Víctor con el entonces gobernador Miguel
Alemán Velasco.
En aquella ocasión, según comenté
en su oportunidad en “Prosa aprisa”, el titular del Ejecutivo dijo muy
claramente que no tenía candidato, cosa que volvió a reiterar el 7 de agosto en
otra comida con un pequeño grupo de periodistas cuando dijo que no se metía
porque si lo hacía violentaba el proceso.
Con toda anticipación, de esa
forma, Duarte se puso a salvo de cualquier futuro señalamiento. La decisión de
la Junta lo puso a salvo de toda sospecha.
La Junta dijo en un boletín de
prensa el pasado 28 de julio: “Es
menester subrayar cuantas veces sea necesario que la Junta de Gobierno de la UV
garantiza a la comunidad universitaria y a la sociedad en general una actuación
honorable, apegada a la legalidad y completamente autónoma en el presente
proceso”. Pasó ya la primera aduana. Viene la prueba final.
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