Prosa aprisa
¿Acelere político fuera de tiempo?
Arturo Reyes Isidoro
Legalmente, nada impide que el
senador Héctor Yunes Landa se exprese abiertamente cuando quiera y en dónde
pueda. Bajo las reglas no escritas de la política, la situación puede ser
diferente si se recuerda y se observa que, como decía don Jesús Reyes Heroles,
la forma es el fondo.
Al legislador veracruzano de la
Cámara Alta se nota que le preocupó la versión que corría de que él sustituiría
al gobernador Javier Duarte de Ochoa porque éste se incorporaría al gobierno
federal. Estaría a discusión si debía darle importancia a un simple rumor o a
una simple versión.
Se supone –finalmente él es quien
sabe de política y el que escribe solo supone– que, cuidando todas las formas,
debió, en todo caso, hablar directamente con el gobernante y darle todas las
explicaciones pertinentes con el propósito de evitar cualquier celo o
malentendido. Y sanseacabó. Tal vez lo hizo.
Pero el caso es que el ex
presidente estatal del PRI decidió ventilar el asunto públicamente ante la
prensa con lo que, lo que era un simple rumor saltó a los grandes titulares de
los medios y quienes no sabían del rumor o de la versión, que era la mayoría de
los veracruzanos, ahora están enterados y aquello se ha convertido en un comentario
general. Por dos días seguidos fue pregunta obligada de la prensa al
gobernador.
Pero si su preocupación era
acabar tajantemente con la especie y además quedar limpio de cualquier sospecha
–que se vio que esa era la intención–, el ex diputado local por La Antigua
debió haber ido más allá, debió haber dado a conocer públicamente el nombre del
“autor de las filtraciones perversas y sucias difundidas a través de internet”
(lo copio textualmente del boletín de prensa que difundió su oficina), pues
según él lo tiene identificado con nombre, apellido y alias. Pero no lo hizo.
Sorprende que el senador haya
decidido optar por el silencio en cuanto al “perverso y sucio” pues incluso en
su comunicado se dijo que “sabe además que en los próximos días sacará otro
infundio”. ¿Por qué no encuerarlo de una vez para que no lo haga?
Para nadie es un secreto, porque
además él jamás lo ha ocultado, que Yunes Landa aspira a ser gobernador del
estado, en lo que como político y como ciudadano está en todo su derecho. En el
sexenio inmediato anterior quiso participar dentro de su partido y a cambio fue
reprimido por el poder legalmente constituido.
Pese a todo, en un gesto que
habla bien de él, el entonces aspirante oficial y luego gobernador electo y
luego gobernador constitucional, Javier Duarte de Ochoa, lo rescató, le dio
calor, lo reivindicó y le cumplió los compromisos que hizo con él: lo llevó a
la presidencia de su partido y lo hizo candidato a senador. Y ya es senador
(según versiones de adentro, hasta ahí llegaba el compromiso).
Algo que le reconocen propios y
extraños es que su campaña como aspirante al Senado fue bastante buena, hecha
con mucho oficio político, con toda la experiencia, con un excelente manejo de
medios (hizo buen trabajo el colega Esaú Valencia Heredia) y, sin duda alguna,
quedó posesionado para aspirar a la grande del estado.
Sin embargo, podría estar pisando
demasiado fuerte el acelerador sin guardar los tiempos y las formas, pues no
obstante su preocupación para que se sepa que él no está haciendo ni quiere
hacerle sombra al joven ejecutivo del estado, zopiloteándolo como se dice
comúnmente en política, es indudable que un anuncio que hizo ese mismo día de
su conferencia le hará ruido al gobernador en turno.
Anunció el nuevo senador que
“reiniciará sus conferencias de prensa de los lunes, que serán a partir de las
10 y media de la mañana en la ciudad y puerto de Veracruz”. Como legislador
está en todo su derecho. Como político, parece obviar que ya no es presidente
del Comité Directivo Estatal del PRI ni está en campaña.
Extraña que un hombre con tanta o
toda la experiencia política pase por alto que la cancha y el balón son de uno solo
y que conforme a las reglas no escritas de la política se le debe guardar el
respeto al espacio que le pertenece, que no se le debe ni se le puede disputar
en aras de mantener la unidad, la
armonía y la tranquilidad política-partidista-institucional, porque es obvio
que con sus conferencias de los lunes, Yunes Landa vendrá a quitarle
micrófonos, reflectores y a meterle ruido, así sea para pronunciarse a favor de
la gestión estatal.
Todos los gobernadores, sin
excepción, han sido celosos de su espacio y no han permitido que nadie más
venga a tratar de ocuparlo, claro, a menos que en este caso el senador haya
pedido y haya obtenido para hacerlo el visto bueno de quien gobierna en
Veracruz… o a menos que de México le hayan ordenado que lo venga a hacer.
A Fidel Herrera Beltrán siempre
se le quemaron las habas por querer ser gobernador y cuando fue senador se
movió por todo el estado pero en forma sigilosa, sin hacer ruido ni llamar la
atención. Son famosos los chistes que se hicieron a sus costillas porque no
faltaba quien viniera a platicar que lo había visto en los más remotos pueblos
de Veracruz en algún bautizo, boda, fiesta de 15, velorio y decían que con tal
de granjearse la simpatía de los paisanos casi casi él era el ahijado, el
novio, el chambelán o incluso el muerto. Y alcanzó la gubernatura.
Que por cierto, el senador Yunes
Landa le dio un raspón en su declaración a la prensa aunque, otra vez, no se
atrevió a dar nombre ni apellido. “Resaltó que el gobernador
doctor Javier Duarte de Ochoa en los casi dos años que lleva al frente de la
administración ha ido poniendo en orden la casa, no quiero responsabilizar ni
hablar de desorden provocado por algo (¿o por alguien, senador?), las
circunstancias en mucho provocaron que se pudiera poner orden en casa”. ¿A quién cree usted que se refirió?
Contrario
a él, su homólogo, también veracruzano, priista y aspirante a la gubernatura,
José Yunes Zorrilla, se conduce con toda discreción. Desde que llegó al Senado
solo ha venido una vez, no avisó a la prensa y se concretó, invitación de por
medio, a acompañar al gobernador a cumplir unas actividades.
Tal vez
con su declaración, con su deslinde, Yunes Landa dejó satisfecho a quien
quería. A ver si no con su presencia semanal, con sus conferencias de prensa
cada siete días, con el barullo que provocará su presencia en el famoso café
del puerto a partir del lunes no provoca un choque de trenes, máxime que ahora
se querrá toda la atención para el campeón a casi cinco semanas del segundo
informe de gobierno… a menos de que estemos ante una nueva forma de hacer
política, de romper y acabar con la ortodoxia, del nuevo PRI que tanto se pregona.
Todo puede ser. Hasta que el acelerador lleve al desbarrancadero.
Y la
prensa feliz si tiene noticias. Estará pendiente el domingo de lo que suceda en
el Consejo Político Estatal.
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