Prosa aprisa
¿Qué
les advirtió Peña a los gobernadores?
Arturo Reyes Isidoro
En el siglo pasado, en Xalapa hubo un periodista, hoy
ya fallecido, que cuando en plática entre colegas se hablaba de un prominente
propietario y director de un diario local y de su estado de salud, que
comenzaba a deteriorarse, decía que él le pedía a Dios que lo dejara vivir
muchos años. Sorprendidos, los demás, extrañados, le preguntaban cómo pedía eso
si cuando había trabajado en su periódico lo había tratado mal; en la lógica de
ellos, debía desear que se muriera pronto. Pero precisaba el otro: no, para que
pague en vida todo lo que ha hecho.
A raíz de lo sucedido en Iguala, Guerrero, hay voces
mayoritarias que piden que se vaya Ángel Aguirre Rivero de la gubernatura,
aunque algunos actores políticos y uno que otro columnista, o articulista, se
pronuncian porque continúe, para que responda por su responsabilidad (o
irresponsabilidad) de los hechos que han dañado gravemente la imagen de México
ante el mundo y le han creado al presidente Enrique Peña Nieto la peor crisis
en lo que va de su sexenio.
Hay una versión de que el viernes en Aguascalientes,
durante la 47 reunión ordinaria de la Conferencia Nacional de Gobernadores,
hubo una reunión que no existió, esto es, fuera de la sesión sobre la que se
difundieron fotos y videos, en un momento dado tuvo lugar una encerrona entre
el presidente y los gobernadores y el jefe de Gobierno del Distrito Federal,
sin ningún testigo más, en la que el mexiquense les habló fuerte. Esta versión
me la dio un amigo regularmente bien informado con quien desayuné el sábado.
En su columna de ayer en Excélsior, Jorge Fernández Menéndez publicó (“Guerrero: el enojo de
Peña en la Conago”) que el mexiquense “estaba un poco más que molesto” porque
no había asistido Aguirre Rivero y porque lo sucedido en Guerrero había dado al
traste con una política seguida durante casi dos años para desactivar los temas
de seguridad y hacer crecer la confianza en la economía y el desarrollo del
país a partir de la agenda de reformas.
Suena lógico si así fue, pues hoy nadie habla ni se
acuerda de las reformas peñistas y todo el mundo, tanto en México como en el
extranjero, se ocupa de lo ocurrido en Iguala, Guerrero, hay expectación
mundial por la suerte de los normalistas desaparecidos, a lo que se suma el
escándalo mediático e internacional por la ejecución de jóvenes a manos de
soldados en Tlaltlaya. El impacto positivo por las reformas, que duró muy poco,
voló por los aires.
Pero Fernández Menéndez habla de una “parte privada de
la reunión”, que confirmaría lo que se me dijo, en la que “el reclamo… fue
airado y la demanda concreta: que los gobernadores se aplicaran, que se
metieran en la depuración de sus cuerpos policiacos y que dieran solución a los
problemas”. Recuerda que Peña declaró también que se castigaría la omisión de
los mandatarios en sus labores.
¿Qué, exactamente, les dijo Peña a los gobernadores?
¿Qué les reclamó o reprochó? ¿Qué les advirtió? ¿Cómo serán las cosas de aquí
en adelante?
En su columna de ayer, “Punto de Vista”, el compañero
Filiberto Vargas Rodríguez, hasta hace unos días director de Prensa del
Gobierno del Estado, comenta acerca de una reunión de gabinete el lunes
temprano en la Casa Veracruz en la que el gobernador Javier Duarte de Ochoa
pidió a sus colaboradores que mantengan bajo perfil en los medios y que no den
pie, motivo, razón para que se generen escándalos mediáticos, que se concentren
en sus obligaciones y que dejen para momento más oportuno labores de
proselitismo. “Está estrictamente prohibido utilizar programas y
recursos del gobierno para ganar simpatías políticas. Quien sea sorprendido en
esas prácticas, ya podrá estarse despidiendo de su trabajo… y de su
candidatura”.
Todos sabíamos que desde el año pasado varios de ellos
hacían precampaña en forma disfrazada con el pretexto de desarrollar programas
de sus dependencias, pero, en efecto, a partir de ayer, los que andaban picando
piedra y habían descuidado sus responsabilidades oficiales, que hacían como que
trabajaban pero que sólo iban unas horas a sus oficinas y en cambio andaban
repartiendo en las colonias y comunidades láminas, colchonetas, mesabancos,
cemento, etcétera, etcétera, se frenaron de sopetón y dejaron de hacerlo, en
parte acusando al secretario de Gobierno, Erick Lagos Hernández, y al
coordinador de Comunicación Social, Alberto Silva Ramos, de estar golpeándolos
mediáticamente para favorecer determinados intereses.
Me llamó la atención que Fili dice que Duarte les
pidió a los secretarios de despacho que “saneen” sus expedientes. ¿Tiene esto
que ver con alguna advertencia del presidente? El gobernador no es el
responsable del comportamiento personal de sus colaboradores, pero en tanto
miembros de su gobierno y que pudieran involucrarlo en algún problema además,
su llamado es obligatorio, aunque lo que se sabe es que de todos modos
inteligencia federal tiene un expediente completito de todos y cada uno con el
apoyo del SAT, incluyendo sus números de cuenta y movimientos bancarios diarios,
sus bienes patrimoniales incluyendo los mal habidos, en fin, que podrán pasar
el borrador en sus cuadernos pero no en la bitácora federal.
Recién habían ocurrido los hechos en Iguala cuando el
presidente Peña Nieto dijo que respaldaría las labores de seguridad en Guerrero
y fue contundente: sostuvo que hay coordinación de su gobierno con los
estatales, “pero también es muy claro que el gobierno federal no puede
sustituir las responsabilidades que tienen los propios gobiernos estatales”.
Cabe suponer que esto se los repitió en Aguascalientes y quién sabe en qué
tono.
Peña, pues, tampoco querrá que se vaya ningún
gobernador, sino que respondan por lo mal que están sus estados; que no se
mueran pronto sino que vivan muchos años para que paguen en vida lo que han
hecho. Ahora va quedando claro que es engañoso que visitas a los estados y
saludos en reuniones signifiquen respaldo, protección, paternalismo, apoyo
incondicional, consecuencia, tolerancia, impunidad, simpatía o amistad, que, ya
lo ha dicho en dos ocasiones Peña, el presidente no tiene amigos.
Así que si ahora usted va a alguna secretaría y se
encuentra con la novedad de que el titular está, y que además por fin lo recibe
y que además lo trata en forma atenta, no se extrañe, ya sabe por qué.
¿La tormenta
“Armando”?
En una agradabilísima comida ayer en Coatepec, de esas
que no quisiera uno que se acabaran por el gran ambiente, completado por la
música en vivo de antaño, entre veras y bromas se decía que Noemí Guzmán
Lagunes debería estar en alerta gris porque se le podría aparecer la tormenta
“Armando”. Y es que Armando López Contreras sentó a su mesa al presidente del
Tribunal Superior de Justicia, Alberto Sosa Hernández, al asesor de éste y
declamador Rubén Darío Mendiola Solano, a Carlos Hernández padre, hombre fuerte
de Finanzas, de Teocelo, al dirigente cetemista y petrolero Carlos Vasconcelos,
de Coatzacoalcos, y a periodistas columnistas como Orlando García Ortiz, Sergio
González Levet, Gustavo Cadena Mathey, Alfredo Bielma Villanueva, Pompeyo
Lobato Ortiz, Hipólito Cuevas, Felipe Hákim, Raymundo Jiménez y José Ortiz
Medina, entre otros, y no faltó quien dijera que Armando sería una buena opción
del PRI para la candidatura a la diputación federal por el distrito de
Coatepec-Perote, además de que cuenta con la simpatía del senador José
Francisco Yunes Zorrilla. Todos estuvieron de acuerdo. El tricolor tiene otra
buena opción ahí.
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