Prosa aprisa
¿Besó el diablo a Callejas?
Arturo Reyes Isidoro
Al inicio del sexenio pasado, Pedro Yunes Choperena –¿le suena el
primer apellido?– era funcionario del Instituto de Pensiones del Estado, cuando
el IPE funcionaba todavía en el edificio contra una de las esquinas del Palacio
de Gobierno, en el centro histórico de la
capital del estado.
Una mañana hizo lo que cualquiera haría con un primo suyo: aceptarle
una invitación a tomar un café en La Parroquia de la calle Zaragoza, en forma
abierta, a la vista de todos, sin intentar ocultar nada. Era lo más normal, con
el único inconveniente, crimen, pecado, de que su primo se llama Miguel Ángel
Yunes Linares.
Cuando Pedro regresó a su sitio de trabajo ya estaba cesado. Un
informante había reportado el hecho a la oficina del gobernador, quien entonces
se llamaba Fidel Herrera Beltrán. Su orden fue terminante y se cumplió de
inmediato. Yunes Choperena quedó proscrito por el resto del sexenio y se tuvo
que ir de Xalapa.
(Por aquel entonces, diciembre de 2004, enero de 2005, no más, en los
dos primeros meses del sexenio, Miguel Ángel, entonces director general del
ISSSTE, había visitado al nuevo gobernador Fidel Herrera para ofrecerle su
colaboración institucional y como veracruzano e incluso celebraron un acto en
la sala de banderas del Palacio de Gobierno.)
Alguna vez, durante una gira de trabajo, vi de lejos en Córdoba a Yunes
Choperena. No lo pude saludar. Alguien me dijo que era de ahí. Otra persona,
que no, que ahí vivía una hermana suya. El caso es que supe que tenía que ver
algo con la ciudad de los 30 Caballeros, y quizá ese paisanaje con el actual
gobernador Javier Duarte de Ochoa le valió que no lo vetara cuando fue nombrado
el año pasado como delegado de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) en el
estado.
Pedro es, a mi juicio y hasta donde lo conozco, un buen hombre.
Tranquilo, trabajador, no conflictivo, positivo y propositivo, y, como
cualquier ciudadano y veracruzano, con necesidad de trabajar; le gusta la
función pública más que la política. Me consta que sigue siendo víctima de la
presión de su apellido: trata de hacerse chiquito, no ser visto, mencionado,
que se diga que se apellida Yunes. Sólo quiere trabajar y vivir en paz. Tiene
derecho a ello.
Recuerdo el hecho y me pregunto si por ese odio enfermizo de Fidel
hacia Miguel Ángel –y viceversa, no se crea–, el Tío Fide hubiera maniobrado de
inmediato para quitar de la presidencia de la Junta de Coordinación Política
del Congreso local al diputado Juan Nicolás Callejas Arroyo; si además hubiera
roto el compadrazgo con él; si le hubiera dejado de hablar y hubiera desatado
una cacería en contra suya.
Y es que el sábado pasado el portal alcalorpolitico.com
“subió”, y el domingo el diario Notiver publicó
también, una fotografía con un encabezado con chanfle (“Qué digo mi amigo… ¡mi
hermano!”, uno, y “Ay cariño…!”, el otro) donde se ve a Miguel Ángel y a Juan
Nicolás, uno priista otro panista, mirándose de frente, sonrientes, Miguel
posando sus manos en los hombros del también dirigente sindical magisterial, y
abrazándolo, como grandes amigos, como en los viejos tiempos cuando ambos eran
tricolores, cuando uno desde la Secretaría de Gobierno o desde la dirigencia
estatal del PRI y el otro desde la secretaría general de la Sección 32 del SNTE
armaban “tamales” electorales.
La gráfica fue tomada en el céntrico café “Del Parque” de San Andrés
Tuxtla, adonde Callejas Arroyo acudió a un acto del diputado local por el
distrito Octavio Pérez Garay, y Yunes Linares quién sabe que andaba haciendo
por allá, el caso es que se encontraron, se saludaron, platicaron y quién sabe
cuántas cosas bonitas y cuchi cuchi se dijeron. ¿Si todavía estuviera Fidel en
el gobierno lo hubiera despojado de inmediato del control político del Congreso
e incluso hubiera promovido su desafuero y lo hubiera echado de la Legislatura?
Ya no está Fidel, pero tampoco podemos estar seguros de que Callejas no
tendrá consecuencias, pues Miguel Ángel sigue siendo el enemigo público número
uno de un grupo del Palacio de Gobierno, que no de todos ni de la mayoría
aunque se cuidan muy bien de que no se sepa; Miguel es el “malo”, el “demonio
azul”, le decía Fide; el grupo de Palacio, los “buenos”. ¿Acaso besó el diablo
el sábado a Callejas? ¿El resto de la bancada tricolor le volverá la espalda
ahora? ¿Se presentará próximamente en el Congreso la Filarmónica de Boca del
Río?
La tarde de ese sábado ha de haber sido de congoja, de decepción, de
ira, de coraje, de arrancarse a puños los pelos de la cabeza, de haberse dado
de topes con la cabeza contra la pared, de haberse enfermado del estómago, de
hacer entripados, porque ¡¿cómo?!, el querido compadre entrevistándose con el
odiado enemigo, sonriéndole, abrazándolo.
Ahora caemos en la cuenta de que Juanito Callejas Arroyo bien puede
sólo estar llevándoles la corriente; que aquella denuncia contra Miguel Ángel
en la PGR era de mentiritas. ¿Se acuerdan? El pasado 20 de agosto, 26 diputados
locales del PRI, del PVEM, del Panal y de AVE fueron hasta la mismísima sede de
la Procuraduría General de la República en el De Efe a denunciar a Yunes Linares
por el presunto desvío de recursos en los ayuntamientos de Boca del Río y
Tantoyuca. Quien encabezaba a los denunciantes era ¡Juan Nicolás!
Con razón, el abogado Sergio Vaca Betancourt advirtió, según dijo en
una declaración a Notiver, que se
trataba de una denuncia chafa, pues hasta el peor estudiante o pasante de
Derecho sabe que cuando se presenta un denuncia penal se abre un expediente y
se le asigna el respectivo número de averiguación, y es que cuando Tonatiuh
Pola presumió ante la prensa una hoja que dizque daba testimonio de que les
habían recibido la denuncia, ¡no llevaba ningún número de averiguación previa!
(se ve que Vito Lozano, el jurídico de la Legislatura, tampoco lo sabía, y si
lo sabía no se lo dijo a Tonatiuh, que de leyes se ve que sabe tanto como yo de
metafísica).
Lo cierto es que tanto Juan Nicolás como Miguel Ángel son políticos
profesionales, como se entiende en México y en Veracruz que deben ser los
políticos profesionales: se pelean aunque nunca se pelean, pues fuera de
reflectores se hablan, se entienden, negocian y en el café hasta se abrazan; en
ellos no hay odio jarocho, rencor enfermizo; en ellos hay intereses,
entendimiento (a espaldas se deben carcajear de los otros; Miguel es un
gozador, lo conozco algo).
La bronca para la Santa Inquisición política, que ve como herejes a
quienes hablan con el demonio… azul, es que si el líder camaral priista, el
pastor, ya se mostró sin temor ni miedo alguno de hablar con el “enemigo”, las
ovejas se podrían descarriar y hacer lo mismo, que de todos modos se van a
descarriar no tardando mucho.
¿A propósito, quién tomó la foto y quién la envió a los medios? Porque
la única referencia que tiene, dice: “Foto: Cortesía”. ¿De parte de quién?
No hay comentarios:
Publicar un comentario