Prosa
aprisa
¿México,
ante un golpe de estado?
Arturo
Reyes Isidoro
Sé que son palabras mayores y que
me pueden tildar de loco (que a lo mejor lo estoy un poco), pero el país se
está descomponiendo y los primeros signos podrían ser indicativos de que la situación
podría hasta desembocar en un golpe de estado.
El pasado 8 de agosto el
reportero Jorge Carrasco Araizaga, de la agencia apro (de la revista Proceso), en un párrafo resumió una
terrible realidad: “El Ejército mexicano y sus 500 generales están siendo
exhibidos ante el mundo”.
Con el título “El Ejército y su
laberinto”, en un análisis, Carrasco recuerda cómo durante este años, decenas
de soldados y oficiales han sido secuestrados por grupos de civiles armados y
canjeados como prisioneros “de una guerra perdida”.
Alerta que la toma de rehenes
militares en Michoacán y Guerrero puede reproducirse en otros estados donde el
paramilitarismo es ya un hecho. Y apunta algo que es innegable, a ojos vista de
todos los mexicanos: “El despliegue de soldados ya ni siquiera es un factor de
disuasión para muchos de los civiles armados que hace tiempo les quitaron el
monopolio legal de la fuerza”.
Hace un apuntamiento muy severo
que debe tener preocupados a los altos mandos del Ejército: La última línea de
defensa del Estado mexicano hace tiempo que demuestra su debilidad. Los
agregados militares en México lo atestiguan y así lo reportan cada día a sus
ejércitos. “La vergüenza es mundial”.
(Los jóvenes, nuestros jóvenes
deben saber que hubo un tiempo en que se decía, porque era cierto y casi
sagrado, que en México las únicas instituciones intocables eran el Presidente,
el Ejército, la Bandera y la Virgen de Guadalupe. Al Presidente ya nadie lo
respeta, a la Bandera muchos la ultrajan, a la Virgen de hecho es a la única que
se respeta y se venera, y al Ejército ya también se le perdió el respeto.)
A principios de mes, en la
columna “Bajo Reserva” de El Universal
se publicó que los secuestros de los militares empezaban a irritar a los altos
mandos de la Secretaría de la Defensa Nacional. “La cúpula castrense considera
que los grupos armados están debilitando el respecto al Ejército mexicano”.
El pasado 5 de agosto, tras la
detención de cinco agentes de la Policía Comunitaria en la localidad de El
Pericón, en el municipio de Tecoanapa, Guerrero, militares aseguraron diversas
armas. En respuesta, los pobladores retuvieron a más de 60 soldados, junto con
sus vehículos. Después de 30 horas, fueron canjeados tras la promesa de que el
gobernador Ángel Aguirre atendería las demandas de los comuneros.
Y la reacción no se hizo esperar. El 8 de agosto, el reportero Benito
Jiménez, del diario Reforma, publicó:
“Generales retirados coincidieron en que la retención y canje de militares,
reportados en Guerrero, desprestigió al Ejército”.
“«La retención y canje de militares para negociar con grupos armados, sean
los que sean, es una vergüenza para el Ejército mexicano. Después de esto ¿Qué
nos queda? ¿Cómo que los retienen? Es increíble que suceda esto. Actos como
estos minan la autoridad y credibilidad del Ejército», indicó un General
retirado que conoce a la perfección el estado de Guerrero y que pidió el
anonimato”.
Agregó que otro General retirado, Samuel Lara, lamentó la retención de los
soldados y criticó que un problema político avergüence a los militares.
“Estamos indignados, lo único respetable que había, que eran los elementos
de las Fuerzas Armadas ya cayeron en esa desgracia de ser retenidos, y esto
debe tener consecuencias graves. ¿Cuándo se iba a ver esto? Esto no debe pasar,
esto es muy delicado y debe haber una solución fuerte”.
Fue ya sólo ante este panorama que hubo reacción del Gobierno federal. El
10 de agosto se publicó que por fin, dos días antes, el subsecretario de
Gobernación, Luis Miranda, había advertido a los comunitarios que no se
permitirían más actos como el de Tecoanapa, mientras que el subsecretario de
Normatividad de la dependencia, Eduardo Sánchez, dijo que el Ejército no
cedería a presiones y lo exaltó expresando que es una institución respetada y
respetable.
Pero parece que para el Ejército la tolerancia ya llegó a su límite. Seguramente
la cúpula militar, mientras ve como los gobiernos civiles de Guerrero,
Michoacán, Oaxaca, Chiapas y el Distrito Federal permanecen si hacer valer su
autoridad y toleran policías comunitarias armadas, desórdenes, actos vandálicos
de “maestros”, y el Gobierno federal se ve blandengue ante el caos que viven ya
muchos lugares del país, sin actuar y sin hacer uso de la fuerza para proteger
los derechos de terceros, decidió actuar.
Los portales de los principales diarios del país informaban ayer martes que
con golpes, empujones y agresiones verbales, personal del Ejército y de la
Marina, 600 elementos, desarmó a mil policías comunitarios cuando se dirigían a
bloquear la carretera federal Acapulco-Pinotepa Nacional. Ya no hubo
contemplaciones. Incluso resultaron golpeadas mujeres y niños.
¿A eso queríamos o queremos llegar? Cuando el ciudadano se ve afectado,
cuando no puede trasladarse, cuando le impiden llegar al hospital y necesita atenderse
con urgencia porque va grave, cuando le alteran su vida diaria, cuando no puede
llegar con su vehículo a su domicilio, cuando los comerciantes sufren pérdidas
por los bloqueos, cuando los viajeros tienen que caminar kilómetros para llegar
al aeropuerto, cuando les vuelcan o queman sus coches, en fin, cuando la
autoridad civil no hace nada porque tiene miedo, porque le falta valor, una
decisión así, como la de ayer del Ejército, no tiene más que aplaudirse aunque
no sea uno partidario de la fuerza, no tiene uno más que celebrar que por fin
alguien actúe y haga algo.
Enrique Peña Nieto rendirá el domingo su Primer Informe de Gobierno.
Primero se dijo que la ceremonia se realizaría, como a la antigüita, en el
Palacio Legislativo de San Lázaro. Ante el secuestro que vive la Ciudad de
México a manos de los vándalos de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de
la Educación (CNTE), se anunció que se cambiaba al Auditorio Nacional.
Finalmente será en el Campo Marte, el único lugar que el Presidente considera
seguro. Va huyendo, anda huyendo. Tiene miedo a los bárbaros de la CNTE.
¿Que caiga en territorio militar, que se refugie en territorio militar,
acaso es premonitorio de una toma del poder por parte de los hombres de verde
olivo ante la ingobernabilidad, el desmadre que ya vive el país, situación en
que las propias Fuerzas Armadas pasan vergüenzas y humillaciones? ¿Si las cosas
no se componen, no la compone el Gobierno federal, habremos de vivir, estaremos
iniciando el camino hacia un golpe de estado? ¿Esa sería la “solución fuerte”
de la que habla el General retirado Samuel Lara? ¿Si el crimen organizado, las
policías comunitarias, los grupos vandálicos como los de la CNTE se apoderan
del país, acaso preferiríamos que mejor lo hicieran los militares y hasta les
daríamos las gracias?
Se impone el género, para bien, en
la UV
Como universitario y como trabajador universitario no puedo más que
felicitarme y felicitar a la doctora Sara Ladrón de Guevara (Sara Deifilia
Ladrón de Guevara González) por su nombramiento como nueva Rectora de la
Universidad Veracruzana. Es la primera vez que una mujer tiene tan grande
responsabilidad. Su designación hace historia. Veracruz hace historia. Nuestra
casa de estudios hace historia. No tengo duda que su llegada es bien recibida
por toda la comunidad universitaria. Y no puedo dejar de felicitar a los
miembros de la Junta de Gobierno, en especial a su presidente Adalberto Tejeda.
Estuvo a la altura de su responsabilidad.
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