Prosa aprisa
¿La guerra
de los pasteles?
A Regina Martínez
Arturo Reyes Isidoro
Si un aspirante a presidente municipal busca, habla, procura a un
periodista, en función del interés mutuo que implica una relación entre quien
desea ostentar una representación popular y quien desde un espacio periodístico
analiza los hechos de cara a la sociedad para interpretarlos, me parece apropiado.
Más si el aspirante lo hace sin conocer mayormente al otro, con
respeto y con cordialidad, sin ningún otro interés que iniciar un diálogo entre
actores públicos, uno político por necesidad el otro periodístico, el primero
para que se le conozca, el segundo para conocerlo.
Eso me parece sano en un sistema democrático, siempre y cuando el
periodista no comprometa la imparcialidad de su línea profesional y la reunión
no sea para sellar compromisos que perviertan la relación.
Pero si además de todo ello el aspirante no procede convencionalmente
como todos los políticos de citar al periodista en un café o en un restaurante,
cualquiera que sea, sino que le abre las puertas de su casa, de su hogar,
entonces, de entrada, lo está impactando favorablemente, enviándole un mensaje
de confianza. No cualquiera, y menos un político, le abre las puertas de su
casa a alguien que no conoce.
Eso es lo que ha empezado a hacer, a mi juicio bien, la señora Dulce
María Dauzón Márquez de Méndez (Dulce Dauzón, DD), quien aspira a ser
presidenta municipal de Xalapa para el cuatrienio 2014-2017.
Hace varias semanas, Dulce me marcó a mi teléfono móvil para agradecerme
una mención y para invitarme a desayunar a su casa, y ya de paso comentamos el
trabajo social que realiza desde hace 20 años porque en los años 90 del siglo pasado mi esposa Eugenia estuvo
haciendo labor social en su grupo durante mucho tiempo, dando clases de artes y
oficios a personas pobres y necesitadas sin que jamás se hubieran conocido
porque ahí nadie iba en afán protagónico
ni en busca de fotos ni de reflectores, un trabajo callado, como debe ser el de
verdadero interés social, sin protagonismos. No puse fecha y nuestro desayuno
está pendiente.
Pero leí con interés que posteriormente hizo lo mismo con el colega
Edgar Hernández, quien con su oficio periodístico aprovechó el encuentro para
ofrecer un semblante bastante completo de Dulce, quién es, qué piensa, qué la
motiva, qué ofrece.
Algo que considero muy importante es que ella ha comenzado por
cumplir, por ser formal, pues algo que caracteriza a la mayoría de los
políticos es que son puras promesas e informalidad pues proponen encuentros que
a ellos les interesan pero que nunca cumplen. A una persona seria se le toma
con toda seriedad además de que causa buena impresión.
Cuando las he escuchado, no he compartido las opiniones de algunos
amigos políticos priistas quienes para la próxima contienda electoral ven como
el gran enemigo a vencer a Abel Cuevas Melo, del PAN. No tiene ninguna
viabilidad entre la ciudadanía. A lo mejor sería un buen candidato para
Coatepec, su tierra, pero no para Xalapa. Eso creo.
Por lo que pulso entre la población, si el tricolor se confía y se
equivoca, si no actúa con visión y tino político, volverá a sufrir otro
descalabro en la capital del estado, esta vez un Dulce descalabro.
Según he escuchado opiniones tricolores, se tiende a desdeñar a Dulce
María Dauzón. No la ven como una aspirante de peso, arguyen que no tiene fuerza
política, que las izquierdas (ella sería postulada por el PRD) sin la fuerza de
Andrés Manuel López Obrador no son nada.
Dulce lo tiene muy claro, según le dijo a Edgar: “… está claro que Xalapa
no es del PRI, ni del PAN… Xalapa en las últimas elecciones no vendió su
conciencia y eso sucederá de nuevo. La sociedad civil, la ciudadanía, de nueva
cuenta tiene la palabra… y tal vez se piensa que yo no tengo un partido fuerte
que me respalde, pero se equivocan. Yo tengo el apoyo partidista y tengo el
respaldo de la ciudadanía”.
Recientemente, sin recursos económicos, sin toda la estructura oficial
del panismo y del priismo, el actual diputado federal por Xalapa, Uriel Flores
Aguayo, de las izquierdas, haciendo campaña prácticamente solo en conferencias
de prensa de café, barrió a rojos y a azules en julio pasado. Al ostentoso
Reynaldo Escobar Pérez, del PRI, le sacó más de 30 mil votos de ventaja. Lo
respaldaron los ciudadanos.
Algo que no toman en cuenta quienes no la ven como una candidata de
cuidado es que la señora Dauzón de Méndez tiene 20 años haciendo campaña, sobre
todo entre quienes votan y no olvidan: los necesitados.
Mantiene el centro de capacitación La Casita, en Coapexpan (donde iba
a dar clases mi esposa), en donde muchas mujeres han aprendido algún oficio,
alguna artesanía o trabajo manual con lo que hoy se ganan la vida. Junto con
personas altruistas trabajó con religiosos en lo que fue la Casa Hogar Nazaret
hasta el año pasado cuando desapareció, lo ha hecho en Conecalli, con la señora
Estela Chedraui (quien sabe si ese apellido que la respalda diga algo), en Verasol
antecedente de la Casa del Niño Xalapeño que alberga a niños huérfanos, y
arrastra la experiencia de haber sido ya regidora y presidenta del DIF
Municipal pues su esposo Armando Méndez de la Luz fue alcalde. ¿Será poco como
para restarle importancia como adversaria política?
Con un plus. Como sucedió con Ricardo Ahued, ampliamente conocido por
su “Casa Ahued” (en campaña recuerdo que Ricardo nos decía a los vecinos cuando
nos visitaba en nuestras colonias: si les fallo ya saben dónde encontrarme,
algo así como: ahí me pueden ir a mentar la madre, y no falló; los políticos tradicionales se
esconden y protegen en sus mansiones), en el caso de Dulce se vende también una
marca muy conocida, muy bien posesionada: la de la “Panadería Dauzón”. ¿Quién
no ha comido alguna vez una concha, un ojo de pancha, un panqué, una
chilindrina, un bolillo, un pambazo, un pastel de Panadería Dauzón?
Con otro plus. A diferencia de lo que podría pasar si llegara Cuevas
Melo a la alcaldía, esta mujer no enfrentaría al gobierno del estado. Si
llegara, ha dicho, lo primero que haría sería reunirse a platicar con el
gobernador para ponerse de acuerdo a efecto de enfrentar juntos los problemas
de la capital.
“Yo no vengo a golpear a nadie. No voy a maldecir a nadie. No me
interesa la vida privada de la alcaldesa, ni la de Américo. Eso no. Yo no estoy
llena de odio. Yo le apuesto al trabajo. Quiero ser la candidata de los
ciudadanos y de sus propuestas”.
Y a diferencia de los políticos tradicionales que aspiran a un cargo
para usarlo como trampolín para buscar otro, de los que buscan el poder por el
poder, para llenar sus alforjas personales de dinero u obtener los beneficios
personales que puedan, la señora ofrece un argumento diferente y bastante
convincente al ciudadano:
“Hace unos días mi mamá me dijo: hija, ¡mejor ponte a hacer pasteles y
deja eso!... Lo haré madre, le respondí, pero al menos déjame intentarlo. Si no
gano, no pasa nada, me regreso a hacer pasteles”, porque ella hace además pasteles
en la empresa que fundó su abuelo hace 100 años. Creo que no anda buscando
chamba ni va por el interés personal de ver qué obtiene o qué se lleva. Como
Ahued.
¿Alguien piensa que el PRI la tendrá fácil? Acaso estamos ante una
nueva versión de la Guerra de los Pasteles. Los xalapeños viviremos, sin duda,
un proceso electoral interesante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario