Prosa aprisa
Optimismo
Arturo Reyes Isidoro
No cabe duda.
Cada quien ve las cosas, o las valora, según su experiencia.
En México
desde hace varios años vivimos alarmados por el clima de violencia que vivimos.
No puede ser menos. Los más de 60 mil muertos en el presente sexenio a causa de
la inseguridad por el crimen organizado no pueden orillarnos a otra cosa.
Vemos a
nuestro país en crisis y creo, o estoy seguro, que hay razón para ello. De
pronto, en el transcurrir de muy poco tiempo, empezamos a perder aquella
normalidad de vida cuando problemas como el que hoy padecemos los veíamos como
algo muy lejano, de los que nos enterábamos solo por televisión o en los
periódicos, pero que creíamos muy remoto que nos llegaran a alcanzar. Hasta que
nos alcanzaron. Como nunca habíamos experimentado una situación igual, a veces
pensamos que estamos al borde del abismo y la desesperanza llega –me imagino–
cuando alguien pierde a un familiar, a una gente cercana, querida para él o
para ella.
La noche del
miércoles escuché con atención las exposiciones del Premio Nobel de Literatura,
Jean Marie Gustave Le Clézio, y del historiador Jean Meyer, ambos franceses de
nacimiento, el segundo mexicano por derecho propio, naturalizado desde 1979
pero quien nos conoce como pueblo desde hace 50 años (tiene hora 70), y
contrario a nuestro punto de vista, el generalizado que tenemos los nativos de
nuestro país, ellos ven con optimismo –y nos alientan a compartir su visión– el
presente y el futuro de México.
Tienen una
base para ello, un punto de comparación, un poderoso asidero del que nosotros
carecemos: ellos vivieron de niños un horror peor de muerte, que los alcanzó a
todos; indirectamente a todos los que sobrevivieron: los estragos de la Segunda
Guerra Mundial, que se pueden resumir en una sola palabra: sufrimiento. Lo
conocieron, lo vivieron, lo enfrentaron, lo superaron y sacaron lecciones
valiosas de ello. Por eso aman la paz, por eso practican la solidaridad, por
eso rechazan la discriminación, por eso dimensión en su justo valor los
problemas. Por eso ven la vida con optimismo.
Por eso Le
Clézio rechazó rotundamente que México esté en guerra. Por eso Meyer situó a la
región más insegura del continente en Venezuela.
Pero algo muy
característico en los extranjeros que se enamoran de México, los estudiosos
vienen para conocer al país, a su pueblo, muchas veces, en la mayoría de las
veces, mejor que nosotros (tengo muy claro a personajes universalmente
conocidos, suecos, holandeses, franceses, que hablan a la perfección el
náhuatl, que distinguen los acentos de una región u de otra, por poner un
ejemplo, lo que compruebo en el desarrollo de mi trabajo académico como editor
en la UV), y Le Clésio y Meyer no son la excepción.
Meyer narró
como ya desde 1985 el problema del tráfico de drogas (como se decía entonces,
recordó) se daba en el corredor Michoacán-Guerrero y toda esa región, y cómo
investigadores, sociólogos mexicanos, ya alertaban a las autoridades. Pero
nadie les hizo caso (eso me hizo recordar cómo ya en los años 30 del siglo pasado
se daba el problema del consumo de cocaína, como lo refleja un pasaje de la
película Tiempos modernos de Charlie
Chaplin filmada en 1936, cuando él va a parar a la cárcel y en lugar de sal le
dan equivocadamente el polvo blanco que lo hace marear, pero entonces eso era
motivo de risa).
Con un buen
español Le Clézio, con un perfecto español Meyer, en el silencio general de la
sala grande Emilio Carballido del Teatro del Estado, en el primer día de
actividades del Hay Festival Xalapa, ante un público atento que llenó el
recinto, asistimos a una clase de historia (en efecto, en lo literario no se
cubrió la expectativa) de quienes vinieron para conocer a sus colegas mexicanos
dedicados al estudio de lo nuestro, pero también para ir a las regiones más apartadas
del país donde se dieron los hechos y donde ellos han conocido el contraste del
México rico y del México pobre, pero donde también han podido testimoniar y
rescatar el legado oral, lingüístico, histórico, documental de nuestras raíces.
Hubo una
referencia obligada y sobre ella prácticamente bordó todo el encuentro: sobre
la figura del historiador mexicano Luis González y González, michoacano de San
José de Gracia, referente universal en su especialidad. De él recordó Meyer que
nunca perdió la esperanza, de que siempre lo alentó el optimismo. De que cada
seis años, al cambio de régimen, siempre decía: ahora si las cosas van a
mejorar. Y ese optimismo se los contagió y les dura hasta el presente.
Meyer, quien
vive entre nosotros hace más de 40 años, se casó con mexicana, es mexicano
nacionalizado (conoció México en 1962 –según narró– cuando iba de paso rumbo a
Cuba con otro amigo, pero en Mérida, a punto de abordar el avión para La
Habana, en la aduana les advirtieron que si les sellaban su pasaporte dejando
testimonio de que iban a la isla, no les permitirían regresar a los Estados
Unidos de donde tenían sus boletos de regreso a Francia, y optaron por
quedarse, pero él se enamoró de Mérida y de nuestro país y regresó al año
siguiente), invitó al optimismo.
La nación
–dijo–, la clase política, los escritores, tienen y deben ser optimistas en que
la violencia y la inseguridad tenderán a disminuir. Le Clézio, afirmó que jamás
hay que perder la esperanza. “Yo no podría decir que México está en guerra.
México atraviesa una situación difícil. Por eso es tiempo de re-unirse, de
unirse, de hablar, de tratar de crear un frente de resistencia contra la
violencia”.
Y el remate:
“México es un país de alto nivel cultural, ha sido un faro para América Latina
y hasta para Estados Unidos en la riqueza de las ideas. Un país en donde hay
que celebrar el valor del arte y la cultura, el valor de la interculturalidad”.
En Xalapa, creo yo, por lo menos entre quienes estábamos presentes, en la
celebración misma en la ciudad del Hay Festival, así lo hacemos. Javier Duarte
de Ochoa y Elizabeth Morales García han ofrecido su apoyo para los años
siguientes. Que así sea.
Reyes Leo
Pero la vida
política en la aldea local sigue. Ya domésticamente, el juego y rejuego de
nombres para las elecciones locales y municipales del 2013 continúa. En el caso
de Boca del Río, en días pasados cité unos nombres. Otras fuentes me mencionan
al joven Jorge Reyes Leo, todavía titular del Comité Municipal del PRI, que, me
dicen, le sirve de base para estar en contacto con la militancia de ese
municipio y distrito. Me apuntan que no pierda de vista también las relaciones
y simpatías que tienen él y su familia con diversos personajes políticos del
estado y del altiplano y me ponen como ejemplo la boda de su hermana, Paulina
Reyes, quien además ya fue reina del Carnaval de Veracruz, en cuya acta de
matrimonio constan como testigos tres personajes de peso político completo: el
propio gobernador Javier Duarte de Ochoa y los ex gobernadores Miguel Alemán
Velasco y Fidel Herrera Beltrán. El estira y afloja habrá de continuar y como
en política no hay nada escrito, no hay que perder de vista a ninguno, ni a
este joven, creo yo.
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