Prosa
aprisa
El “Teacher”
Casanova
Arturo
Reyes Isidoro
Ángel Leodegario Gutiérrez
Castellanos, “Yayo”, el inolvidable Yayo, que en paz descanse, fundador,
propietario y director del diario Política,
solía lamentar que si en algún gremio había mezquindad, ese era en el nuestro,
en el de los reporteros, en el de los periodistas.
Con él me inicié en el periodismo
en su Diario del Sur de Acayucan en
1970. Por él llegué a prensa del PRI estatal y a Comunicación Social del
Gobierno del Estado (en ambas entidades estuve en más de una ocasión hasta
completar 29 años).
Y es que en ocasiones, a solas,
lamentábamos que cuando a algún compañero del gremio le iba bien o le estaba
yendo bien, tenía éxito (económico, profesional, recibía algún premio, etc.),
los demás, por lo menos en tiempos pasados, en lugar de alegrarse o celebrarlo,
no se lo perdonaban.
No sé ahora con mis compañeros
jóvenes cómo les va, cómo piensan o cómo actúan. Espero que las cosas hayan
cambiado para bien.
Pero esta digresión la utilizo
como pretexto porque esta vez quiero reconocer la envidiable posición (en el
buen sentido del término) de un compañero, viejo compañero mío de oficio,
paisano del sur del estado, quien pese a tener el éxito al alcance de la mano,
se conduce con la mayor discreción y humildad posible.
Con Rodolfo Casanova, originario
de Las Choapas, reporteamos en varias ocasiones juntos, de jóvenes, en giras
presidenciales por el estado. Él egresado de la Facultad de Periodismo de la
Universidad Veracruzana, yo forjándome ya en la práctica en el Diario de Xalapa.
Casanova emigró al Distrito
Federal y allá hizo carrera. Reporteó para la agencia de noticias PIMSA, ya
desaparecida, y para los periódicos El
Día, El Heraldo de México (ambos
ya desaparecidos) y El Sol de México.
Pero un día nos alegró (por lo
menos a mi me alegró) cuando lo vimos llegar al estado con el entonces
candidato del PRI a la Presidencia de la República, Miguel de la Madrid
Hurtado. Era su sombra. Tenía la encomienda de no despegársele y grabar todo lo
que dijera, para efectos informativos.
Ahí, y a su paso por áreas de
prensa como jefe en Ferrocarriles Nacionales de México, en la Cámara de
Diputados, en la Profeco, en la Secretaría de Seguridad Pública federal, en la
Contraloría General de la Federación, en la Secretaría de Gobernación, fue
conociendo a muchos jóvenes reporteros, como él, que con el paso del tiempo han
llegado a figurar ahora en el escenario político nacional.
Y Rodolfo el “Teacher” Casanova
(así lo conocen en el puerto de Veracruz sus amigos), quien se cansó de vivir
en el monstruo urbano que es el Distrito Federal, se resiste a volver a la
Ciudad de México ahora que sus amigos y viejos compañeros le ofrecen cargos en
el gobierno de Enrique Peña Nieto, personas a quienes en su momento, él al
frente de dependencias informativas oficiales, les dio el mejor trato (esto es
de ida y vuelta; se cosecha lo que se siembra).
A mí me admira que no sea
pretencioso ni que se le haya subido como a otros que apenas se suben a un
ladrillito y se marean. Porque Casanova es amigo personal y tiene línea directa
del mismísimo Coordinador General de Comunicación Social de la Presidencia de
la República, David López Gutiérrez.
Pero no sólo eso. Igualmente es
amigo personal y recibe toda la atención del doctor Héctor Lie Verduzco, jefe
de Prensa del Senado y paisano y amigo de David López, y si por si le faltaran
relaciones, ahora otro gran amigo suyo acaba de llegar como titular de
Comunicación Social de la Secretaría de Gobernación, Roberto Femat Ramírez.
En una dependencia del Gobierno
del Estado donde labora actualmente y donde no saben de sus relaciones, se han
sorprendido cuando han recibido llamadas de la Presidencia de la República
buscándolo, o ahora que recibió la llamada de Gobernación recién instalado su
amigo (tampoco saben del mundo de relaciones que tiene con influyentes
columnistas y periodistas del Distrito Federal, es compadre de Marco Antonio
Mares, Director General de El Economista).
Pero el “Teacher” no quiere
volver al D. F. Añora y adora la tierra, el estado, ir a tomar el café al
puerto, ir a bailar son montuno cubano al bar “Los amigos”, con los amigos, o
en la casa del profesor José Berber Solís, o a un sitio donde haya música
salsa.
En ocasiones, en medio de la
algarabía propia del puerto, hacemos recuerdos, de compañeros del De Efe, de
dependencias por donde pasó, el Conapo también, la SEP, el ISSSTE, la PGR, el
Banrural, pero está encariñado con Veracruz, con Xalapa (algo parecido a Tomás
Ruiz González, a quien, apoyado por el gobernador Javier Duarte de Ochoa a su
salida de Finanzas, le ofrecían irse de representante de México ante la OCDE,
en París, pero declinó porque dijo que prefería estará cerca de sus hijos, de
su novia).
En el momento en que él lo
decida, Rodolfo el “Teacher” Casanova, veracruzano orgullosamente egresado de
la Facultad de Periodismo de la UV, tendrá una encomienda importante en un área
de prensa del Gobierno federal.
Mientras tanto, en lo personal me
da gusto celebrar el éxito de este amigo y compañero, para quien no sólo tengo
respeto y afecto, sino también admiración. Lo que ha logrado se lo ha ganado a
pulso, con trabajo, con profesionalismo y con responsabilidad. Su esposa, sus
hijos, deben sentirse muy orgullosos de él. Sin duda alguna. Qué sigan los
éxitos.
“La nobleza del
oficio”
A propósito del tema, no dejó de
llamarme la atención y a la vez me gustó el comentario del maestro, ex
secretario académico de la Facultad de Periodismo de la UV y Director General
del diario Imagen de Veracruz, José
Pablo Robles Martínez, “Maquiavelo”, titulado “La nobleza del oficio”, publicado
el pasado jueves 15, que transcribo textualmente:
“No se puede ocultar la pena
ajena en el oficio del periodismo cuando coinciden los columnistas políticos en
un mismo tema, y en algunos casos utilizan hasta las mismas palabras, lo que
implica que tienen un mismo origen.
“La importancia de la fuente
informativa es cuando el material noticioso es de carácter exclusivo. Es tarea
prioritaria, del calificado reportero, obtener la primicia, pero cuando se uniforman
las noticias y se trasmiten los mismos datos y hacen idénticas referencias, se
pierden principios y dignidades.
“Esa coincidencia en elogiar a
unos y criticar a otros es el periodismo subvencionado que carece de
independencia y de idealismo. Si estuvieran en un examen escolar se diría de
estos redactores políticos estaban reprobados por haberse copiado.
“El poeta y escritor mexicano
Alfonso Reyes acotaba que el ideal del periodismo debería tender siempre a
leerse solo. Y esto se logra con la balanza de la precisión, con la
dosificación exacta de las únicas calorías que hacen falta para que cada
palabra nutra su idea.
Un valor propio en cada escrito es la tarea obligatoria del periodista”.
Un valor propio en cada escrito es la tarea obligatoria del periodista”.
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