Prosa aprisa
Un PRI de vida cotidiana
Arturo Reyes Isidoro
El sábado mañana hará una semana, en Colima, el dirigente nacional
priista, Pedro Joaquín Coldwell, planteó: “Si estamos pensando en
construir un nuevo país, también tenemos que erigir un PRI renovado, que
corresponda a la nación que estamos imaginando”. La verdad, quién sabe qué país
está o están imaginando. Pero agregó: “Debemos
reformar nuestro Partido para agilizar las estructuras partidistas, abrirlas a
la sociedad, porque es necesario formar un PRI de vida cotidiana, no solamente
una instancia para ganar las elecciones”.
¿Un nuevo PRI?
Eso me hizo recordar la
declaración que hizo el 14 de septiembre pasado el presidente del Comité
Directivo Estatal tricolor, Erick Lagos Hernández, de que “la gente está
contenta”, afirmación que utilizó para ayudar a tratar de desmentir que no era
cierto que existiera o estuviera en formación un grupo civil armado para
defenderse de la delincuencia en la huasteca veracruzana.
Esa declaración y lo que ha
propuesto recientemente el señor Coldwell dan pie para plantear cómo debe ser en
la actualidad o cómo debe actuar el presidente de una organización política, si
se debe replantear el papel que han venido jugando hasta ahora los dirigentes
del partido mayoritario (en sus instancias nacional, estatal y municipal) en
nuestro país.
Es indudable que un partido
político es el brazo electoral de sus hombres en el poder, y en nuestro sistema
es impensable, por lo menos hasta la fecha, que su dirigencia decida
contradecir o confrontar a la autoridad emanada de sus filas porque no esté de
acuerdo con sus acciones o con sus decisiones como ocurre en países con una
cultura y una democracia altamente desarrolladas, de primer mundo, pero
entonces es ahí donde se entra en una zona nebulosa en la que se pierde la
marca, la frontera, los límites virtuales que deberían existir para no
confundir la misión, el propósito de uno y otro, gobierno y partido.
En diversas épocas ha sido motivo
de debate si debe haber una “sana distancia” entre el PRI, su dirigencia, con
el gobierno surgido de sus filas, o bien si debe prevalecer la cercanía “no
vergonzante” entre ellos. Unos han dicho que sí y otros han opinado en sentido
contrario, aunque en los hechos el partido oficial ha terminado por ser una
dependencia más del gobierno, ya sea presidencial, estatal o municipal, y por
lo mismo sujeto a los dictados que se le marquen desde el poder, alejándose
muchas veces de las causas sociales que debería encabezar.
En el caso de Erick Lagos, tal
vez debió haber dejado que asunto tan delicado como el rumor de la conformación
de un grupo ciudadano para defenderse de la delincuencia organizada lo aclarara
o desmintiera la autoridad competente. En cambio, dado que ya había la
declaración y confirmación de dos diputadas locales del distrito y de su
partido de que sí hay temor en la zona, debió haber apoyado al gobierno surgido
de su militancia escuchando e incluso encabezando la inquietud, la
preocupación, la inconformidad, el reclamo de sus militantes políticos, de sus
simpatizantes o adherentes, encausando el sentir popular por las vías legales,
institucionales y constitucionales, para evitar precisamente una solución
apartada del orden legal constituido, lo que de paso le redituaría
favorablemente a sus colores.
Porque con su afirmación de que “la
gente está contenta”, quién sabe qué tanto favor le hizo a su causa y de paso
al gobierno priista mismo ya que es indudable que su punto de vista no lo
comparten todos, como lo demuestran las declaraciones de sus compañeras de
militancia y vecinas del área de interés, las diputadas locales Olga Lidia
Robles Arévalo y Anabel Ponce Calderón, ambas de Pánuco, quienes “reconocieron
la inconformidad total” en los ciudadanos del norte del estado ante la ola
delictiva que los azota, según reportó la prensa.
“Hay
inconformidad total, a mi me lo han manifestado”, recogieron los medios la
declaración de Ponce Calderón, quien apuntó también que los ciudadanos de la
región norte han “hecho hasta misas para pedir que la inseguridad cese en ese
punto del estado” y que hay hartazgo de la sociedad, “hay manifestaciones de
diferentes puntos de la sociedad también”, mientras que Robles Arévalo expresó
que “se debe poner especial atención a la inconformidad ciudadana del
norte de la entidad”.
Con su actitud, ellas salvaron el
compromiso de su partido de escuchar y hacerse eco de la inconformidad
ciudadana como representantes populares que son, pero también de la militancia
huasteca tricolor, y de alguna forma le estaban señalando a su dirigente
estatal por donde se debía y se podía fortalecer la militancia priista, pues si
hay “inconformidad total” y la gente hace hasta misas para rogar a Dios que los
ponga a salvo, entonces no es cierto que esté contenta; acaso le estaban sugiriendo
que él debía ser quien se pusiera al frente de sus representados ya que si su
afirmación choca con la realidad que viven entonces pueden perder simpatías,
adherencia o militancia.
¿Acaso un presidente del PRI no
debiera confundir su papel con el de un miembro más del gobierno y tomar las
banderas de inconformidad dado que se supone que su formación política es una
organización de masas, encausarlas, evitar que crezcan, que se vayan por
caminos equivocados, convertirse en un verdadero líder como en este caso de los
huastecos, pues además si él no lo hace le está dejando la oportunidad a la
oposición de que lo capitalice? Recientemente, en cambio, el joven senador
panista Fernando Yunes Márquez ha ido a la zona y ha cubierto ese vacío. Algo
le ha de redituar.
Los tiempos han cambiado, los
mexicanos, los veracruzanos ya son otros. Ahora hay más competencia electoral y
el ciudadano también ha evolucionado. ¿El dirigente de cualquier organización
política, del partido político que sea, no debería cambiar también y con él sus
prácticas?
Ayer mismo, al asumir la
presidencia de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América
Latina y el Caribe (COPPPAL), Pedro Joaquín Colwell afirmó: “Los partidos deben
ser formadores de ciudadanía y esforzarse por ser más eficaces en procesar los
problemas sociales para ofrecer respuestas al electorado”.
Además, en el caso concreto del
presidente tricolor de Veracruz, no debiera pasar por alto, en ningún momento y
por ningún motivo, que en menos de un mes iniciará formalmente el proceso
electoral local y municipal que desembocará en 2013 y que no será fácil para su
partido ganar, como desde hace tiempo ya no lo viendo siendo, por lo que, si
así lo quisiera ver, lo que se presentó en el norte, en la huasteca, no fue más
que una gran oportunidad para sumar como lo son todas las inconformidades
ciudadanas, que atenderlas es una forma de procesar esos problemas sociales,
como lo está proponiendo su dirigente nacional.
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